Compartir

Cataluña: un país de tres espacios y medio

Este artículo es un análisis de un sistema político en plena evolución. Se trata de establecer qué bloques conforman los espacios políticos y el escenario de pactos que se abrirá tras las elecciones.

Politólogo
10/02/2021

El sistema político español nacido después de la Transición se caracterizó por un bipartidismo imperfecto, donde dos grandes partidos políticos se disputaban la hegemonía política en el Congreso de Diputados (Reniu, 2018). Este bipartidismo era imperfecto (Blanco Valdés, 2017) porque ambas fuerzas podían completar sus mayorías a través del apoyo parlamentario de partidos más pequeños. Este esquema explica dos investiduras consecutivas en los años 90: la de 1993 donde el PSOE obtiene el apoyo de CiU y PNV y la de 1996 donde quien consigue sus votos es el PP. La literatura sobre la cuestión describió este funcionamiento regular de las instituciones con una expresión muy gráfica: España tiene un sistema de partidos de dos partidos y medio. 

Las consecuencias del 15-M y la llegada de Podemos a las instituciones del Estado transformaron el sistema de partidos español de los dos partidos y medio a los dos bloques y medio. La aparición de VOX, sustituto aritmético de Ciudadanos, ha consolidado esta tendencia: los principales partidos de izquierdas (PSOE y Unidas Podemos) y de derechas (PP, VOX y C ‘s) a nivel estatal obtienen una representación parlamentaria bastante similar, constituyendo dos bloques diferenciados. De este modo, el resto del arco parlamentario completa mayorías políticas y puede poner nuevos temas en la agenda: desde la cuestión catalana por parte de ERC a las reivindicaciones de Teruel Existe. Ahora, sin embargo, por primera vez en la historia y tras muchas reticencias, su interlocutor es un gobierno de coalición (Reniu, 2019). Habrá que ver si en los próximos años se consolida este sistema de bloques o se vuelve a un sistema de bipartidismo imperfecto. 

El sistema de partidos catalán tiene una serie de características propias que la alejan del esquema que describíamos antes. En primer lugar, desde 1980 hay representadas al menos 5 fuerzas políticas en el Parlamento de Cataluña -y este año podrían entrar en la cámara entre 8 y 9 partidos diferentes-. Además, la existencia de un voto dual y de la grieta nacional -en función de la elección, ganaba CiU o el PSC-, añade complejidad a la naturaleza del sistema de partidos catalán. 

La singularidad del sistema de partidos catalán ha tenido un impacto en la manera de conformar mayorías políticas (Jordi Matas, 2003). De hecho, la gran fuerza dominadora de los años 80 y 90, CiU, era una coalición estable entre dos partidos políticos diferentes. Por lo tanto, Cataluña siempre ha invertido gobiernos de coalición -ya sean preelectorales o postelectorales-, desde CiU, pasando por el tripartito y también el gobierno de Junts pel Sí. La dinámica política en Cataluña está acostumbrada a pactos, disensiones públicas y que los inquilinos del Palau de la Generalitat estén obligados a pactar para su investidura o para aprobar los presupuestos

Sin embargo, los años del procés han provocado una serie de transformaciones en el sistema político catalán. En primer lugar, las formaciones dominadoras (CiU y PSC) han visto cómo sus apoyos disminuían de manera clara. Basta observar las elecciones del año 2010 para captar la dimensión de este cambio; el PSC de Montilla fracasaba estrepitosamente logrando 28 escaños y un 18,32% de los sufragios. 11 años después, el exministro Salvador Illa está en disposición de obtener un resultado muy parecido que, en cambio, será percibido como un gran avance socialista. Por su parte, en 2010 CiU obtenía 62 escaños que la situaba a sólo 6 de la mayoría absoluta -un resultado que ninguno de sus partidos sucesores será capaz de conseguir. 

Los tres espacios 

El último lustro en Cataluña culminó la bajada de los grandes partidos y estableció una correlación de fuerzas bastante diferente. Mientras la grieta nacional polarizaba posiciones entre independentistas y unionistas, se han ido consolidando -como mínimo- tres espacios políticos que aspiran a liderar gobiernos en nuestro país. Ciertamente, estos espacios están vivos e interactúan con otros actores de frontera que los condicionan, complementan o se matizan. Además, estos espacios son susceptibles de obtener más apoyo electoral en función de la elección de que se trate, del candidato o candidata que presenten o del contexto inmediato que aplique según el momento. 

