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Governanzas pospandemia: de la soberanía estatal a la gestión de sistemas recursivos

Los Estados de alarma declarados durante la pandemia del Covidien-19 han mostrado su incapacidad para controlar por sí solos el elemento clave a gestionar en todo estado de excepción: la movilidad social conformada por la circulación de personas, mercancías, capitales e información. Los nuevos agentes soberanos ya no son los Estados, sino las gobernanzas público-

Profesor de Filosofía (Universidad Zaragoza)
31/01/2021

Esta ponencia que tenéis a continuación fue presentada en el Congreso «Momentos post Pandemia», que :Sobiranies alojó de forma virtual el pasado mes de octubre dentro de su Aula Virtual, y que estaba impulsado por varios grupos de investigación y debate, como CLACSO, Nuestra Praxis, Ruptura, el Salto, ILSA o el propio Instituto :Sobiranies.
Esta ponencia forma parte de una serie que el Instituto :Sobiranies ha seleccionado y publicará en las próximas semanas por su interés y valor en el debate asociado a la pandemia y sus consecuencias. También formaran todas ellas parte de un libro en preparación que en breve verá la luz, editado por Ruptura y el Institut :Sobiranies

Según Carl Schmitt, el poder soberano no se refiere a la posición jurídicamente legitimada para declarar  el Estado de excepción, sino al agente materialmente capaz de (re)establecer el “orden” y la “normalidad”  social. Los Estados de alarma declarados durante la pandemia de la COVID-19 han mostrado su  incapacidad para controlar por sí solos el elemento clave a gestionar en todo estado de excepción: la  movilidad social conformada por la circulación de personas, mercancías, capitales e información. Los  nuevos agentes soberanos ya no son los Estados, sino las gobernanzas público-privadas (Estados +  Instituciones financieras internacionales + Empresas tecnológicas de plataforma). La soberanía estatal era  lineal (trivial), jerárquica y centralizada. La soberanía de las gobernanzas neoliberales es compleja (no trivial), heterárquica y dispersa. Ello ha puesto en crisis la efectividad de los modelos tradicionales de  organización social antagonista para resistir a los procesos de construcción de la subjetividad neoliberal.

1. LA TRIPLE FRAGMENTACIÓ DEL SUBJECTE SOBIRÀ 

Según la famosa definición de Carl Schmitt, “soberano es quien decide sobre el  estado de excepción”2. Siguiendo esta afirmación de manera literal, filósofos como  Giorgio Agamben han afirmado que la actual gestión del coronavirus por parte de los  Estados es la mejor prueba que pueda aducirse de que continúan siendo los principales sujetos de la soberanía. Desde nuestro punto de vista, la postura de Agamben, además  de errónea, malinterpreta la noción de soberanía dada por Carl Schmitt. Cuando este último afirmaba que soberano es quien puede declarar el Estado de  excepción, no lo hacía desde una concepción normativista del derecho, sino  materialista. En este último sentido, soberano no es simplemente aquel titular que ocupa  la posición jurídica legítima para declarar dicho Estado3, sino a aquel que es capaz de  ejecutarlo materialmente. Es decir, soberano es aquel sujeto o sujetos capaces de re establecer (normalmente por la fuerza) el orden o estado de “normalidad” social y  jurídica que, no lo olvidemos, es la finalidad última que se persigue con (y justifica jurídicamente a) la declaración de un Estado de excepción.  

soberano no es simplemente aquel titular que ocupa  la posición jurídica legítima para declarar dicho Estado, sino a aquel que es capaz de  ejecutarlo materialmente

En este sentido, toda persona o institución capaz de provocar una suspensión del  orden jurídico que garantiza Derechos Fundamentales como el derecho de reunión (art.  21 CE) o el derecho a la libre circulación por el territorio estatal (art. 19 CE), y emplee  la fuerza extra-legal necesaria (técnica y humana) para normalizar la situación, será el  soberano político de ese determinado orden jurídico. 

Como hemos podido observar en los últimos meses, uno de los principales  objetivos de cualquier Estado de emergencia o de sitio siempre ha consistido en  controlar la movilidad y/o circulación de las personas. No en vano, es el propio Carl  Schmitt (1979) quien se encargó de recordarnos que el concepto originario de Nomos (νομος) implicaba no tanto una concepción normativista o positivista de ley, como una  medida y partición originaria de la tierra mediante la cual se imponía una ordenación  jurídica a un determinado territorio, estableciendo con ello tanto los derechos y  obligaciones de sus habitantes en función de la posición que ocuparan en el mismo,  como una estricta regulación de sus movimientos mediante la diferencia, fundamental  para todo ordenamiento jurídico, entre público y privado. 

Directamente relacionado con el carácter de organización y ordenamiento de un elemento material y productivo como es el suelo, el concepto de Nomos puede ser también traducido por razón y/o proporción en su significado aritmético-geométrico. Es decir, como razón (a/b) o proporción (a/b = c/d) lógico-matemática. El Nomos era, pues, aquel ordenamiento del espacio que establecía los límites (πέρας en griego, lira en latín) entre lo racional del discurso político de la polis y lo irracional de aquellos otros territorios (terreo = terror) que no formaban parte de la ciudad (polis), de tal modo que todo ciudadano que salía de los límites (lira) de la ciudad, de-liraba. Lo que nos interesa poner de relevancia con este pequeño rodeo en torno al Nomos de la tierra, es la especial relevancia que toma el desarrollo de la técnica (en este caso la agrimensura y la cartografía) como base y fundamento del ordenamiento jurídico impuesto por el soberano mediante la partición del territorio. Un dominio técnico que Schmitt postulará como una justificación y legitimación jurídica del supuesto derecho europeo a colonizar y ordenar el territorio del continente americano, pues según el jurista alemán este último había permanecido “irracional” hasta ese momento, o por lo menos con una racionalidad menor a la que era capaz de imponer la civilización occidental

Concretamente, afirma Schmitt que “a los indios les faltaba la fuerza, basada en el saber, de la racionalidad cristiano-europea, y sería una ridícula ucronía el imaginar que quizá hubieran podido confeccionar mapas cartográficos tan buenos de Europa como los europeos los elaboraron de América […] Los archivos cartográficos no sólo eran de gran importancia para la navegación, sino también para la argumentación de acuerdo con el Derecho de Gentes. Un mapa cartográfico científico constituye, en efecto, un auténtico título jurídico frente a una tierra incógnita

Del mismo modo, la técnica de la agrimensura, ahora devenida esa ciencia de la geometría que la academia platónica consideraba un requisito indispensable para poder desarrollar una filosofía plenamente racional, se encuentra también en el origen de la división entre público y privado. A este respecto, Ernst Cassirer nos recordaba que la misma división entre ager publicus y ager divisus et adsignatus, esto es, entre terrenos comunes y propiedad privada, dependía directamente de la posibilidad de delimitar y medir de forma precisa esta última. Únicamente aquella tierra medida y cercada de forma precisa “por líneas matemáticas e invariables”5podía ser considerada, primero espacio sagrado separado6del irracional in-finito (άπειρον) del territorio y, posteriormente, propiedad privada. 

