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Del 15-M al 1-O: acontecimientos, ciclos y preguntas

És el moment d’obrir nous espais de debat i reflexió a l’esquerra per repensar les vies emancipadores del futur.

Economista i estudiant de filosofia contemporània
14/09/2020

El Instituto Sobiranías ha empezado a caminar con la voluntad de interpelar la izquierda y las clases populares de este país, partiendo de un diagnóstico y un propósito compartido entre diferentes personas y espacios. El diagnóstico compartido es que los fenómenos de movilización y transformación que han marcado el último ciclo político, el independentismo y el 15M, han llegado a un punto de cansancio, agotamiento y estancamiento. El propósito que se deriva es que ante este estancamiento, es el momento de abrir nuevos espacios de debate y reflexión en la izquierda para repensar las vías emancipadoras del futuro. Este artículo pretende ser una primera contribución a esta invitación a pensar; a pensarnos desde el nosotros del soberanismo de izquierdas.

Nos hallamos en un momento idóneo para situar el marco de debate de la izquierda en Cataluña en el diálogo entre el independentismo y el 15M

Nos hallamos en un momento idóneo para situar el marco de debate de la izquierda en Cataluña en el diálogo entre el independentismo y el 15M; un espacio que puede aglutinar las sensibilidades de un frente político muy amplio en la sociedad catalana. Este bloque podría tener el potencial de establecer un nuevo marco hegemónico transformador y la capacidad de articular un discurso con aspiraciones y demandas comunes desde la no renuncia a las propias identidades de sus integrantes. Ambos movimientos han supuesto una voluntad de ruptura con el Régimen del 78 y han confrontado su relato basado en el olvido de los fantasmas del pasado, el consenso de las élites que negaba el conflicto político y la pluralidad, la política del pacto y de la transacción, la corrupción …

Más allá del Régimen del 78, ambos movimientos han contribuido también a volver a poner en marcha aquella historia que Fukuyama, portador del discurso del poder, daba por terminada. Han introducido un punto de discontinuidad, de apertura y de rotura en el fin de la historia tras el triunfo del neoliberalismo, la derrota histórica de la izquierda y la consolidación de las post-democracias como modelos de administración de la despolitización y la individualización crecientes (Chantal Mouffe utiliza el término post-democracias para referirse a aquellas democracias que niegan cualquier conflicto entre proyectos ideológicos diferenciados, tendiendo así al consenso establecido por el neoliberalismo y siendo las elecciones un puro trámite cada cuatro años). Y es precisamente por ello que, desde este espacio, necesitamos interpretar también estos surgimientos como diferentes manifestaciones, enmarcadas en contextos y tradiciones diferentes, de este malestar con el proyecto post-democrático de la globalización ante una pérdida general de soberanías en el ámbito de la política en favor de los grandes poderes económicos, el funcionamiento de los estados modernos y sus post-democracias, y el rechazo a las élites. Ambos movimientos se han mirado de reojo, han desconfiado el uno del otro, pero también han asumido ciertos objetivos y construcciones discursivas comunes. Ambos movimientos han tenido su evento: el 1 de octubre y el 15-M; eventos que han representado esta voluntad de recuperación de las soberanías y han convertido las fuerzas polititzadores de una generación.

