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Ganar la vida de la mayoría

Las crisis y los conflictos siempre abren oportunidades, pero las abren en todos sentidos, por todos lados. Y hay que activarse si se quiere que gane la vida digna de la mayoría en un planeta armónico, por encima de los intereses de los mercados. Para hacer que gane la vida hay que poner en marcha, de forma urgente, las transformaciones, y este inicio de curso la prioridad debe ser activar la toma de conciencia de la mayoría social sin poder para empujar los cambios, con el máximo poder a la sociedad civil organizada y no organizada, para combatir el conformismo y la sumisión.

ex-alcaldesa de Badalona
14/09/2020

La lucha tendrá más éxito y la rebelión ganará más adeptos en la medida en que más y más personas se vayan dando cuenta de que el destino sin esperanza de las mayorías sin poder es causado por la esperanza sin miedo de las minorías con poder

Boaventura Sousa Santos

Me estreno escribiendo en este espacio, altavoz de la voluntad plural de alcanzar soberanías y me sumo con mucho gusto al juego metafórico de saludar el nuevo curso político. Lo hago como quien recolecta plantas medicinales en el bosque, escojo unas hebras dentro la actualidad incierta, y cocino un brebaje amargo para afrontar este Septiembre crítico. Cada hebra es como un duelo librado entre la vida y la muerte, entre la mayoría sometida y la minoría en el poder, entre la justicia social y las desigualdades, entre la radicalidad democrática y los derechos pisoteados. Duelos desiguales, siempre. El brebaje puede tener efecto balsámico, revulsivo, letal o anestésico, eso depende. Como la actualidad crítica de las hebras que recojo, y de toda la conflictividad mundial. Las crisis y los conflictos siempre abren oportunidades, pero las abren en todos los sentidos, por todos lados. Y hay que activarse si se quiere que gane la vida digna de la mayoría en un planeta armónico, por encima de los intereses de los mercados, frenando a las élites minoritarias y depredadoras, que compiten con ventaja.

Como dice el poeta, tot està per fer i tot és possible («todo está por hacer y todo es posible», verso de Miquel Martí i Pol, dentro de Ara mateix), pero hay que hacer que pase, o que no pase, empujar o resistirse, derrotando miedos y activando la esperanza para el inmediato y por lo que vendrá. En tiempos de incertidumbre, y ésta curso lo es en grado superlativo, entre dosis de miedo y de esperanza se cuecen más que nunca las desigualdades. Y lo peor que nos podría pasar es convertirlas en conformidad y aceptar sus tiranías con pasividad. Sería como estar bajo los efectos de plantas anestésicas o balsámicas, y corremos el peligro de inhibir los mecanismos de reacción, como le ocurre a la rana de la fábula, que muere hervida porque no ha sabido detectar el calentamiento progresivo. Para hacer que gane la vida hay que poner en marcha, de forma urgente, las transformaciones, y este inicio de curso la prioridad debe ser activar la toma de conciencia de la mayoría social sin poder para empujar los cambios, con el máximo poder a la sociedad civil organizada y no organizada, para combatir el conformismo y la sumisión. Apelar a la responsabilidad de los políticos será más fácil si hay un pueblo organizado y combativo. De lo contrario será difícil sostener la vida, y el grave descontento, miedo y falta de esperanza de la mayoría serán fácilmente instrumentalizados por las élites y por la extrema derecha, poción letal. Convienen pues brebajes revulsivos. Comienzo la pequeña recolección, escogiendo unas hebras de actualidad y no otras, porque menos es más, a pesar de que cuesta ser contenida ante tanta abundancia.

Ahora que vienen tiempos de endurecimiento de la pobreza, la competencia en la miseria es campo abonado para la capitalización del malestar hacia el odio racista, bien dirigido por la derecha al servicio del poder de las élites.

