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El partido y la nación vistos desde Gabriel Alomar

Después del año Alomar, recuperamos este artículo de Xavier Calafat sobre la pertinencia de pensar nuestro presente con una mirada alomariana.

06/02/2022

Vós me parleu d’una depressió del sentiment catalanista aquí, i dieu, amb tota raó, que ens cal enfortir-lo. Però jo us mostro la depressió general del sentiment d’esquerra a tota Espanya, i us dic, amb tanta raó i amb tanta força, que ens cal enfortir-lo també.

Gabriel Alomar.

Artículo publicado originalmente en L’Altra Mirada, revista editada en Palma por Fundacions Darder-Mascaró.

Hablar de Gabriel Alomar en una fecha tan señalada como esta conmemoración del ochenta aniversario de su muerte, no puede ser solo un ejercicio de memoria impulsado por una necesidad de justicia hacia la figura del personaje, sino que debe ser también un ejercicio de reflexión política en torno a sus ideas y al potencial que aún tienen hoy en día, para ayudar a definir una hoja de ruta de las fuerzas políticas progresistas.

Por eso no puedo dejar de agradecer a Fundacions Darder-Mascaró y Gabriel Alomar de Mallorca y al Institut Sobiranies del Principat, por este espacio de pensamiento que han abierto en torno a la obra y a la figura de uno de los grandes pensadores europeos del siglo XX. Pues en Gabriel Alomar encontramos toda una serie de reflexiones sobre la cuestión nacional, el socialismo o el republicanismo muy innovadoras, que se avanzan a lo que otros pensadores posteriores dirán sobre las mismas cuestiones que hoy siguen siendo de mucha actualidad.

En estas breves líneas trataré de explorar cómo las visiones de Alomar en torno a la nación, el catalanismo de izquierdas y la forma-partido que podría materializarlas continúan siendo válidos en la situación actual. Mi objetivo es poder trasladar algunos de los planteamientos alomarianos en torno a la cuestión nacional y la organización política a la actualidad, porque la situación que vivimos, marcada por la crisis del paradigma neoliberal a nivel global y el estancamiento de la forma política que tomó la impugnación del Régimen del 78 en todas sus variantes, continúa respondiendo no a todas, pero sí muchas de las cuestiones que se planteó Gabriel Alomar.

En medio de este “final de la memoria” en que, como nos recordaba Boaventura de Sousa Santos, es muy importante para el neoliberalismo la idea de que todo está empezando ahora, que el pasado no cuenta, tendríamos que recordar las sabias palabras de Toni Domènech:

«Si algo enseña la historia es que las olas de los grandes movimientos populares y los grandes ideales socialmente encarnados, como las olas oceánicas, tienen una fuerza proporcional a su longitud de recorrido. Las que vienen de muy lejos, aparentemente calmas en superficie, rugen invisibles en las zonas abisales y terminan abatiéndose inopinadamente con una potencia indescriptible sobre las playas y los arrecifes de destino.»

Recuperar la potencia de esas “olas que vienen de muy lejos” puede ser la condición de posibilidad para recuperar la iniciativa. Y es aquí donde la tradición popular, democrática, republicana, federal y catalanista que representaba Alomar hace acto de presencia para ayudarnos a calibrar nuestras brújulas.

¿Por qué una propuesta alomariana hoy en día?

Estamos en un momento donde las propuestas estratégicas de las fuerzas soberanistas de izquierdas se encuentran en plena renovación, después de los desengaños de los dos últimos ciclos de impugnación sobre el Régimen del 78: el 15-M y el Procés independentista catalán.

No es casualidad que en un periodo de tiempo muy cercano hayamos visto el Congreso del antiguo Bloc Nacionalista Valencia que ha derivado en la formación de Més Compromís y en la adopción de formas soberanistas transversales y menos identitarias, el proceso de reflexión de MÉS per Mallorca “Cartografiant el futur” en una dirección similar a la del Bloc, y que ha venido seguido de las elecciones primarias para elegir la candidatura que se presentará al Parlament de les Illes Balears, la constitución de Adelante Andalucía como un sujeto propio y autónomo que encaja con el resurgimiento del andalucismo político, y desde el ámbito más castellano la publicación del libro de Íñigo Errejón, Con todo, donde se propone un primer balance explicativo del ciclo 15-M/Podemos.