Hay que aclarar que podemos hablar de espacios -y no necesariamente de partidos- porque los tres son susceptibles de ser más grandes, involucrando pequeños actores en su seno, o de competir por bolsas importantes de votantes con otros. Estos tres espacios comparten una característica común: son capaces de obtener alrededor de un 20% de los votos casi cada elección. Esto implica que el resto de la electoral (un 40%) opta por muchas diferentes opciones políticas. 

Cualquier lector interesado, habrá entendido que este análisis es un esbozo de un sistema político en plena evolución.

El primer espacio del que hablaremos es que se reúne alrededor de Esquerra Republicana de Cataluña. Lo citamos en primer lugar porque desde hace un lustro obtiene aproximadamente ese 20% de los votos al que hacíamos referencia. Las elecciones europeas de 2014, donde la candidatura encabezada por Josep María Terricabras llegó a un 23,7% de los votos, fue un punto de inflexión para los republicanos en términos de resultados electorales. A pesar de que, posteriormente, ERC obtuvo resultados por debajo del 20%, en todas las últimas contiendas electorales -municipales, europeas, catalanas y españolas- han superado esta marca en Cataluña. 

Junts per Cataluña es el espacio más complejo de analizar, por su mutación constante en los últimos tiempos. En cualquier caso, es evidente que la victoria en las elecciones europeas de 2019 (28,52%) y el resultado del 21D de 2017 (21,65%) permite imaginar esta fuerza como alternativa política capaz de lograr victorias en Cataluña en diferentes convocatorias electorales. 

En tercer lugar, encontramos un espacio que, actualmente, podemos identificar con el Partit dels Socialistes. Si bien es cierto que una parte importante del posible votante socialista en 2017 optó por el voto útil unionista -Ciutadans-, de las fuerzas no independentistas sólo el PSC ha podido sostener unos resultados en elecciones locales o generales cercanos al 20% durante la década pasada. 

Cualquier lector interesado, habrá entendido que este análisis es un esbozo de un sistema político en plena evolución. Por esta razón, el cuarto espacio no lo podemos agrupar como uno solo, ya que agrupa diferentes partidos y fuerzas políticas que pueden llegar a pactar o a completar mayorías con los tres espacios principales, pero en ningún caso liderar gobiernos -más allá de el ámbito local-. 

La elección de 2021 

Los años del procés comportaron, como adelantábamos, la debilitación de los partidos clásicos -en clave de gobernabilidad catalana-. CiU desapareció y el PSC se vio superado por fuerzas como Ciudadanos en las elecciones catalanas o En Comú Podem o ERC en las elecciones generales. Una vez desinflada la urgencia unionista, que sirvió para que Inés Arrimadas fuera la candidata con más escaños en el Parlament, el PSC ha sido capaz de recoger parte de aquellos apoyos puntuales. 

Así, a día de hoy, los tres espacios que presentábamos pugnan por la hegemonía política en Cataluña. Lo cierto es que, al margen de quien quede primero, la clave de todo será la capacidad para tejer pactos y complicidades con otras fuerzas políticas. En este sentido, las legislativas de este año no se diferenciarán del resultado del 2017. Entonces la aritmética fue compleja y no había fuerzas de magnitud media que pudieran completar las mayorías de los tres partidos principales. 

Estas elecciones consolidan esta Cataluña de tres espacios y medio, donde es complejo formar gobierno y completar mayorías parlamentarias sin el concurso de -como mínimo- dos espacios de estos tres que presentamos. El cuarto espacio, plural y no articulado, acaba por tener un papel en las investiduras -como la CUP- o en la aprobación de presupuestos -Comuns-, aunque también podrían formar parte del gobierno de la mano de un socio mayoritario. Por lo tanto, los pactos estarán en pleno debate político postelectoral y marcarán la posible formación de gobierno -aunque no se debe descartar una repetición electoral-. 

Las circunstancias que han rodeado la convocatoria electoral de 2021 también tienen una lectura partidaria. Mientras la mayor parte de fuerzas políticas aceptaba un aplazamiento, el Partido de los Socialistas ha apostado, con la complicidad del poder judicial, para mantener la fecha del 14 de febrero. Si bien es cierto que se trata de una situación sin precedentes -no sólo por la pandemia, sino por la ausencia de President-, la decisión de llevar a los tribunales el decreto de aplazamiento electoral puede tener un impacto en los mismos resultados a través de la abstención de diferentes grupos sociales. 