Recojo el horror de los refugiados del campo de Moria, luchando para sobrevivir una vez más, en esta hostil Europa de los estados, que parece haber renegado definitivamente de su papel de garante de los derechos humanos. Moria, Lesbos, uno de los epicentros del dolor global de una humanidad que no se ha organizado al servicio de la vida digna de toda la especie sino que se autodepreda y sacrifica las vidas de la mayoría para sostener el bienestar de una minoría. El incendio de los días 8 y 9 de Septiembre es un incendio que hace años que quema allí y en todas partes, y en Gibraltar y en cada CIE, arrebata a tantas vidas humanas la soberanía esencial de decidir mínimamente sobre su biografía. Toca afrontarlo como drama humano y como cuestión sistémica, global, planetaria. Las migraciones son imparables e irán en aumento, por la coyuntura climática, y porque la coyuntura económica y bélica global así lo necesita, provoca y mediatiza al servicio de los intereses del poder minoritario. Toca romper esta vergonzosa pasividad política que sólo reacciona porque les molesta la red de solidaridades de los Open Arms, las Carol Rackete y Helenas Maleno salvando vidas a contracorriente.

Tal como alertaba Michel Agier, citado por Zygmunt Bauman en Extraños llamando a la puerta, «La política migratoria va dirigida a consolidar una división entre dos grandes categorías mundiales cada vez más cosificadas: por un lado, un mundo limpio, sano y visible; por otro, un mundo de restos residuales, oscuros, enfermos e invisibles. El incendio en Moria es letal para las víctimas, y por nuestra dignidad humana, y si no actúa como revulsivo, si el miedo y el rechazo al diferente, al migrante, o la sombra de la supremacía blanca no deja de anestesiarnos tanto en la macro política europea y de los estados como en la proximidad local, será letal para la cohesión en nuestros barrios, pueblos y ciudades. Porque ahora que vienen tiempos de endurecimiento de la pobreza, la competencia en la miseria es campo abonado para la capitalización del malestar hacia el odio racista, bien dirigido por la derecha al servicio del poder de las élites.

Recojo las múltiples lecciones de la pandemia de la Covid19 que completan y enfatizan las alertas que hace años nos envía el Cambio Climático, y nos confirma que la tesis ecofeminista es la salida válida. Dramático error generalizado, haber fiado todos los recursos de seguridad al sistema armamentístico que no ha tenido respuestas. Cuando el que salva y preserva la vida son los servicios y políticas públicas destinadas a la seguridad humana que defiende la vida, su sostenimiento, dignidad y bienestar. Potente revulsivo, La cruel pedagogía del virus lo llama [Boaventura da] Sousa Santos. Los mercados ya se apresuran a activar distracciones oportunas y nos prometen brebajes balsámicos para volver a la normalidad de antes. La pandemia y la forma de hacerle frente, por las consecuencias directas que genera, y porque ha dejado al descubierto los puntos débiles y los fuertes de las formas de organización de nuestras sociedades, es un potencial revulsivo y motor de transformación profunda .

El carácter vital de muchas soberanías en relación a la producción y abastecimiento para la subsistencia y los cuidados, y en general la importancia de la economía feminista, la eficacia de la solidaridad comunitaria, la reconversión de los sistemas de producción, del modelo turístico y el cuestionamiento de la dictadura de los mercados han generado grandes debates de economía en la proximidad. La enmienda a la totalidad a nuestro sistema depredador, patriarcal, colonial y capitalista ha transitado del plan argumental ideológico, al de la vivencia íntima, y ​​esto le da más fuerza transformadora. La pandemia ha atravesado las paredes de cada hogar y ha sacudido las vidas diarias y concretas de una numerosa mayoría. Una mayoría social activa en el debate, en la toma de conciencia, y en la vigilancia sobre las decisiones y medidas políticas urgentes para hacer frente a la emergencia global, es poderosa y puede impedir que se repitan los errores de 2008, cuando las oportunidades abiertas por la crisis sirvieron para recortar y empeorar el estado de derecho de la mayoría y salvaguardar el enriquecimiento de una selecta minoría. Esta vez toca que paguen los mercados – poder financiero – grandes fortunas – minoría privilegiada, y que se rescate la vida de la mayoría, que es la gente trabajadora asalariada o pensionista, parada, autónoma, emprendedora, cooperativista, precaria, no productiva, o excluida del sistema.