Nos encontramos por tanto con que el dominio de la técnica geométrico matemática se encuentra en el origen mismo tanto de la soberanía política como de la Justicia (ius) con el que se realiza el ordenamiento y racionalización (reparto) del territorio: ciencia y técnica devienen, pues, los principales medios con los que controlar las conductas y movimientos de las personas. Dado que durante gran parte de la historia siempre han sido las organizaciones estatales las que han controlado prácticamente en régimen de monopolio todas las técnicas y recursos (materiales e inmateriales) con los que poder implantar un determinado ordenamiento social y jurídico, se llegó a identificar al mismo Estado como soberano político, obviando la necesaria intermediación del poder tecnocientífico7

Ahora bien, tal y como afirmó hace ya décadas el discípulo y doctorando de Carl Schmitt, Ernst Forsthoff8, después de 1945 y por primera vez en la historia el liderazgo del desarrollo tecnológico comienza a ser asumido por la propia sociedad civil de forma completamente independiente a la dirección del Estado, llegándose rápidamente a un punto en el que tanto el Estado como el Derecho devinieron completamente incapaces de dominar, organizar u ordenar un desarrollo técnico que ha escapado completamente a su control. En palabras del propio Forsthoff: “el Derecho capitula ante la técnica”9. “El técnico, esto es, el ingeniero, ha terminado por asumir y ocupar el rango del jurista”10

Junto a este sobrepasamiento técnico del Estado soberano, existe otra razón, profundamente vinculada a la técnica, que ha contribuido notablemente a la crisis de la soberanía estatal: la cuádruple división de la movilidad territorial, reconocida en el art. 26.2 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) como “la libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales”, si bien con la particularidad de que la mayor parte de esos servicios son “simples” transmisiones de información. A este respecto, el principal problema con el que se han encontrado todos los Estados de alarma declarados durante los últimos meses radica en que, a diferencia de en épocas pasadas, en la actualidad ya no son capaces de controlar el cuádruple eje de la movilidad en su totalidad, quedando reducida su capacidad soberana al control de personas (cuerpos) y mercancías materiales. 

La conclusión necesaria que debemos extraer es que si bien la soberanía sobre la movilidad de personas y mercancías puede ser útil de cara a controlar los efectos de una pandemia vírica, en modo alguno lo son para garantizar la soberanía de los Estados como actores políticos. Si soberano es el sujeto capaz de controlar por la fuerza técnica y material la movilidad de personas, mercancías, capitales e información, los Estados ya no son soberanos11.

Como todos sabemos, la circulación de capitales es algo que únicamente controlan de forma difusa y reticular un complejo entramado público-privado de empresas e instituciones financieras internacionales amparadas por la existencia de un total de setenta y tres paraísos fiscales a lo largo y ancho del mundo, mientras que la circulación de la información (especialmente en estados de movilidad personal física reducida) es algo cuya soberanía comienza a pertenecer cada vez más a las grandes empresas de plataforma de Silicon Valley como Google, Amazon, Facebook, Youtube, Twitter, Apple y/o Microsoft. 

En su obra Imperio, Antonio Negri y Michael Hardt recurrieron a la concepción política tradicional de dicha figura realizada por Polibio como unión de los tres regímenes políticos clásicos (monarquía, aristocracia y democracia) para poder dar cuenta de la nueva forma que estaba adquiriendo el funcionamiento de la soberanía a final del siglo XX. Concretamente, Negri y Hardt afirmaban que la soberanía neoliberal de hace 20 años funcionaba por una triple articulación de poderes que incluían “la unidad monárquica del poder y su monopolio global de la fuerza [Estados Unidos – OTAN], las articulaciones aristocráticas que se establecen a través de las grandes empresas transnacionales y los Estados-nación, y los comitia democráticos y representativos encarnados ahora en la forma de los Estados-nación junto con los diversos tipos de ONG, las organizaciones de los medios y otros organismos populares”12.

Si bien la propuesta de Negri y Hardt fue duramente criticada en su momento por aquella parte de la izquierda todavía anclada en una visión tradicional del imperialismo descrito por Lenin13, la realidad es que tuvo la intuición –correcta desde nuestro punto de vista- de saber abandonar la visión jerárquica y centralizada de la soberanía estatal, para atreverse a proponer un entramado reticular y múltiple de poderes como nuevo sujeto soberano. 

Transcurridos ya más de dos décadas desde su publicación, la actual gestión de la pandemia por parte de las gobernanzas público-privadas ha evidenciado algunas de las principales carencias del modelo propuesto por Negri y Hardt, entre las cuales consideramos clave destacar dos:

  • El incremento exponencial de la importancia política adquirida por la gestión tecnológica de la información, y
  • el funcionamiento heterárquico14 y no-trivial15 de los sistemas complejos que conforman tanto las nuevas gobernanzas público-privadas como los conjuntos sociales que conformamos. 

Como todos sabemos, la circulación de capitales es algo que únicamente controlan de forma difusa y reticular un complejo entramado público-privado de empresas e instituciones financieras internacionales amparadas por la existencia de un total de setenta y tres paraísos fiscales a lo largo y ancho del mundo

La primera cuestión es algo suficientemente conocido en el ámbito de las ciencias humanas y sociales, y ha sido analizado desde distintos puntos de vista16. En cambio, la segunda cuestión implica algunos conceptos básicos de la teoría cibernética que debemos comprender de forma clara y precisa si queremos poder diseñar nuevas formas de organización antagonista capaces de actuar con eficacia frente al nuevo paradigma –heterárquico y no trivial- con el que funciona la triple división del sujeto soberano.

2.  HETERARQUÍA Y NO-TRIVIALIDAD DE LOS SISTEMAS COMPLEJOS

Según von Foerster, una máquina trivial (ver Figura 1) funciona según un proceso lineal y sucesivo de causa-efecto tal que sus efectos son “1. Synthetically determined; 2. Independent of the past; 3. Analytically determinable; 4; Predictable”17. Esto quiere decir que cada vez que introducimos una determinada entrada (x) en una máquina trivial siempre se produce la misma salida (y) con independencia de las entradas que haya habido antes, tal y como ocurría con cualquier función matemática con las que trabajábamos cuando estábamos en el instituto. 

Figura 1. Esquemas de máquina trivial (izquierda) y máquina no-trivial (derecha). Fuente: Enrique Cano.

En cambio, en una máquina no-trivial ocurre que “una respuesta observada una vez para un estímulo dado puede no ser la misma para el mismo estímulo ofrecido ulteriormente”18. Aunque las máquinas no-triviales pueden llegar a tener un increíble grado de complejidad, von Foerster explica su funcionamiento a partir del modelo más sencillo posible, consistente en introducir una máquina trivial (Z = Función de estado) dentro de otra (F = Función motriz), de modo que la salida de la máquina interna funcione como un estado (z) que co-determina ambas máquinas triviales –(F) y (Z)– junto a sus respectivas entradas (x). Expresado matemáticamente: 

y = F (x, z) Funció motriu 

z’= Z (x, z) Funció d’estat 

Para hacernos una idea del rango de indeterminabilidad que aportan las máquinas no-triviales, von Foerster calculó el número de posibles combinaciones que uno tendría que analizar en el caso de que no se conocieran a priori las funciones motriz y de estado del ejemplo propuesto (que, recordamos, es con diferencia la máquina no trivial más sencilla posible), considerando para ello que el número de posibles entradas y salidas de las funciones se redujera únicamente a cuatro símbolos (A, B, C, D). El resultado obtenido fue de 10 elevado a 620 posibles configuraciones internas19. Por su parte, el número de posibles configuraciones en una máquina trivial para el mismo número de posibles entradas y salidas (A, B, C, D) asciende a 256. 