Más recientemente hemos visto como la izquierda abertzale capitaneada por EH Bildu confirmaba un giro estratégico que ya hacía tiempo que se apreciaba, con la voluntad de querer ser protagonista también a escala estatal y favorecer los cambios progresistas del gobierno de coalición, como la derogación de la reforma laboral del PP. Así, las palabras de Arnaldo Otegi sobre las víctimas de ETA (“Sentimos su dolor. Nunca debió haberse producido”) vienen al poco tiempo acompañadas por una entrevista con Pablo Iglesias donde el dirigente vasco afirmaba que “nuestra actual propuesta apuesta por una Confederación Vasco Navarra confederada con el Estado Español”[1]. Además, el coordinador general de Bildu también explicaba que tenía que ser posible “la unidad de acción en torno a un programa de transformaciones democráticas en el Estado entre las fuerzas independentistas plurinacionales y la izquierda del Estado”[2].

Así pues, podemos ver que sea como sea los soberanismos se están repensando, y en este repensarse, están tomando nota de los errores o límites que han tenido en los anteriores ciclos de impugnación. Es muy significativo que en la mayoría de los casos nos encontramos con redefiniciones de los nacionalismos hacia apuestas (con)federales y propuestas de unidad de acción en torno a programas comunes con fuerzas políticas de una amplia diversidad.

 Indudablemente, el ciclo por venir será un ciclo donde estas fuerzas tendrán un papel de primer orden o incluso serán los principales protagonistas. Las elecciones vascas y gallegas del verano pasado lo confirman. La plurinacionalidad, la crítica al centralismo madrileño, o la crítica republicana a la monarquía borbónica serán demandas de plena centralidad.

El mismo Jorge Lago lo supo leer así en un artículo a raíz de la victoria del BNG y el ascenso de Bildu en las elecciones de junio de 2020:

«Las fuerzas políticas nacionales o soberanistas, que hoy recogen la frustración con el proyecto de Unidas Podemos (como Podemos atrajo con anterioridad a parte significativa de sus votantes), tienen hoy el reto, o la oportunidad, de articular un espacio político estatal inclusivo, indudablemente confederal o plurinacional. Un ciclo se cierra, pero no lo hace la posibilidad de ampliar la democracia y la justicia social en nuestro país.»[3]

Así, como decíamos al principio, para responder a todas las cuestiones, recurrir a un pensador como este ilustre mallorquín es un ejercicio necesario, porque realmente hay propuestas teóricas y prácticas que nos pueden servir para acabar de dar forma, para articular, el ciclo de impugnación que está por llegar.

Como suele decir Roc Solà, un amigo y, a la vez, el catalán que mejor ha entendido a este mallorquín, Gabriel Alomar es un clásico y, como decía Theodor Adorno, los clásicos no son autores sobre los que nos hayamos de preguntar si están vivos. Más bien, ellos son los que nos preguntan si lo estamos o no[4].

Nacionalismo, catalanismo y federalismo en Gabriel Alomar

El pensamiento de Gabriel Alomar en torno al nacionalismo y el federalismo está profundamente influenciado por el de Pi y Margall. No es de extrañar que en muchas reflexiones sobre la nación, Alomar se sitúe muy cerca de su “maestro” del que se declaraba “discípulo” e identificaba como “venerable patriarca del federalismo”[5], aunque el mallorquín desarrolla un pensamiento más propiamente nacionalista y autocentrado, discutiendo –en la carta antes citada– los términos de región y nación de Pi y Margall.

Pero precisamente porque las herencias pimargallianas están presentes, Alomar piensa en todo momento en una (con)federación de naciones:

«Renovació de la política nacional, per adaptar Espanya a la potència de sobirania pròpia o sía, d’autonomia; la deslliurança de les nacionalitats genuïnes, per a cisellar-ne els elements de la futura federació ja no espanyola, sinó universal; salutació del catalanisme com auba d’aqueixa capacitació o presa de consciencia qui extregui de la regió morta la papallona o psiche de nacionalitat; i en fí, l’encaminament dels partits d’avançada a la alliberació de les classes irredemptes, de les darreres castes, per construir la federació dels agrupaments humans com a complement de la federació que ajunti els agrupaments territorials com a estels d’una sola i magna constel·lació.»[6]

Aquí resuenan los planteamientos federales, aunque como mencionábamos antes, para Alomar se trata primero de la “deslliurança de les nacionalitats genuïnes” y, en especial, de la formación de una Cataluña libre. Por eso, como diría en otro sitio, la federación no puede ser “dictada des del centre, és a dir, des de lo que encara no existeix, ja que el centre ha d’ésser elegit, després de feta la unió, pel conveni dels units”[7].