Estas elecciones consolidan esta Cataluña de tres espacios y medio, donde es complejo formar gobierno y completar mayorías parlamentarias sin el concurso de -como mínimo- dos espacios de estos tres que presentamos.

Las encuestas pronostican una participación baja. Según el barómetro del Centre d’Estudis d´Opinió, la participación descendería un 17% en relación a las elecciones del 21 de Diciembre de 2017. Esta previsión a la baja de la participación es también ratificada por la encuesta del CIS y de otras encargadas por medios de comunicación. 

Las tres principales candidaturas tienen puntos fuertes y debilidades en cuanto a su mensaje público y en su capacidad de tejer mayorías. Mientras el PSC parte con el impulso del efecto Illa, derivado del apoyo de los medios de comunicación del Estado a su candidatura, su principal carencia es la imposibilidad de tejer pactos con los partidos independentistas. Esta circunstancia limita las opciones de Salvador Illa de llegar al Palau de la Generalitat, ya que necesitaría, hipotéticamente, una coalición zombi con los votos de fuerzas como los comunes, pero también de PP o VOX. 

Junts dispone de una bolsa de votos clásica y de un votante, según el CEO, los más fieles del arco parlamentario. Además, ha sido capaz de trabajar la frontera con ERC con bastante éxito, especialmente en las anteriores elecciones al Parlament de Catalunya. Sin embargo, este año se presentan con un partido a medio construir después de romper con el PDECAT y con la sensación de falta de proyecto ideológico en el eje social, tras haber incorporado figuras como Joan Canadell a su candidatura. 

Esquerra Republicana tiene una ventaja que es a la vez una debilidad: es el partido con más fronteras del sistema de partidos catalán. En la encuesta del Centre d’Estudis d’Opinió del mes de diciembre de 2020, el número de indecisos de cara a estas elecciones se situaba en un 39,2% y más de una cuarta parte de estos dudaba entre los republicanos y otra fuerza política. Su principal frontera es con Junts, pero también tiene con Comuns, la CUP o el PSC. A priori, este hecho le debería permitir poder llegar a pactos con diferentes partidos. Sin embargo, los años de gobierno con Junts y la gestión de la pandemia pueden llegar a pasar factura a Esquerra. 

Liderazgos 

Las fuerzas independentistas, parafraseando Sáenz de Santamaría, fueron privadas de sus líderes después del otoño de 2017. Este hecho las ha obligado a generar relieves que, a buen seguro, pueden tener menos incidencia pública que la que tenían aquellos que les dirigían antes de ir al exilio o a prisión. La sustitución de Junqueras y Puigdemont al frente de las listas de ERC y Junts es una cuestión central -y que curiosamente no ha centrado demasiado el debate público-. Pere Aragonés ha heredado la estructura de ERC y ha planteado una campaña plural donde diferentes caras visibles (incluyendo Junqueras y Rovira) participan de la campaña y aparecen en los carteles. Por su parte, Junts realizó unas primarias para escoger candidata a la presidencia de la Generalitat, que ganó Laura Borràs. Pese a no tener la proyección de Puigdemont, la presidenciable insiste en trabajar el votante independentista de cantería y ofrece un atractivo innegable: la posibilidad de que una mujer llegue por primera vez a encabezar el Govern de la Generalitat. 

Salvador Illa, sin embargo, ha sido el gran protagonista en este apartado. El exministro llegó a negar, pocas horas antes de que se hiciera oficial el anuncio, que fuera a sustituir a Miquel Iceta al frente de la lista al Parlament de los socialistas. Con este movimiento el PSC buscaba un golpe de efecto con el objetivo de aprovechar la exposición pública y el alto grado de valoración y de conocimiento del antiguo responsable de las políticas de sanidad del gobierno español. 