Para todos aquellos que no estén acostumbrados a la escala propia de los números inmensos, ofrecemos dos comparaciones con las que poder medir de forma intuitiva el grado de indeterminabilidad de los sistemas no-triviales. La primera consiste en comparar dicha cantidad con el número de átomos que se ha calculado que existen en todo el universo: 1080. La segunda, propuesta por el propio Foerster, afirma que “if you pose a question to this machine every microsecond and have a very fast computer that can tell you in one microsecond what kind of a machine it is, yes or no, then all the time since the world began is not enough to analyse this machine”20.

Dada esta escala de indeterminabilidad, las máquinas no-triviales son definidas como “1. Synthetically determined; 2. Dependent on the past; 3. Analytically indeterminable; 4. Unpredictable”21. De este modo, los sistemas no-triviales pasan a formar parte del conjunto de los grandes principios anti-deterministas y anti mecanicistas que definen la física y la matemática del siglo XX junto al Teorema de la incompletud de Gödel o el Principio de incertidumbre de Heisenberg. Ahora bien, un sistema no-trivial no es una máquina no-trivial, sino un conjunto indeterminado de varias máquinas no-triviales (cientos, miles o miles de millones) ensambladas entre sí, de tal modo que su inter-conexión de realice de una forma “heterárquica”. Esto es, de manera no lineal ni jerárquica. Un sistema jerárquico es aquel que funciona mediante el establecimiento de relaciones no modificables entre las partes de un sistema, según determinados niveles de ordenación, de modo tal que los niveles más altos (o previos) mantienen una capacidad mayor de influir en el comportamiento de los más bajos (o posteriores). El ejemplo paradigmático son las estructuras de tipo piramidal que definen la organización de la práctica totalidad de las Administraciones públicas y las empresas. 

Uno de los principales peligros de los sistemas jerárquicos radica en que cuando son proyectados de forma demasiado inmediata sobre los sistemas sociales que se pretenden organizar se obtienen modelos jurídicos-políticos (Estados) de ordenación del territorio y la población que predisponen a un tipo de autoritarismo que centralice en un único punto el poder soberano de la organización. Ese punto concreto es entendido como principio, o arché (de ahí “jer-árquico”), desde el que dirigir o gobernar a la población. Es decir, como poder de mando. 

Por su parte, un sistema heterárquico es aquel en el que no existen diferentes niveles de ordenación que marquen las relaciones de causalidad de forma fija y lineal (jerarquías) sino aquel en el que las mismas posiciones pueden actuar a veces como operandos (objeto paciente, efecto) y a veces como operadores (sujeto agente, causa). Lo explicaremos con el ejemplo más sencillo posible, consistente en el agenciamiento o com-posición de únicamente dos máquinas no-triviales del tipo más sencillo posible. 

La Figura 2 representa en su parte izquierda dos máquinas no-triviales antes de entrar en agenciamiento, y en su parte derecha el agenciamiento de dichas dos máquinas no-triviales. En aras de la claridad gráfica se ha modificado la representación de las máquinas no-triviales siendo “u” la función de estado y “D” la función motriz de la primera máquina no-trivial, y “x” la función de estado de la segunda máquina no-trivial que tiene a “S” por función motriz, si bien en lo relativo a su funcionamiento y rango de indeterminación, cada una de estas dos máquinas no-triviales es exactamente igual a las explicadas con anterioridad22.

Figura 2. Esquema de una composición de dos máquinas no-triviales. Fuente: Enrique Cano.

La diferencia entre una máquina no-trivial con dos funciones de estado y un agenciamiento entre dos máquinas no-triviales con una única función de estado cada una radica en que, en el primer caso, la jerarquía entre lo que es una entrada (un dato, un operando, una acción social concreta) y lo que es una función (un operador, una lógica o sintaxis de funcionamiento del sistema, una institución social) permanece estable. Las acciones entran en el medio social, y la lógica de funcionamiento del mismo produce un determinado efecto, que pese a ser increíblemente variable e impredecible, en teoría al menos está “synthetically determined”. 

La novedad introducida en un agenciamiento entre dos máquinas no-triviales radica en que lo que en una de ellas funciona como función de estado, en la otra lo hace simplemente como una entrada y viceversa. Es decir, que lo que para una es un dato, operando o acción con el que poder operar, para la otra es una determinada lógica operatoria (un operador) que actúa sobre el resto de entradas o acciones que le llegan. Como consecuencia de esto, un sistema heterárquico o no-trivial es aquel en el que cada acción introducida en el mismo cambia su lógica de funcionamiento respecto al resto de futuras acciones, adquiriendo así una de las principales características definitorias de la subjetividad (frente a una objetividad entendida de forma “trivial” y mecanicista): Que las acciones realizadas por un agente no cambian únicamente lo exterior a dicho agente sino también sus propias disposiciones y/o aptitudes (funciones) internas.

En este sentido, afirma von Foerster que el agenciamiento de máquinas no triviales “avoids the pseudo-solution of hierarchy [y produce una] heterarchical organization […] allowing operators to become operands, and operands to become operators […] through the interchangeability of functors standing in reciprocal relationships to one another23. Como consecuencia, los efectos producidos por la introducción de acciones en un sistema heterárquico o no-trivial no pueden ser concebidos como la simple suma lineal de los efectos que cada acción habría producido por separado. Un sistema no-trivial no es únicamente indeterminable sino, además, radicalmente “inter-subjetivo” (en el sentido de subjetividad dado más arriba).

3. ESTRATEGIAS DE CONTROL EN SISTEMAS NO-TRIVIALES 

Pese al increíble y exponencial grado de indeterminabilidad propio de las máquinas y los sistemas no-triviales, existen estrategias de control que aumentan la capacidad de predicción, y por tanto de control, de dichos sistemas24. Concretamente, la recursividad es precisamente el más importante de todos ellos, pues da lugar a lo que se conoce como eigen-states tanto en el caso de máquinas y sistemas triviales como en el de máquinas y sistemas no-triviales. 

