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La necesidad de Soberanías

La última década vivida ha marcado una aceleración histórica extraordinaria. Crisis, 15M, asaltar los cielos, procés, república catalana, 8 de marzo, represión, extrema derecha, son algunas palabras sobre lo que hemos vivido. Cada momento «histórico» fue superado por un nuevo momento «histórico» sin solución de continuidad; dejándonos prácticamente sin aliento y sin posibilidad de parar un instante para reunir más fuerzas. Es casi una metáfora que el último «momento histórico» que nos ha golpeado como sociedad tenga la forma de una pandemia —lo cual tiene mucho que ver con los grandes fracasos sistémicos que sufren todas las sociedades globales y el capitalismo— que nos ha transportado del movimiento constante y acelerado a la parálisis: parar de golpe, confinarse. Las consecuencias de este nuevo momento se previenen durísimas, tanto en términos sociales, económicos o culturales, y no podemos afrontarlo simplemente reaccionando de nuevo desde unos pocos principios, aunque valiosos, o de la capacidad de imaginar secuencias de acción que no van más allá de un corto espacio de tiempo, presentados como estrategias cuando muchas veces no llegan a tácticas.

La voluntad de arrebatar la capacidad de las personas de decidir su futuro, en términos de soberanías populares, marca de diversas maneras el signo de nuestro tiempo. La lucha por construirlos y defenderlos desde nuevas bases, también. La gestión de la crisis de 2008 en un sentido elitista, generadora de mayores desigualdades sociales y recentralización, provocó una reacción colosal en forma de movilización, poder y construcción popular. Si alguna cosa ha caracterizado a la sociedad catalana durante esta década ha sido la no resignación.  Se le instaba a aceptar, a claudicar, frente a «la evidencia» de que no había alternativa, y la gente, por el contrario, decidió soñar, crear y luchar. Un contexto en el que la crisis política sobrevino de régimen y de Estado. Sin embargo, las olas sociales y políticas que se han desplegado en la última década, y que han tenido en Cataluña uno de sus principales epicentros, han llegado a un momento de franco estancamiento. El conjunto de las problemáticas que las van a provocar sigue abierto, aunque han mutado como consecuencia de la propia movilización social y política; pero ahora la iniciativa ya no está en nuestras manos. Es un momento en el que, a pesar de los hitos alcanzados, las deficiencias del período que hemos experimentado se hacen más evidentes.

El ciclo que cerramos ha estado marcado, en gran medida por la urgencia histórica, por una franca aceleración política, incluso partidista, con la sucesión de respuestas electorales. Se basaba en la improvisación política y la incursión o incorporación a la acción institucional de las nuevas generaciones de una manera extraordinariamente acelerada, mientras que otros trabajaban para construir un tejido social cooperativo o para intervenir social y políticamente desde los movimientos sociales. Esta configuración ha ido en detrimento de la capacidad de formación, debate y elaboración del conocimiento; hecho que deja al campo político actualmente precario de debates y capacidad de elaboración de ideas. Una circunstancia que se observa en los períodos de recomposición. Sin embargo, también hay que decir que el conjunto de aprendizaje de este período, en muchas trayectorias colectivas diferentes, ha sido inconmensurable: gran parte de lo que hemos experimentado no se había experimentado antes, y una gran parte de lo que se había experimentado antes ha tenido que recuperarse y actualizarse en un nuevo presente. Sin embargo, es necesario activar, metabolizar, elaborar y difundir este conjunto de nuevos conocimientos. También es necesario, y sobre todo, no permitir que este conjunto de experiencias, certezas y conocimientos, se disuelva entre la frustración y los intentos constantes de recomposición del viejo orden, para alimentar el área de la no rendición, de la no resignación, de transformación radical, tan radical como la misma realidad. Para ayudar a ello, se constituye la propuesta de «Soberanías», entendida como un espacio de debate, elaboración, y difusión del conocimiento.

Éste es un espacio que es y quiere ser diverso, un espacio de reflexión y producción de conocimiento, que sea capaz de establecer diálogos en el seno de Cataluña, de los Países Catalanes, de los pueblos hermanos y más allá. Reúne y quiere reunir diversas trayectorias, tanto en lo político, social y cultural, como en generacionales; desde los que vivieron la transición, hasta los que vivieron el inicio del neoliberalismo y la precariedad, o aquellos que tuvieron su despertar político en el 15M y los nuevos procesos políticos y sociales. Esta diversidad contiene y pretende incluir el espacio del catalanismo popular y de izquierdas, así como el conjunto de luchas desplegadas por los movimientos sociales, desde los orígenes del árbol de la libertad en nuestra tierra hasta el día de hoy. Entendemos que no hay lucha social ni política si no es al mismo tiempo lucha cultural y producción de pensamiento y ponemos, en este sentido, nuestro propio grano de arena al servicio de las clases populares de nuestro país, ya que, finalmente, sólo podemos confiar en el futuro si somos capaces de construirlo con nuestras propias manos.

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