El antifranquismo unió muchas luchas compartidas, y la cohesión en este espíritu radicalmente democrático ha perdido su fuerza al constatar que lo que el dictador dejó atado y bien atado actúa como una soga que atenaza y devalúa la democracia actual.

Recojo la inmoralidad de las cartas de los ex españoles presionando a la dignísima jueza Servini, instructora de la Querella Argentina contra los Crímenes del Franquismo (CEAQUA) que muestran la gran resistencia española a juzgar los crímenes del franquismo y el empeño del status quo para preservar a toda costa el espejismo de una transición modélica. La incertidumbre democrática es una de las causas de inseguridad y desigualdad en el mundo. El antifranquismo unió muchas luchas compartidas, y la cohesión en este espíritu radicalmente democrático ha perdido su fuerza al constatar que lo que el dictador dejó atado y bien atado actúa como una soga que atenaza y devalúa la democracia actual. Los guardianes del régimen del 78 han querido convertido la transición y la constitución españolas en una especie de totem sagrado, intocable, excepto cuando les conviene, más propio de una secta fanática que de una sociedad democrática dinámica; encubren la corrupción de la corona impuesta por el dictador, y la guerra sucia de las cloacas del estado; son conniventes con la feroz persecución política al independentismo ya todas las disidencias, y ahora firman cartas de apoyo al ex ministro franquista Rodolfo Martín Villa, acusado por asesinatos durante la transición española …. qué más tiene que pasar para que el conjunto de la sociedad española y la clase política democrática pierda el miedo a hacer una ruptura radical con el franquismo, y superar la Transición y la Constitución del 78?

Dependerá de cada gesto y decisión política de cada partido contribuir a abrir un nuevo ciclo, o perpetuar el legado franquista.

Vencer el miedo con grandes dosis de esperanza es un potente motor de lucha por los cambios. De ejemplo tenemos el 15M saliendo multitudinariamente a ocupar plazas y calles, generando debate y espacio político nuevo, y el soberanismo en octubre del 2017 cuando 2.286.217 personas plantamos cara pacíficamente desobedeciendo la imposición constitucional de no ir a votar en el referéndum de autodeterminación catalán, a pesar de la brutalidad de la represión policial, en la mayor acción de desobediencia civil protagonizada nunca en una lucha popular. La principal victoria fue hacerlo, a pesar de los esfuerzos de todo un aparato de estado, cloacas incluidas, trabajando incansablemente para impedirlo. Este desafío popular ha hecho tambalear la carcasa del régimen del 78, que se ha derrumbado en parte y ha dejado al descubierto los sólidos fundamentos franquistas que lo sustentan y que perviven, principalmente al poder económico, policial y judicial. Dependerá de cada gesto y decisión política de cada partido contribuir a abrir un nuevo ciclo, o perpetuar el legado franquista.