Además, la propuesta del mallorquín se apartaba de las visiones más esencialistas de la nación, acercándose progresivamente a planteamientos de corte cívico. Para Alomar, la soberanía “no es fonamenta en l’atzar de les fronteres o de la configuració geogràfica, ni en el dret tradicional de les disposicions, testaments i herències reials”, sino en “la defensa mutual de pobles amb identitat d’aspiracions actuals”[8]. Por eso el problema del encaje de Cataluña (y las otras nacionalidades) dentro del Estado español es un problema definido por la falta de capacidad de decisión propia sobre los asuntos estatales, y no sobre la incompatibilidad de convivencia mutua entre un pueblo y otro. Alomar, en este punto, fue muy explícito:

«No se tracta de que Catalunya deixi de formar par de l’Estat Espanyol, ja que tota unió entre vàries nacionalitats (i molt més quan són nacionalitats germanes, unides de llarg temps per vincles de veïnatge i d’història comuna) és un bé per a totes. No és Espanya lo que constitueix una imposició per a Catalunya. És l’exclusivisme nacional castellà, que ha vingut dictant des dels temps de la unió espanyola la política de l’Estat, convertint en submissió i adaptació forçosa d’una nacionalitat a una altra lo que havia d’esser juxtaposició i convivència de diverses nacions per a la defensa mutual de totes elles.»

El nacionalismo de Alomar parte de una definición soberanista, no étnica y no centrada ni en la tradición, ni en las antiguas fronteras de algún reino medieval ni en una supuesta esencia histórica que haya perdurado. Es, por tanto, un nacionalismo que se identifica plenamente con los valores republicanos de la Revolución Francesa. Un nacionalismo, pues, inevitablemente republicano. La consecuencia lógica de eso fue la definición de un catalanismo de izquierdas, superador del catalanismo de las élites burguesas: un “nou catalanisme que aspiri més aviat a influir sobre Catalunya que ha deixar-se influenciar per ella”[9]. Una vez hecho este paso, el siguiente era también muy lógico: Alomar vinculará el éxito de su propuesta a la capacidad de este nuevo catalanismo de atraer a las masas de trabajadores que vivían en Cataluña.

Es esta temprana definición “nacional-popular”, que vincula la cuestión nacional a la social, la que hará que Alomar se decante muy pronto por las nuevas doctrinas socialistas y promueva que “alliberar la terra catalana del domini capitalista és exactament fer obra de catalanisme”[10]. Por eso mismo, el proyecto de Alomar no podía renunciar a la transformación de España, consciente como era de que un proyecto socialista en medio del desierto restauracionista y el caciquismo imperante en toda España estaba condenado, más pronto que tarde, a decaer. Así lo veía él mismo:

«I ara, mireu-la, a la pobre Espanya, mireu-la a la pobre Catalunya. Vós me parleu d’una depressió del sentiment catalanista aquí, i dieu, amb tota raó, que ens cal enfortir-lo. Però jo us mostro la depressió general del sentiment d’esquerra a tota Espanya, i us dic, amb tanta raó i amb tanta força, que ens cal enfortir-lo també. Que no ho veieu, qụe tornarà en Maura, i tot estarà per recomençar? Que no ho veieu, que la depressió nacional de Catalunya se correspon amb una depressió nacional castellana, i que és tot el sentiment de sobirania individual i col·lectiva lo que perilla de mort?»[11]

Gabriel Alomar no puede ser más explícito: construcción nacional-popular del catalanismo, pero no solo como motor de los cambios en Cataluña, sino como un motor de la transformación de España. Pero también al revés, apertura del catalanismo hacia las corrientes más avanzadas de España, buscando la unidad de las fuerzas progresistas: “La nostra Catalunya ha d’obrir-se a la fecundació que li aporten els vents de fora, anqe sien castellans[12].

Creo que esta propuesta alomariana puede servir a los actuales soberanismos de los pueblos del Estado que han empezado a definir sus nuevas estrategias. Una de las mejores cabezas del valencianismo político, Amadeu Mezquida, hacía una reflexión en esta línea. Revisando el estancamiento del procés independentista catalán, el asesor de Compromís y Secretari del Grup Municipal del mismo en el Ajuntament de València, decía que “Catalunya és la prova empírica que quan un moviment popular sobiranista busca el xoc frontal amb l’Estat: este perd i l’Estat es replega en ell mateix per fer-se – formalment – més fort”, por tanto los soberanismos debían huir de la falsa dicotomía consistente en independizarse o cambiar España, porque “canviar Espanya és condició sine qua non per a assolir l’autodeterminació”[13].