Para la corriente filosófica postfundacional, y especialmente en su manifestación francesa, la noción de evento ha emergido como un elemento central para entender la historia y la política, siendo uno de los elementos principales de la filosofía de Alain Badiou y Gilles Deleuze. El evento debe entenderse como una excepción; es lo que emerge de la nada en el curso previsible de la historia como una apertura, una ruptura con la continuidad del orden establecido que abre un nuevo infinito de posibilidades. Como explica Jordi Riba en el libro Alain Badiou: Lo político y la política (que forma parte de la colección Pensamiento Político Postfundacional, donde varios profesores universitarios catalanes exponen las interpretaciones políticas de esta corriente filosófica a través de autores como Rancière, Lyotard, Foucault , Lyotard, Laclau o Mouffe): «el evento rompe con la continuidad de lo que hay en el mundo aunque es parte del mundo, porque nunca se percibió como parte de lo que había habido en el mundo». Por su propia naturaleza filosófica, un evento, en el momento en que surge, es imposible de asimilar por parte de las lógicas del orden establecido; escapa de las prisiones de lo posible, de lo decible, de la unidireccionalidad de la historia gobernada por leyes fundamentales de causa-consecuencia. Por ello, un evento suele cogernos desprevenidos. La potencia emancipadora de los acontecimientos se encuentra, según Badiou, en las nuevas subjetividades que generan en aquellos que los han vivido.

El evento genera nuevos sujetos cautivados que reconocen el evento como una verdad emancipadora y deciden ser fieles, intentando llevar a la práctica sus consecuencias y explorar las posibilidades que ha abierto. Por lo tanto, la potencia de los acontecimientos se encuentra en las subjetividades, fidelidades y compromisos que generan en el entorno que los vivo y reconoce su carácter emancipador. Este evento, como punto de apertura de un infinito de consecuencias y posibilidades, se nos muestra como una verdad que emerge. Por ejemplo, como explica Jordi Riba: «si el Mayo del 68 fue un evento es precisamente porque merecía su nombre; es decir, que en mayo del 68 no sólo ocurrieron muchos hechos, sino que también pasó el Mayo del 68 «. Del mismo modo, hoy podemos estar seguros de que el 1 de octubre y el 15M existieron y que de estos acontecimientos han derivado sujetos cautivados que han intentado ser fieles.

Lo que debemos preguntarnos, pues, es: si el 1 de octubre y el 15M han existido, ¿qué podemos hacer hoy por permanecer fieles? ¿Qué posibilidades, antes cerradas, han abierto durante este ciclo?

Lo que debemos preguntarnos, pues, es: si el 1 de Octubre y el 15M han existido, ¿qué podemos hacer hoy por permanecer fieles? ¿Como podemos identificar sus verdades emancipadoras? ¿Qué posibilidades, antes cerradas, se han abierto durante este ciclo? ¿Qué han conseguido cambiar? ¿Qué ha quedado por hacer, decir y para seguir pensándolos? Según Deleuze y Badiou, esta es la principal tarea de la filosofía: pensar el evento desde sus potencialidades y consecuencias.

En el caso del independentismo, la potencia del 1 de Octubre como evento es la crisis de soberanía que representó para el Estado; el vacío que se llenó con gente que decidió poner el cuerpo para defender aquellas urnas que no tenían cabida en el marco de una democracia limitada y pautada. Por lo menos, la potencia de aquel evento desbordó por completo sus propios organizadores y se convirtió en derrota en el ámbito de las instituciones. Como explica Marina Garcés en Ciudad Princesa:

«Toda derrota tiene un vencedor temporal. Derrotar la prohibición de celebrar el referéndum a través de la acción colectiva se ha traducido en una posterior derrota en las instituciones catalanas. Pero toda batalla perdida tiene otra lectura, que es la de las potencialidades que ha dejado abiertas: lo que ha dejado por hacer, lo que ha dejado por pensar. En este sentido, pienso que el 1 de octubre nos ha regalado una palabra a la que ahora nos corresponde llenar de sentido: República».

Por lo tanto, el 1 de octubre es un acontecimiento en tanto que ha roto ciertas cosas, ha abierto un infinito de posibilidades de cara al futuro y ha generado una serie de compromisos y fidelidades en los sujetos que lo han vivido. Y, precisamente, nuestra tarea debe ser la de explorar la potencia de este acontecimiento, las posibilidades que ha abierto, y llenar de significado emancipador este significante vacío que representa todavía hoy el independentismo.