En ambos casos, la recursividad consiste básicamente en que la salida (efectos) de las operaciones realizadas por las máquinas vuelven a introducirse en la máquina como una nueva entrada, de forma que dicha máquina obtiene información sobre el resultado de sus propias acciones. En el caso de las máquinas triviales está claro que si se aplica recursivamente la misma operación de forma indefinida, el resultado al que se llega es completamente predecible. Por ejemplo, con independencia del número que introduzcamos en la máquina trivial “raíz cuadrada”, salvo en el caso de introducir el número “0”, para todo el resto de casos, sea cual sea el número inicial que introduzcamos, el resultado tenderá hacia “1”. Del mismo modo, a la más mínima variación infinitesimal que nos desvíe de “0” la aplicación recursiva de la función “raíz cuadrada” volverá a llevar el resultado de las operaciones hasta el valor “1”. “0” y “1” son eigen-states de la máquina trivial “raíz cuadrada” 

Ahora bien, en el caso de máquinas no-triviales sometidas a recursividad, si bien es imposible saber a priori cuál es el número concreto que va a salir tras la introducción de una nueva entrada, también aparecen determinadas tendencias si la recursividad de las operaciones se realiza un número suficientemente alto de veces, llegándose de este modo esos a determinados valores “estables” o “estacionarios”. El biólogo y padre de la teoría de sistemas Ludwig von Bertalanffy, demostró la existencia necesaria de determinados eigen-states para todo sistema que sea matemáticamente formalizable según un sistema de ecuaciones diferenciales simultáneas, o en caso de que se quiera tener en cuenta la historia previa del sistema, por uno de ecuaciones íntegro diferenciales simultáneas25.

Posteriormente, Ilya Prigogine demostró la existencia de unos “atractores extraños” o “atractores fractales”26 en sistemas complejos en condiciones de no equilibrio denominados “estructuras disipativas” que funcionaban como una especie de eigen-states negativos en los que una vez que el sistema llegaba a dichos valores su comportamiento se convertía en radicalmente impredecible a la más mínima variación (por ejemplo, el número “0” en el caso del sistema “raíz cuadrada”). 

El problema con el que nos encontramos sociopolíticamente es que, actualmente, el carácter heterárquico y no-trivial de los sistemas complejos que conforman las nuevas gobernanzas público-privadas que organizan el cuádruple eje de la movilidad social ha vuelto completamente obsoleto cualquier posible gestión jerárquica del territorio y la población: La Forma-Estado se ha quedado obsoleta. 

El modelo de control disciplinar de la movilidad comentado por Michel Foucault como propio de la peste27, que es precisamente el tipo de modelo que vuelve a tratar de implantarse con cada nueva declaración de un Estado de alarma, podrá ser útil para controlar el contagio de virus y patógenos, pero en modo alguno logra hacerlo en el caso de la información y los capitales. En este último caso, y sabiendo que tanto la lógica de los ciclos del capital28 como la de la información (cibernética) mantienen estructuras de funcionamiento heterárquicas, recursivas y no-triviales homólogas a las que tienen lugar en la formación de la identidad de los sujetos según el psicoanálisis lacaniano29 y la filosofía sociosimbólica a él asociado30, la única posibilidad de poder gobernar (χυβερνήτης = cibernética) con un mínimo de control este tipo de sistemas radica en la generación de recursividades que promuevan tendencias orientadas hacia la destrucción de un determinado sistema social (atractores fractales) y/o la generación de uno nuevo (eigen state) con absoluta independencia de cuál sea la estructura jurídico institucional del Estado en el que se lleven a cabo. Como ya afirmamos en el primer apartado, después de 1945 el Derecho no es capaz de organizar el territorio ni la población de un conjunto social, y ha claudicado ante la cibernética. 

Tradicionalmente, el estudio de este tipo de fenómenos recursivos en sistemas complejos altamente indeterminados (no-triviales) o “inestables” (estructuras disipativas) fueron incluidos dentro de una concepción ideológico-autoritaria de la psicología de masas (Le Bon, McDougall, Tarde) que los catalogó bajo la categoría de “pánico social”. Concretamente, la psicología de masas decimonónica concibió el pánico como una situación, normalmente producida a raíz de una crisis, en la que desaparecen la mayor parte de los vínculos éticos, jurídicos y sociales que estructuran y ordenan la sociedad civil, de modo que el comportamiento de los individuos se vuelve completamente egoísta e irracional. Debido a ello, se considera que la población en su conjunto es incapaz de actuar de una forma racional y ordenada por sí misma, y es el Estado quien debe re-instaurar el orden y/o “la normalidad” mediante un férreo control de la movilidad de los individuos31

Es verdad que esta concepción del pánico propia de la psicología de masas del siglo XIX continúa vigente en gran parte del imaginario colectivo y es empleada por las instituciones estatales con la intención de legitimar la implantación de medidas disciplinares para el control jerárquico de la movilidad de sus ciudadanos. Ahora bien, más allá de esta instrumentalización política del pánico, los modelos económicos, cibernéticos y de psicología social desarrollados durante los últimos 70 años han insistido constantemente en la plena racionalidad de este tipo de procesos (llegando incluso a formalizarlos matemáticamente), abriendo de este modo la posibilidad de una instrumentalización directa de los procesos recursivos con los que se generan socio simbólicamente tanto nuestras identidades subjetivas como las nuevas instituciones socialmente aceptadas (eigen states bajo la forma de fenómenos de autoridad simbólica) todavía no sancionadas jurídicamente.

Desde este punto de vista, es importante recalcar que el fenómeno que se denominó tradicionalmente como “pánico” no consiste en ningún tipo de anomia (a nomos) social ni conlleva “desocialización” y/o des-coordinación alguna, sino todo lo contrario: es el proceso inmanente a lo social por el cual se generan nuevos valores, instituciones y subjetividades políticas. Con el objetivo de mostrar claramente el modo en que funciona dicho proceso, dividiremos el presente apartado en tres subapartados. En el primero mostraremos con un ejemplo la racionalidad y capacidad de formalización aritmética del pánico. En el segundo expondremos, también con un sencillo ejemplo, el proceso autopoiético32 de emergencia de fenómenos de autoridad simbólica (Verdades) a partir del establecimiento de recursividades sociosimbólicas. Por último, en el tercero trataremos de esbozar algunas líneas directrices que puedan orientarnos en el desarrollo de una política antagonista en sistemas no-triviales.

3.1  La racionalidad del pánico 

Desde una perspectiva materialista, la racionalidad del pánico social depende de que el miedo sea causado por un objeto preciso bien identificado, de modo que la decisión de huir o tomar medidas defensivas frente al mismo esté basada en una amenaza efectiva. En este sentido, la irracionalidad únicamente aparece cuando el miedo es causado por un objeto imaginado. Desde el punto de vista de la economía política, el primer caso se daría cuando existe un acceso limitado a los recursos que permiten escapar del desastre, de modo que cada agente socioeconómico se convierte en un obstáculo o rival para el resto, provocando el pánico. Por su parte, el segundo caso se identifica con aquellos procesos puramente especulativos en los que explotan las burbujas financieras y se altera drásticamente el valor contable o “precio” de los recursos materiales que permiten escapar al desastre, pero sin que ello implique una drástica reducción del acceso material a los mismos. En cambio, desde una perspectiva idealista, ambos casos son igualmente racionales, y pueden ser formalizados con los mismos modelos matemáticos, basados en la distribución de probabilidades de Pareto. 