Esto también se corresponde con el contexto político nacional, donde el gobierno de coalición progresista se sostiene por fuerzas nacionalista y regionalistas, y son estas mismas fuerzas las que han evitado en las últimas elecciones una involución democrática, frenando el ascenso de Vox. Visto así, la propuesta de Alomar no es que sea plenamente vigente, es que describe cómo han venido sucediéndose los procesos de cambio social populares. En España, estos cambios siempre han tenido formas de descentralización democrática y de construcción de soberanía desde abajo y un fuerte protagonismo de las fuerzas políticas de la periferia, siendo el Pacto de San Sebastián que dio lugar a la II República el último ejemplo de esta práctica conflictiva que permitía conjugar los esfuerzos de las fuerzas políticas progresistas nacionalistas y las españolas para transformar el Estado.

La forma-partido en Gabriel Alomar: mixtura e impureza del sujeto de cambio

Finalmente, queríamos tratar aquí la forma organizativa que podía encarnar este programa donde se diluían el republicanismo, el laicismo, la justicia social y la modernidad en un único proyecto catalanista y confederal y del que podemos aprender en la actualidad.

La obra de Alomar es dispersa en esta temática (en comparación a cómo se trata la cuestión nacional). Aún así, pensamos que lo que mejor ilustra una respuesta alomariana en este sentido es la propia trayectoria del autor mallorquín. Por la brevedad necesaria del artículo, no podrán ser más que una serie de apuntes no tan conectados al contexto social e histórico como nos gustaría, pero que nos servirán para describir la voluntad política que guiaba a Alomar y la tendencia de las organizaciones catalanistas de izquierdas a trascenderse a sí mismas para abarcar y configurar un sujeto político de los desposeídos lo más amplio posible.

Gabriel Alomar formó parte de toda una serie de movimientos políticos de corte catalanista y progresista, y a cada fórmula en la que él participó, le seguía una más amplia y que aglutinaba más sensibilidades. La primera, el Centre Nacionalista Republicà, fue un partido que aglutinó los elementos izquierdistas escindidos de la primera Solidaritat Catalana. Posteriormente, el Centre Nacionalista Republicà consiguió cuatro diputados en los comicios a Cortes en 1907, entre los cuales destacan Jaume Carner e Ildefons Sunyol. Cuando la Solidaritat se deshizo a causa de la acentuación de las diferencias entre la derecha y la izquierda, el CNR impulso una alianza electoral estable con dos partidos republicanos que también habían integrado la Solidaritat, el Partido Republicano Democrático Federal y la Unión Republicana, los dos de ámbito estatal. La nueva coalición, llamada Esquerra Catalana, consiguió buenos resultados en todos los comicios que se celebraron en 1909 y en 1910. Finalmente, la coalición se transformó en un solo partido denominado Unió Federal Nacionalista Republicana –UFNR–[14].

Buena parte de la teoría que desarrolla Alomar intenta responder a la cuestión de cómo atraer a las bases de las que disfrutaba el lerrouxismo, creo que por eso la izquierda catalana y el propio Alomar buscaban con estas fórmulas ampliar su base social y atraer a estos sectores vinculados al españolismo. No es de extrañar, vista esta trayectoria y un contexto donde las iniciativas y los movimientos políticos populares predominaban, que Alomar piense en la izquierda catalana “com a bloc i no com a partit[15]. Él mismo prevendría contra la “la tendència a catalanitzar tot radicalisme”, refiriéndose a subyugar bajo la hegemonía catalanista a los sectores lerrouxistas[16]. De esta manera el mallorquín estaría pensando en esta voluntad de ampliar, de trascenderse:

«Però tal volta la fórmula futura de la nostra Esquerra sia una ‘conjunció’ (com és a Madrid, i per tant a tota l’Espanya no catalana) més que una ‘homogeneïtat’ on se sacrifiquin les afirmacions radicals an el mirament dels respectes mutus. El nom mateix de la nostra agrupació, ‘Esquerra catalana’, o si se vol ‘Unió’, té afortunadament un nom genèric qui permet la independència respectiva de cada una de les escoles agermanades per a l’obra comunal de catalanitat i de república. No hem d’imaginar com una ‘església’, com una ortodòxia forçada, amb un ‘símbol’ únic, amb un credo uniformista, ‘centralitzat’, la nostra esquerra; sinó com una coalició de forces plenament conscients de la pròpia naturalesa de llibertat«[17].