Este ciclo también ha dejado una sociedad civil organizada con mucho poder de movilización (…)

Dada la situación de indeterminación que vive hoy el independentismo, con el desgaste generado por el repliegue del debate en el marco del «cómo lo haremos», asumir un final de ciclo es volver a poner el «qué hacer» en el centro del debate y llenar este significante vacío que representa la palabra República. También asumir que tal vez la velocidad de crecimiento del movimiento, el hecho de que haya sido más bien una intuición colectiva, o que se haya politizado demasiado poco en el eje social, ha provocado que pecara de una cierta ingenuidad e inmadurez. Volver a poner el qué sobre la mesa es llenar la palabra República de significados. Centrar hoy el debate en lo que puede contribuir a aglutinar más fuerzas y a madurar como movimiento. Esto puede significar comenzar a impulsar algo similar a lo que podría ser el debate constituyente, lo que la izquierda debería aprovechar para consolidar la hegemonía, aunque débil, que parece haber ganado dentro del movimiento, para continuar politizandolo desde el eje de la lucha social. Más allá de eso, este ciclo también ha dejado una sociedad civil organizada con mucho poder de movilización y ha acabado centrando sus demandas principales en la cuestión democrática; un hecho que también resultó central en el 15M con su lema de «Democracia real ¡ya!». Ciertamente muchos independentistas también compartirían hoy otro lema a través del cual el 15M expresó su impugnación a la clase política: «No nos representan» …

En el caso del 15M, hemos visto como muchos de sus movimientos sociales impulsores como los de la defensa de la vivienda han seguido funcionando, fortaleciéndose y consiguiendo victorias en algunos ámbitos. También hemos visto el surgimiento de una fuerza institucional que intentó capitalizar al movimiento, que irrumpió con mucha fuerza y ​​que rechazó en un primer momento la dicotomía izquierda-derecha para desplazarla hacia el marco de «el pueblo contra las élites «. Este intento de representar al movimiento desde la vía institucional ha tenido también victorias, en especial en las ciudades y con el ejemplo de Barcelona como muestra de que el ascenso de fuerzas transformadoras al poder y su consolidación es todavía posible, fortalecida también por una buena gestión económica, que ha sido el mejor antídoto contra la política del miedo impulsada desde la derecha para contrarrestarlos. Por lo menos, también hemos visto cómo estas fuerzas institucionales han tenido que cabalgar muchas contradicciones, han conocido sus limitaciones, han dejado de emocionar a la gente en el sentido que lo hacían antes y, en algunos casos, han sido acusados ​​de asumir los vicios de la forma de hacer política que venían a destruir. Es importante ahora también reflexionar sobre este agotamiento y la imposibilidad de producir aquella ruptura que pareció un día posible cuando Podemos llegó a liderar en intención de voto algunas encuestas. O sobre cómo la construcción de un marco discursivo sencillo, alejado de los lugares comunes de la izquierda del siglo XX, y con la voluntad de conectar con el sentido común de la mayoría tiene el riesgo de acabar llevando a erosionar la vocación transformadora del movimiento.

Al fin y al cabo, parece que ni la izquierda ha conseguido llenar por completo el significante vacío que representa el independentismo y que los experimentos institucionales alrededor de Podemos y los Comunes, con algunas excepciones, no han conseguido capitalizar todo el descontento generalizado con la política y la respuesta a la crisis económica que fue la causa del 15M para producir una rotura, y han colisionado frontalmente con sus propias limitaciones y contradicciones. Por eso es importante que para el fortalecimiento del debate público en el marco de la izquierda de este país, y para la exploración de nuevas vías emancipadoras, se establezca y profundice este diálogo entre el 1 de octubre y el 15M para dejar de mirarse al ombligo y abrirse a la verdad del otro. Volver a los orígenes, volver al qué, volver al evento y, desde nuestra fidelidad y compromiso con estos acontecimientos, pensar colectivamente todo lo que nos ha quedado por pensar, por decir, por hacer …

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