Esta formalización matemática es empleada para medir la relación coste/beneficio de aquellas decisiones tomadas en sistemas en los que la misma relación coste/beneficio depende del número de personas que toman la misma decisión. Es decir, en sistemas en los que existe una recursividad de sus salidas sobre el comportamiento del sistema. A nivel psicológico, el argumento queda reducido al mayor efecto de verdad –y con él del poder de atracción- que desarrolla una simple opinión en función del número de individuos que la comparten. Cuanta más gente cree en ella, más efecto de verdad desarrolla. Del mismo modo, este modelo puede aplicarse (y de hecho se aplica) al análisis y prevención de revueltas y/o gestación de organizaciones revolucionarias por parte de los servicios de inteligencia y contrainsurgencia. En este caso, la aplicación de la distribución de probabilidades de Pareto consiste en que “un individuo no se unirá a un motín más que si la proporción de los que ya se han unido es igual o superior al umbral que lo caracteriza. Sea F(x) la función de distribución acumulativa de los umbrales existentes en la población, es decir, la proporción de esta cuyos umbrales son inferiores o iguales a x. Llamemos r(t) a la proporción de la población que ha adoptado una decisión positiva en el tiempo t. Se supone que: r(0) = F(0). La ley de la evolución del sistema dinámico viene evidentemente dada por: r(t+1) = F[r(t)]33.

Una propiedad característica de estos sistemas es su comportamiento asintótico hacia determinados estados estacionarios (eigen states) en los que r* = F(r*) pero cuya tendencia inicial está marcada por la existencia de grandes inestabilidades estructurales (atractores fractales), de modo que una variación muy débil en la distribución de los umbrales de adhesión de los individuos puede acarrear un cambio “catastrófico” en el comportamiento asintótico o tendencial del sistema. Lo explicaremos con un sencillo ejemplo. 

Supongamos una población de cien individuos en la que la distribución de los umbrales de adhesión a una revuelta es uniforme, de modo que un individuo tiene un umbral de 0 (el que inicia la revuelta sin necesidad de que haya otra persona en la misma), otro de 1 (le basta con que haya una persona para apuntarse a la revuelta), otro de 2, etc., teniendo el último individuo un umbral de 99 (una persona que no se apunta a la revuelta hasta que no se hayan apuntado todos). 

En t = 1, el individuo con umbral 0 inicia la revuelta y se desencadena un proceso uniforme de adhesión a la misma hasta que se obtiene un estado estacionario en la que toda la población ha participado, instaurándose un nuevo régimen. La inestabilidad o fragilidad estructural a la que nos referimos queda patente cuando variamos mínimamente el modelo inicial, haciendo que el individuo que tenía el umbral de 1 pase a tenerlo igual a 2. En este caso, el individuo con umbral igual a 0 inicia su intento de revuelta, pero nadie le sigue. 

Si en lugar de un ejemplo político, volvemos al ejemplo original de reacción ante un peligro, el primer caso se identificaría con una situación en la que el individuo con el umbral igual a 0 empieza a huir de dicho peligro y todos le siguen en cascada, generándose el “pánico social”. Por el contrario, el segundo caso coincidiría con una situación en la que un individuo sufre un “ataque de pánico” y huye él solo, mientras que el resto de individuos permanecen en estado de “normalidad”

El comportamiento económico dentro de un sistema capitalista funciona de una forma matemáticamente idéntica a la expuesta a propósito de las revueltas sociales y/o las crisis ante un peligro del que se intenta escapar. En el caso de la economía, el modelo de Pareto es empleado para analizar la generación de precios en aquellos mercados basados en la ley de la oferta y la demanda. Desde este punto de vista, pretender clasificar tanto las reacciones sociales ante un peligro del que se intenta escapar como los procesos políticos revolucionarios bajo la categoría de “anomia social” en la que desaparecen la mayor parte de los vínculos éticos, jurídicos y sociales que estructuran y ordenan la sociedad civil, mientras se defiende abiertamente y de forma simultánea la caracterización de los mercados como la más racional posible de las instituciones sociales debido a que es la única capaz de proporcionar una información “objetiva” de los precios34 es pura y simplemente la mayor de las contradicciones e irracionalidades propias de una ideología neoliberal-conservadora incapaz de armonizar sus propios postulados.

 3.2 La recursividad social del pánico 

En cualquiera de los casos –generación de precios, políticas revolucionarias y fenómenos de huida ante un peligro-, juega un papel fundamental el proceso de recursividad social mediante el que se generan todos los efectos de autoridad sociosimbólica. El punto clave del mismo, radica en que un proceso que se inicia en virtud de algo puramente imaginado termina por generar la existencia real y efectiva de aquello que había imaginado (autopoiesis). Lo explicaremos con otro ejemplo. 

Supongamos una situación de libre competencia por los recursos en el que se pone en circulación un rumor completamente inventado que hace pensar al agente socio-económico “A” que el agente socio-económico “B” desea determinado objeto “O”. Entonces “A” supone que ese objeto “O” es valioso, puesto que de otra forma un agente socio-económico racional como “B” no lo desearía. Debido a ello, desde el momento en que el rumor llega a “A”, y aun siendo consciente de que no es más que un rumor, “A” tiene la certeza de que desear “O” es una acción racional que conlleva beneficio y pasa a desearlo tanto racional como emocionalmente, realizando las acciones pertinentes que muestran a “B” que el objeto “O” es valioso. 

autores como Pierre Bourdieu, Homi Bhabha, Slavoj Žižek o Ernesto Laclau han mostrado el modo en que más allá de un simple mecanismo de transmisión de información, la recursividad de los rumores se encuentra en la base de la constitución de los sujetos políticos colectivos, con independencia de su carácter antagonista o conservador

Una vez que “B” comienza a realizar acciones que demuestran que desea el objeto “O”, y dichas acciones son observadas por “A”, este último encuentra la prueba de que su hipótesis de partida (el rumor) era correcto. Además, dado que nos encontramos en un sistema recursivo formalizable según la distribución de probabilidades de Pareto (generación de precios en situación de libre oferta y demanda), una vez que se desencadena el proceso de emergencia del valor del objeto “O”, el sistema económico en su conjunto tiende a asentar tendencialmente la racionalidad de dicho valor, de modo que una parte cada vez mayor de los agentes socio-económicos comienzan a determinar su conducta material a partir del valor de “O”, produciendo con ello un efecto de verdad que identifica como objetivo o “dado” el valor de O, cuando en realidad ha sido producido de forma inmanente por la circulación recursiva de un simple rumor que ha terminado por producirse a sí mismo como Verdad. Desde este punto de vista, el tradicional análisis de los rumores propuesto por Rouquette35 (ver Figura 3) ha quedado completamente obsoleto debido tanto a la linealidad (trivialidad) de sus modelos de transmisión como a la falta de recursividad de los mismos. 