Por lo tanto, no se trata de unificarlo todo en un partido homogéneo, sino imaginar una “conjunción”, es decir, una unión en la diversidad, una “coalición” que respete cada una de las corrientes existentes y se nutra de su diversidad interna. En este sentido, parece que Alomar esté aplicando su confederalismo a la organización del partido, apostando por una estructura que defienda la pluralidad y que, al mismo tiempo, permita al catalanismo abrirse para atraer a nuevos sectores.

Alomar aparece también cuando se funda el Bloc Republicà Autonomista en 1915 junto a personalidades como Francesc Layret, Marcel·lí Domingo, Àngel Samblacat i Salanova, David Ferrer y otros republicanos de izquierda, que con la Joventut Republicana de Lleida de Humbert Torres y Lluís Companys, y otros miembros de la Unió Federal Nacionalista Republicana se transformará en el Partit Republica Català en 1917. Posteriormente, Alomar impulsaría la adhesión del PRC a la Internacional Comunista de Lenin.

Uno de los camaradas de Alomar, y también una de las cabezas más portentosas del nacimiento del catalanismo socialista, Francesc Layret, parece que por aquellos años tenía en mente una especia de Partido Laborista Catalán del que el PRC fuese su núcleo pero que incluyera a los sectores de la CNT y, como nos explica Vidal Aragonés, también se debían sumar “els socialistes, comunistes, republicans i sindicalistes de la UGT”[18]. De hecho, tenemos constancia de una carta a un político madrileño que deja inconclusa el mismo día de su asesinato. Sabemos que en ella se decía:

«Prossegueix i s’empitjora la persecució iniciada (…) tinc la seguretat que un èxit de les candidatures francament socialistes i comunistes a Madrid, Barcelona, València, Saragossa, etc., seria el terme immediat de la repressió, (…) Avui he parlat amb Seguí de tot això i crec que per la seva part no trobaríem obstacles. Creu vostè que els socialistes estarien disposats a incloure en la seva candidatura a Pestanya, a canvi que per Barcelona presentéssim…»[19]

Aquí aparece con claridad la fórmula frentepopulista que irían adoptando diferentes fuerzas de izquierdas del Estado a lo largo de los siguientes años. Aunque Layret no llegaría a verlo por culpa de sus verdugos, como podemos ver él mismo estaba trabajando en un proyecto de Frente Popular. Alomar, por su parte, fundó otro partido, la Unió Socialista de Catalunya, que recogía en buena medida el espíritu de Layret de conseguir un partido proletario catalán.

El PRC, después de aproximarse al grupo de L’Opinió en 1930, participó en la firma del Manifest d’Intel·ligència Republicana y, posteriormente, en marzo de 1931, en la Conferència d’Esquerres que dio lugar a la fusión de diversos partidos y a la fundación de Esquerra Republicana de Catalunya.

Por su parte, en 1931 Alomar volvía al Congreso como diputado por la USC en las Cortes republicanas, en las que expresó su oposición al artículo 13 de la futura Constitución –copiado y pegado en el 145 de la actual–: “En ningún caso se admite la Federación de regiones autónomas” –pensado para evitar la confederación de los territorios de habla catalana–.

Como podemos ver, el espíritu alomariano acerca del partido político nos encaja mucho con la actualidad cuando una vicepresidenta gallega –y comunista– que encarna mejor que nadie un nuevo laborismo verde y feminista, hace una llamada a construir un Frente Amplio que vaya más allá de los partidos.

Pero no son solo las antiguas cabezas de Unidas Podemos las que buscan ampliarse. Los soberanismos periféricos están empezando a plantearse alianzas estables e incluso la construcción de plataformas para presentarse a las elecciones generales. Por ejemplo, la gente de MES per Mallorca lanzo una iniciativa interesante respecto a construir un partido de ámbito estatal[20].