Recojo el estreno de La mort de Guillem sobre el asesinato de Guillem Agulló, filme a punto de estrenarse, nacido desde abajo, de la voluntad persistente y firme de no olvidar y de acabar con la impunidad de la extrema derecha y el fascismo en el Estat Español. Una impunidad peligrosa porque la penetración dentro de los cuerpos policiales es alta y porque se ha llegado al extremo de popularizar una inquietante falacia, decir que defender derechos despierta al fascismo y da alas a la extrema derecha. Esta falacia justifica quedarse en la zona de confort, y no afrontar conflictos o bien intentar que otros no lo hagan. Pretende hacer culpables a las víctimas de los actos de sus agresores, y denota cierta connivencia o indiferencia ante situaciones de maltrato e injusticia, con resultado de no afrontarlas ni posicionarse. Típica tentación donde cae a menudo la socialdemocracia, con el pretexto de conquistar espacio a la derecha. Los resultados son contrarios, la táctica de importar marcos mentales de extrema derecha y normalizarlos en el discurso pretendidamente democrático, progresista o incluso de izquierdas, ya sea por activa o por pasiva, termina actuando como un boomerang. Dejar de defender derechos y consentir la injusticia social o la devaluación de la democracia es terreno abonado donde crece el fascismo. Es hacer el juego a las élites, que pretenden evitar que la población, mayoritaria, tome conciencia, con dos caminos de distracción: focalizar el malestar en falsos culpables o directamente asustarla para que no tenga ánimos de sublevarse.

Recojo uno de los lemas reivindicativos de la Diada catalana en las movilizaciones del Once de Septiembre que apela al deber de construir un futuro mejor como síntesis del objetivo y lucha del independentismo, que recupera la capacidad de transmitir esperanza en un futuro mejor para todos, ilusión y fuerza constructiva. El independentismo de base debe hacer creíble la República Catalana y esto implica no desligar nunca los derechos sociales de los derechos nacionales, avanzar en el modelo de país posible y mantener activados, en paralelo, los cuatro procesos básicos de cualquier lucha: el de la difusión (toma de conciencia y creación de estado de opinión), el antirepresivo, el de construcción de la alternativa, y el estratégico, para lograrlo. Que no haya hoja de ruta para resolver el conflicto con el Estado – que debe ser – no impide avanzar en el proceso constituyente, el modelo de país, las estructuras, y el abordaje de las múltiples soberanías (alimentaria, energética etc). Imaginarlo, preverlo, y si es posible empezar a poner en marcha ya es empezar a hacerlo posible. Un gobierno y un Parlamento fuertes, valientes, dinámicos y decididamente abiertos a aprobar mejoras democráticas y de derechos sociales para la población catalana, a pesar del maltrato financiero e inversor que recibe del estado y pese a las amenazas de inconstitucionalidad constantes, sería una buena aportación a esta credibilidad necesaria. Merecemos un futuro mejor y debemos hacerlo posible. Pero la sociedad civil no puede detenerse pendiente de las dinámicas de los partidos, del gobierno o del Parlamento, ni se debe sentir condicionada. La sociedad civil organizada, las asociaciones, las entidades, los movimientos, las plataformas, las redes, los comités no pueden frenar a la espera de complementar estrategias políticas institucionales. En todo caso esto ya caerá por su propio peso si tiene que caer. La fuerza de la gente construyendo alternativas es el activo más potente que tiene cualquier proceso de transformación, de lucha, de conquista de derechos.

Brebaje La apuesta de supervivencia y dignidad de la mayoría es poner la política al servicio de la vida y no de los mercados, y rescatar la mayoría de la población con políticas de justicia social y de radicalidad democrática con perspectiva ecofeminista, combatiendo el abuso de poder patriarcal, capitalista y colonial infringido por el poder económico, policial o oligárquico. Es el antídoto contra las desigualdades, contra la pérdida de derechos y contra el crecimiento de la extrema derecha y del fascismo. Lo contrario, en medio del Cambio Climático y la Covid19, es abocarnos al capitalismo Gore que define Sakay Valencia y en democracias devaluadas. Aquí y allí la protesta y las luchas de las oprimidas alza en revuelta, pero nunca es suficiente. Bielorrusia, Colombia, México, Pakistán, Estados Unidos (BlackLivesMatter) …

La crisis de 2008 nos enseñó que era necesario un empoderamiento masivo de la sociedad civil, porque no podemos fiar la vida a las dinámicas de los mercados y a unas élites que se demostraron incapaces. La respuesta indignada fue el 15-m y un fuerte movimiento soberanista. Vamos otra vez?

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