Figura 03. Modelos de transmisión del rumor según Rouquette. Fuente: 
http://cv.uoc.edu/annotation/6b51c412a9b974e8e48f41fa309b4a03/593624/X08_80510_02097/X08_80510_02097.html 

Frente a este tipo de análisis, en las cuatro últimas décadas las posiciones “socio simbólicas” defendidas de una forma u otra por autores como Pierre Bourdieu, Homi Bhabha, Slavoj Žižek o Ernesto Laclau han mostrado el modo en que más allá de un simple mecanismo de transmisión de información, la recursividad de los rumores se encuentra en la base de la constitución de los sujetos políticos colectivos, con independencia de su carácter antagonista o conservador. A este respecto, Žižek afirma que los grandes conceptos de sujetos políticos como el “pueblo” o la “nación” no deben su existencia tanto a la creencia directa que los individuos profesan hacia los mismos, como al hecho de que creen que es el otro el que cree en ellos. 

Concretamente, el punto clave sobre el que incide Žižek es que este tipo de fantasías libidinales, aun cuando sean conocidas en tanto que tales a nivel teórico, continúan manteniendo su eficacia a nivel práctico debido al efecto generado por la creencia del otro, de modo que el funcionamiento de la ideología nacional es siempre intersubjetivo. A este respecto, una persona puede ser plenamente consciente de que realmente no existe nada (ninguna sustancia) de eso que llamamos nación más allá de la simple creencia de los demás en la misma, si bien es precisamente esta misma creencia del otro la que le interpela a definir su identidad simbólica de acuerdo con ella. 

De este modo, mi propia conducta práctica respecto a la Cosa-Nación está siempre mediada por mi creencia en la creencia del otro. Nunca creo directamente en ella, sino que simplemente creo que otros miembros de mi comunidad creen en ella. El resultado final es que aunque todos creemos que siempre son los otros los que creen en ella, es precisamente nuestra creencia en que el otro cree en ella, la que crea de forma recursiva la misma Cosa-Nación a nivel colectivo. Según Žižek, “aquí, la estructura es la misma que la del Espíritu Santo en el cristianismo. El Espíritu Santo es la comunidad de creyentes en que Cristo vive después de su muerte: creer en Él es lo mismo que creer en la creencia”36

Obviamente, el problema con este tipo de planteamientos es que, tal y como supo ver John Maynard Keynes, desembocan en una radical incapacidad de decisión debido a que en última instancia todos los agentes políticos y socioeconómicos son conscientes de que la supuesta racionalidad de sus decisiones está desprovista de cualquier referencia material mínimamente objetiva. Debido a ello, la recursividad inherente a este tipo de sistemas hace que su funcionamiento siempre sea “auto-reforzante” o “auto-poiético”. 

Si a ello añadimos el principal efecto de la distribución de probabilidades de Pareto consistente en que cuanta más gente cree en algo más efecto de verdad desarrolla, la conclusión a la que llegamos es que, en palabras del propio Dupuy, “el pánico es, sencillamente, una representación social autocumplida”37. O lo que es lo mismo: el funcionamiento “normal” y/o “racional” de los fenómenos sociales, políticos y económicos es el pánico. Una vez que las microfluctuaciones y/o los acontecimientos aleatorios que afectan a los comienzos de la historia del sistema (atractores fractales) generan una tendencia “viral” suficiente, el rumor produce la verdad objetiva de su propia existencia y acaba precipitando a grandes masas de la población en la misma dirección (eigen-state).

3.3 Resistencia no-trivial. 

La nueva política post-pandemia que está comenzando no va a ser en modo alguno como la política propia del Estado-nación soberano a la que nos han acostumbrado los últimos doscientos años. Naomi Klein nos mostró claramente el modo en que el neoliberalismo se impuso mediante la doctrina del shock. La gestión de sistemas recursivos no-triviales (la gestión del pánico) en un contexto de soberanía fragmentada no guarda la misma lógica de funcionamiento que la política del shock descrita por Klein, sino que la complementa. 

El shock paraliza y nos vuelve tontos. Literalmente. Pues attonitus, participio de attonare, remite a aquellas personas incapaces de pensar bien porque se han quedado atónitas debido a que estuvieron cerca (ad-) de algún ruido muy fuerte (-tonare). En cambio, la lógica del pánico es una puesta en movimiento que otorga cierto margen de libertad individual, pero siempre dentro de los límites tendenciales impuestos por la recursividad de sus presupuestos sistémicos38

Ante esta situación, el marxismo debe ser depurado de todo rastro hegeliano por mínimo que sea, para convertirse en un ciber-marxismo

En la actualidad, los nuevos modelos cibernéticos, económicos y psicológicos de masas han permitido racionalizar la lógica del pánico, de un modo tal que se pueden empezar a controlar y manipular políticamente la generación de los efectos de autoridad sociosimbólica a nivel individual (construcción de subjetividad política) y colectiva (emergencia instituciones socialmente legitimadas). En este sentido, el paradigma público de la política propia de la polis ha comenzado a desaparecer para dar lugar a una gestión gubernamental (χυβερνήτης = gobierno y cibernética) del pánico que caracteriza los efectos de verdad-contagio propios de la multitud. Los movimientos sociales y políticos deben ser conscientes de ello y ejercitarse en el nuevo lenguaje político del rumor y el pánico. 

A este respecto, una de las principales consecuencias radica en que desaparece la identificación del enemigo público (hostis) en la que consistía la soberanía política (polis ⬄ pólemos) propia del Estado y el antagonismo de clase decimonónico. En lugar de esta claridad discursiva de la palabra pública, nos sumergimos en un mundo de murmullos y rumores autopoiéticos generadores de tendencias sistémicas que fluctúan con cada nueva acción de un individuo. La lucha de clases deja de consistir en la eliminación del enemigo para pasar a hacerlo en la producción sociosimbólica del amigo. Al contrario que en el mundo concebido por Schmitt, el enemigo ya no tiene primacía. No se trata de un proceso dialéctico, sino de uno autopoiético. Ante esta situación, el marxismo debe ser depurado de todo rastro hegeliano por mínimo que sea, para convertirse en un ciber-marxismo39 que tal y como Negri y Hardt han sabido ver en su último libro40, alberga profundas y potentes conexiones con el pensamiento rizomático (heterárquico) y maquínico (no-trivial) propio de los agenciamientos deleuzo-guattarianos.

4. CONCLUSIONES 

El futuro de la política post-pandemia no radica en el Estado soberano y/o de excepción, sino en la gestión a tiempo real de sistemas sociales recursivos y no-triviales basados en el pánico. El carácter libertario o autoritario de dicha gestión dependerá del modo en que articulemos la cuádruple movilidad de personas, capitales, mercancías e información. Puesto que vivimos en sistemas complejos heterárquicos, esto conlleva que el futuro de la política libertaria ya ha comenzado a depender de la capacidad de los movimientos sociales para entender e incidir conscientemente en la generación de fenómenos autopoiéticos. Dichos fenómenos no son cuestiones irracionales que no puedan ser previstas. 

Tal y como ha puesto de relevancia Vicente Gutiérrez Escudero41, el “pánico” que ha suscitado el coronavirus no nos ha llevado necesariamente a un individualismo egoísta sino que también ha promovido procesos de profunda “solidaridad entre lxs de abajo” y el surgimiento de grupos “espontáneos” de apoyo mutuo. En este sentido, el miedo, cuando es social, tampoco predetermina nuestra conducta en comportamientos automatizados sino que tal y como hemos visto, el inicio de los fenómenos de pánico social está caracterizado por grandes dosis de incertidumbre. La cibernética no es un determinismo mecanicista tecnocrático, sino todo lo contrario. 