Juego de pactos: escenarios 

Cataluña, sin embargo, no son sólo estos tres espacios. Afortunadamente. Alrededor de un 40% de electores optará por otras fuerzas como los Comuns o la CUP, pero también por Ciudadanos, PP o VOX. Sobre estos partidos, hay que comentar dos novedades y una incógnita. La novedad más clara es la presencia de VOX, que con toda probabilidad obtendrá representación en la cámara catalana. En segundo lugar, hay que destacar la coalición preelectoral entre la CUP y Guanyem, que tal vez aportará algo más de pragmatismo institucional a la política de pactos de los cupaires

La incógnita será la política de pactos de En Comú Podem. Obviamente, primero habrá que ver qué espacio consigue terminar en primer lugar y qué capacidad de tejer alianzas tienen ERC y PSC para ofrecer algo a los comunes. Ahora bien, parece que los comunes volverán a jugar un papel destacado tras el 14F. 

Ahora mismo, sin embargo, podemos prever tres escenarios probables. Un primer escenario donde se escenifique un pacto entre dos de los tres espacios principales (ya sea un pacto entre el PSC y una de las dos grandes fuerzas independentistas o una nueva coalición independentista). En segundo lugar, se podría dar una coalición de izquierdas, liderada por ERC o PSC, con el concurso de Comuns y la abstención de terceras fuerzas. En tercer lugar, una coalición unionista, donde Salvador Illa pueda recibir apoyos de las fuerzas contrarias a la independencia y, eventualmente, un apoyo explícito o una abstención dels Comuns. 

La descripción breve de los escenarios posibles permite imaginar el alto grado de posibilidades de un bloqueo institucional que lleve a los comicios a una repetición, sobre todo si tenemos en consideración que no parece factible ni que los socialistas puedan pactar con los independentistas ni tampoco una reedición por la vía rápida del acuerdo de coalición entre ERC y Junts. 

Conclusiones 

Los acontecimientos políticos del pasado reciente han cambiado el sistema de partidos catalán, haciéndolo aún más multipartidista y con un alto nivel de fragmentación. Las elecciones del 14F pueden confirmar un sistema de tres espacios y medio, donde tres fuerzas obtienen alrededor de un 20% de los sufragios pero necesitan pactar entre ellas o con terceras para completar mayorías y garantizar la gobernabilidad del país. 

La alta fragmentación condiciona la campaña y aumenta las posibilidades de una repetición electoral. Del mismo modo, esta circunstancia permite que la aritmética otorgue un papel en VOX en la definición del próximo gobierno de la Generalitat, aunque el candidato socialista rechace su hipotético apoyo en campaña. 

En conclusión, de confirmarse esta tendencia que prevemos, la política catalana deberá acostumbrarse a convivir con liderazgos compartidos y con gobiernos de coalición construidos de manera diferente a los que hemos tenido hasta la actualidad. Con toda probabilidad, el peso de pequeñas fuerzas capaces de completar mayorías puede ser más relevante, como ocurre en otros países como Holanda, Bélgica, Finlandia o Suecia. Además, la habilidad de los partidos para dialogar y llegar a acuerdos con rivales electorales puede ser un factor a tener cada vez más en cuenta. 

Bibliografía

Blanco Valdés, R. (2017). El año que vivimos peligrosamente: del bipartidismo imperfecto a la perfecta ingobernabilidad. Revista Española de Derecho Constitucional, 109, 63-96.

Jordi Matas, J. M. (2003). La política de las coaliciones en Cataluña. Revista Española de Ciencia Política. Núm. 9, pp. 83-112.

Reniu, J. M. (2019). Reticencias coalicionais ou estratexia política? As dificultades na formación de gobernos estatais de coalición en España. Administración & cidadanía: revista da Escola Galega de Administración Pública.

Reniu, J. M. (2018). Sistema político español. Huygens Editorial.

Interacciones con los lectores

Newsletter

Responsable: Associació Institut Teoria i Praxi. NIF G-67544767. C. Rocafort 242 bis, 2º de 08029-Barcelona. Email: info@sobiranies.cat. Finalidad: Tramitar peticiones de los usuarios. Informar sobre el contenido de la página. Comercializar bienes y servicios. Legitimación: Propio consentimiento del usuario. Destinatarios: Associació Institut Teoria i Praxi y proveedores legitimados externos necesarios para el desarrollo de la actividad. Derechos: Acceder, Rectificar, suprimir y otros establecidos en la política de privacidad. Contactando con info@sobiranies.cat. Información adicional: Aquí se puede acceder a la política de privacidad.