Así planteado, la propuesta alomariana podría servir para que la actual división pueda ser superada detrás de algún tipo de partido-marco. Tal y como han propuesto diferentes voces tan variadas como Pérez Royo y su propuesta de “Plataforma Federal”, Josep Ramoneda y su “federación de izquierdas ibéricas” o Gerardo Pisarello recuperando el término de Jorge Riechmann de “un partido como un arrecife de coral”. Parece que el futuro Frente Amplio debería de hacer

«un procés, en un cert sentit, contrari al que ha fet Podemos. No ha de ser una organització d’àmbit estatal la que busqui aliances amb les organitzacions d’implantació territorial, sinó a l’inrevés, que de la suma d’aquestes sorgeixi un mecanisme compartit per a ser present en el Parlament i a les institucions espanyoles.»[21]

Que este año Alomar nos ayude a pensar la tarea que tenemos por delante.


[1] Entrevista a Arnaldo Otegi: “Mientras nosotros construimos puentes, las derechas cavan trincheras”. Disponible en CTXT:  https://ctxt.es/es/20211001/Politica/37620/arnaldo-otegi-declaracion-del-18-de-octubre-victimas-de-eta-pablo-iglesias.htm   

[2] Ibídem.

[3] Lago, J. (2020). “Pedro Sánchez y la vuelta al orden”. Disponible en El País: https://elpais.com/opinion/2020-07-16/pedro-sanchez-y-la-vuelta-al-orden.html

[4] Solà, R. (2020). “Gabriel Alomar: els orígens del catalanisme popular”. Disponible a Institut Sobiranies: https://sobiranies.cat/gabriel-alomar-els-origens-del-catalanisme-popular/

[5] Alomar, G. (1898) [1988] “Una carta de Pi i Margall”, Nova Palma. Dins de Serra, A. (ed.) Sobre liberalisme i nacionalisme. Editorial Moll, Palma, pp. 30-31.

[6] Alomar, G. (1908) “Pròleg”. Dins Antologia. Articles d’en Pi i Margall. Editorial Tip. L´Anuari, Barcelona.

[7] Alomar, G. (2006) La política idealista. Proyecciones y reflejos del alma. Calima Ediciones S.L, Palma.

[8] Alomar, G. (1898 [1988]). “Els dos esperits”, Catalonia. Dins de Serra, A. (ed.) Sobre liberalisme i nacionalisme. Editorial Moll, Palma, p. 40

[9] Alomar, G. (1901[1988]) “Regionalisme i descentralització”, La Veu de Catalunya. Dins de Serra, A. (ed.) Sobre liberalisme i nacionalisme. Editorial Moll, Palma, p.61

[10] Alomar, G. (1910) Catalanisme socialista.

[11] Alomar, G. (1911) “El catalanisme pràctic”, El Poble Català, 25 de juny de 1911.

[12] Alomar, G. (1904[1988]) “El liberalisme català”, El Poble Català. Dins de Serra, A. (ed.) Sobre liberalisme i nacionalisme. Editorial Moll, Palma.

[13] Mezquida, A. (2020) “La via confederal”, Agon. Qüestions Polítiques: https://www.agoncuestionespoliticas.com/lavia-confederal

[14] Vegeu l’explicació completa al text de Marimon, A. (2017) “El Centre Nacionalista Republicà” disponible a Dbalears https://www.dbalears.cat/opinio/opinio/2007/04/17/146001/el-centre-nacionalista-republica.html

[15] Alomar, G. (1907) “L’esquerra catalana”, El Poble Català, 22 de diciembre de 1907

[16] Alomar, G. (1911) “Radicalisme català”, El Poble Català, 16 de julio de 1911.

[17] Ibídem.

[18] Aragonès i Chicharro, V. (2020) Francesc Layret. Vida, obra i pensament. Tigre de Paper i Edicions Cultura 21, Manresa, p. 228. El autor explica a través de las Fuentes y la bibliografía disponible qué papel podía estar jugando Segui en este proyecto de Partido Laborista Catalán y cuáles eran las intenciones de Layret, que estarían más relacionadas con la posibilidad de una candidatura electoral que de un partido político.

[19] Citado en Serrano, J. (2020) “Francesc Layret (1880-1920), un político revolucionario”, Sin Permiso: https://www.sinpermiso.info/textos/francesc-layret-1880-1920-un-politico-revolucionario

[20] “MÉS impulsarà un partit d’àmbit estatal que aglutini totes les agrupacions sobiranistes d’esquerres”, Ara Balears: https://www.arabalears.cat/politica/mes-impulsara-aglutini-sobiranismes-esquerres_1_1015588.html

[21] Ramoneda, J. (2021) “Per una Federació d’Esquerres Ibèriques”, Quadern. El País: https://cat.elpais.com/cat/2021/05/07/opinion/1620397348_180485.html

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