En la nueva política post-pandemia, la estrategia no debería pasar en modo alguno por la mesura y el auto-control propio de lo público, sino por el exceso y el delirio (de-lirar = cruzar el límite de la ciudad que marcaba la condición de ciudadano) desmedido de los procesos revolucionarios de pánico social. Para ello es necesario hacerse con el control no únicamente de la movilidad de las personas y las mercancías (Estado), sino también de la información (tecnologías de plataforma) y los capitales (instituciones financieras). 

la batalla por la soberanía siempre consistió en la batalla de la técnica por la movilidad. 

En este sentido, la noción gramsciana de hegemonía ni siquiera podrá plantearse seriamente al margen de este triple control de las tecnologías de movilidad y circulación. Ya no se trata de una com-unicación de valores e intereses en la creación de una única voz que supuestamente representa a todos, sino de promover procesos virales de pánico social que tiendan hacia eigen-states anticapitalistas y anti-disciplinarios. Tal y como afirmaban hace tiempo Negri y Hardt en su obra Commonwealth42, en la (post)política gubernamental del siglo XXI es condición sine qua non para la conformación y supervivencia de una multitud antagonista la garantía de un acceso y control común de las infraestructuras de circulación en sus cuatro ejes principales (personas, mercancías, información y capitales). No en vano, tal y como tratamos de mostrar en el primer apartado, la batalla por la soberanía siempre consistió en la batalla de la técnica por la movilidad. 

 


Referencias bibliograficas

1 Esta ponencia es resultado del proyecto de investigación “Racionalidad económica, ecología política y  globalización: hacia una nueva racionalidad cosmopolita” financiado por el Programa Estatal Proyectos  I+D Retos de la Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades 2019 del Gobierno  de España (Ref. PID2019-109252RB-I00), cuyos Investigadores Principales son Dr. Luis Arenas Llopis y  Dr. Juan Manuel Aragüés Estragüés, y consiste en una reelaboración, desarrollo y profundización de unas  primeras ideas publicadas en el blog El Rumor de las Multitudes bajo el título “Pánico por sistema: el  gobierno de la retroalimentación social del miedo”, el 15 de Mayo de 2020. 

2 SCHMITT, C. Teología política, Trotta, Madrid, 2009, p. 13.

3 En el caso concreto del ordenamiento jurídico del Estado español, dicha posición correspondería (según el art. 116.3 CE) al gobierno, previamente autorizado por el Congreso de los Diputados.

4 SCHMITT, C. El nomos de la Tierra en el derecho de gentes del Ius Publicum Europaeum, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1979, pp. 143-144. Por el contrario, Enrique Dussel aducirá que la conciencia del todo (Hegel) que otorgaba la técnica cartográfica de los europeos no era superior a la conciencia fenomenológico-existencial (Heidegger) del territorio generada por los habitantes, no pudiendo por tanto ser aducida como un título jurídico válido para la ocupación. DUSSEL, E., 1492. El Encubrimiento del Otro. Hacia el origen del “Mito de la Modernidad”, Plural Editores, La Paz, 1994.

5 CASSIRER, E. Filosofía de las formas simbólicas. Vol II, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1998, p. 136.

6 La argumentación de Cassirer remite a la raíz griega τέμ (cortar) presente como principal morfema del término τέμενος, posteriormente incorporado al latín como templum. Término del cual proviene nuestro actual concepto de templo.

7 Concretamente, y tal y como Carl Schmitt nunca dejó de repetir, fueron Jean Bodin y Thomas Hobbes los principales teóricos de esta identificación entre soberanía y Estado. Para un análisis exhaustivo del concepto de soberanía en Hobbes remitimos a SCHMITT, C. El Leviathan en la teoría del Estado de Tomas Hobbes, Comares, Granada, 2004.

8 FORSTHOFF, E., El Estado de la Sociedad Industrial, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1975.

9 FORSTHOFF, E., Problemas actuales del Estado social de Derecho en Alemania, Publicaciones del Centro de Formación y Perfeccionamiento de Funcionarios, Madrid, 1966, pp. 49-50.

10 FORSTHOFF, E., Estado de Derecho en mutación. Trabajos constitucionales 1954-1973, Tecnos,  Madrid, 2015, p. 347.

11 Muestra de ello es que mientras que la circulación de personas y mercancías se vio drásticamente limitada por la declaración de los distintos Estados de alarma, la circulación de capitales e información se incrementó exponencialmente. Concretamente, la compra masiva de deuda por parte de instituciones financieras supra-nacionales a las principales empresas internacionales tanto en Europa como en Estados Unidos promovió la mayor subida diaria de la Bolsa que se había experimentado desde 1933,  precisamente en el mismo momento en que la producción material realmente existente comenzaba a pararse. Por su parte, el incremento de la circulación de información debida al teletrabajo y los cambios en el tipo de ocio realizado durante el confinamiento promovió que se llegase a un nuevo récord en el  tráfico de datos de internet, alcanzando picos de transferencia de 494.74 Gbit por segundo.

12 NEGRI, A. Y HARDT, M., Imperio, Paidós Ibérica, Barcelona, 2005, pp. 337-338.

13 LENIN, V. I., El imperialismo. Fase superior del capitalismo, Taurus, Barcelona, 2012. Algunas de las  principales críticas a las que nos referimos pueden encontrarse en ŽIŽEK, S., El año que soñamos  peligrosamente, Akal, Madrid, 2013; ŽIŽEK, S., En defensa de causas perdidas, Akal, Madrid, 2011;  ŽIŽEK, S., Órganos sin cuerpo, Pre-textos, Valencia, 2006; GROSFOGUEL, R., Del imperialismo de  Lenin al Imperio de Hardt y Negri, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2008; LIODAKIS, G. “The  new stage of capitalist development and the prospects of globalization”, Science and Society, No. 69 (3),  2005, pp. 341-366; SACCARELLI, E. “Empire, Rifondazione Comunista, and the politics of  spontaneity”, New Political Science, No. 26 (4), 2004, pp. 569-601; CALLINICOS, A. “The actuality of  imperialism”, Millennium: Journal of International Studies, No. 31 (2), 2002, pp. 319-326. 

14 KONTOPOULOS, K., The Logics of Social Structures, Cambridge University Press, 2006.

15 FOERSTER, H. von, Las semillas de la cibernética, Gedisa, Barcelona, 1991.

16 A este respecto remitimos a NEGRI, A. y HARDT, M., Asamblea, Akal, Madrid, 2019, pp. 157-178;  RENDUELES, C. y SÁDABA, I. “Digitalización y cambio social. De las expectativas apocalípticas a la tecnopolítica del presente”, Cuadernos de relaciones laborales, No. 37 (1), 2019, pp. 331-349;  SRNICEK, Nick, Capitalismo de plataformas, Buenos Aires: Caja Negra, 2018, pp. 40-86 y SÖDERBERG, J. Hacking capitalism. The Free and Open Source Software Movement, Routledge,  London, 2012.

17 FOERSTER, H. von, Understanding Understanding: Essays on Cybernetics and Cognition, Springer Verlag, New York, 2003, p. 309.

18 FOERSTER, H. von, Las semillas de la cibernética, Gedisa, Barcelona, 1991, p. 150.

19 El cálculo, realizado por el propio Foerster, es el siguiente: “Let n be the number of input and output  symbols, then the number NT of possible trivial machines and the number NNT of non-trivial machines is:  NT(n) = nn, NNT(n) = nnz, where z signifies the number of internal states of the NT machine, but z cannot  be greater than the number of possible trivial machines, so that zmaz = nn, NNT(n)= nn(n)n. For a trivial  anagrammaton (z = 1) with 4 letters (n = 4) the result is NT (4) = 44 = 22×4 = 28 = 256. For a non-trivial anagrammaton (which calculated different anagrams according to prescribed rules): NNT (4) = 44x(4)4 =  22x2x2x256=22048=approx.10620”. FOERSTER, H. von, Understanding Understanding: Essays on  Cybernetics and Cognition, Springer-Verlag, New York, 2003, p. 312.

20 Ibíd., p. 312.

21 Ibíd., p. 311.

22 Como puede observarse en la Figura, además de este simple cambio de representación, existe una modificación de gran importancia, que es el establecimiento de un circuito recursivo en cada una de las  máquinas no-triviales, de modo que las salidas de dichas máquinas (“y” en el caso de la máquina “D”, y  “v” en el caso de la máquina “S”) funcionan como nuevas entradas de las mismas (“x” en el caso de la  máquina “D” y “u” en el caso de la máquina “S”). La importancia del establecimiento de dichas recursividades será tratada en el próximo apartado, de forma aplicada a los sistemas sociosimbólicos.

23 Ibíd., p. 322.

24 A este respecto es importante tener en cuenta que según John von Neumann (uno de los principales matemáticos presentes junto a Norbert Wiener en las conferencias de la Joshua Macy Jr. Foundation que  dieron lugar al nacimiento de la cibernética), un sistema complejo es aquel en el que la simulación  matemático-formal que haces del mismo con el objetivo de predecir su comportamiento tiene  exactamente el mismo grado de complejidad que el caso real. Es decir, que no existe una fórmula matemática que reduzca el grado de complejidad presente en las relaciones de la totalidad de partículas materiales que intervienen en la realidad.

25 BERTALANFFY, L. von, Teoría general de los sistemas. Fundamentos, desarrollo, aplicaciones,  Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 2014, pp. 54-79. Concretamente, con un tipo especial de ecuaciones integrales que se denominan las ecuaciones integrales de Volterra.

26 Ver PRIGOGINE, I., El nacimiento del tiempo, Tusquets, Barcelona, 1998, p. 90 y PRIGOGINE, I. y STENGERS, I., Entre el tiempo y la eternidad, Alianza, Madrid, 1994, pp. 77-84.

27 FOUCAULT, M. Seguridad, territorio y población: Curso en el Collège de France (1977-1978), Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2006, pp. 25-26.

28 Concretamente, afirma Slavoj Žižek que mientras que en el régimen mercantil o simplemente comercial el dinero no se auto-valoriza a sí mismo, el “milagro” imposible del capitalismo consiste precisamente en esa brecha de la revalorización propia imposible de concebir dentro de un régimen  contable cuyo primer principio desde que Luca Pacioli inventara la contabilidad por partida doble a  comienzos del siglo XVI es precisamente el de suma cero del activo y el pasivo. Es precisamente por esta imposibilidad contable-matemática experimentada como “trauma”, que Žižek afirma rotundamente que  “el Capital es lo que es lo Real de nuestras vidas” (Žižek, S. Viviendo en el final de los tiempos, Akal,  Madrid, 2012, p. 344), entendiendo por “lo Real” el significado específicamente lacaniano de dicho  término.

29 LACAN, J. “Psicoanálisis y cibernética, o la naturaleza del lenguaje”, en J. Lacan, Seminario 2. El yo en la teoría de Freud, Paidós, Buenos Aires, 1983, pp. 435-454.

30 A este respecto resultan particularmente interesantes los trabajos de DUPUY, J. P., Aux origins des  science cognitives, La Découverte, Paris, 1994 y DUPUY, J. P., El pánico, Gedisa, Barcelona, 1999, cuya  traducción del título al castellano quita toda inteligibilidad al contenido de este último, cuyo título  original en francés -Les empêcheurs de penser en rond (Los impedimentos de pensar en círculos)- hacía  una referencia directa a los efectos sociosimbólicos propios de los sistemas recursivos.

31 Es precisamente en este sentido que el art. 1 de la Ley 4/1981 afirma que “procederá la declaración de  los estados de alarma, excepción o sitio cuando circunstancias extraordinarias hiciesen imposible el  mantenimiento de la normalidad mediante los poderes ordinarios de las autoridades competentes”.

32 MATURANA, H. y VARELA, F. Autopoiesis and Cognition: The realization of the living, Springer,  New York, 1980.

33 DUPUY, J. P., El pánico, Gedisa, Barcelona, 1999, p. 111.

34 HAYEK, F. A. von, Individualism and Economic Order, Routledge, London, 1949.

35 ROUQUETTE, M.L. Los rumores, El Ateneo, Buenos Aires, 1977.

36 ŽIŽEK, S. La permanencia en lo negativo, Godot, Buenos Aires, 2016, p. 322.

37 DUPUY, J. P., El pánico, Gedisa, Barcelona, 1999, p. 50.

38 No en vano, el pánico (Pan + oikos) remite al miedo y estado de alerta que provocaban los ruidos misteriosos causados por el dios Pan en su casa privada (oikos) del bosque, frente a la clara palabra  pública emitida en la ciudad (polis) donde rige el Nomos. La política jurídico-institucional de la ciudad era propia de un espacio público racional y claramente de-limitado por la ley del suelo (nomos). Frente a ella, el pánico obedecía a una lógica fractal susceptible de reproducirse de forma ilimitada y sin control  como rumores diseminados por el espacio “irracional” del bosque.

39 WITHEFORD, N. D. Cyber-Marx: Cycles and Circuits of Struggle in High-technology Capitalism,  University of Illinois Press, 1999; WITHEFORD, N. D. Cyber-Proletariat: Global Labour in the Digital Vortex, Pluto Press, London, 2015.

40 NEGRI, A. y HARDT, M., Asamblea, Akal, Madrid, 2019, pp. 157-178. Por su parte, algunas de las principales relaciones entre la filosofía deleuzo-guattariana y la cibernética las hemos expuesto en LEÓN  CASERO, J. y CLOSA GUERRERO, I. “Ontología posthumanista bio-ciber-deleuziana. El agenciamiento hombre máquina como rizoma de plataforma”, Isegoría. Revista de Filosofía Moral y Política, No. 63, 2020.

41 GUTIÉRREZ ESCUDERO, V. “Habitar la desobediencia: incubando la insurrección en tiempos pestilenciales”, La Vorágine, 05/04/2020.

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