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La crisis de la soberanía y el nuevo campo de lucha

En el presente nos encontraríamos con la paradoja de que la soberanía como forma de organizar el poder y las sociedades está en crisis pero, al mismo tiempo, sigue siendo el punto de partida para pensar las alternativas.

Politòleg. Membre d'AGON Qüestions Polítiques (València)
28/05/2020

Albert Noguera: La ideología de la soberanía. Hacia una reconstrucción emancipadora del constitucionalismo, Madrid, Trotta, 2019.

La reseña de este libro se produce en un momento de pandemia y cambio global que, lejos de envejecer sus ideas, muestra la actualidad y el acierto del diagnóstico. La ideología de la soberanía profundiza investigaciones realizadas anteriormente por el autor, como son la imposibilidad del reformismo como política transformadora[1], la crisis del Estado social y las dificultades para generar igualdad[2] o la cuestión del sujeto político[3]. Además, se plantea una pregunta clave en el momento actual: ¿como garantizar igualdad, dignidad y bienestar en nuestras sociedades?

El título del libro incluye un término muy presente tanto en la teoría política como la disputa política actual, prueba de ello es el título del instituto donde se publica esta reseña. Por ideología de la soberanía, Noguera entenderá (a) la creencia en la existencia de un único núcleo organizador de la sociedad desde el que se irradia el poder, y (b) el establecimiento de una vinculación entre ese núcleo y el Derecho, excluyendo el resto de normas que no emanan de este núcleo. En el presente nos encontraríamos con la paradoja de que la soberanía como forma de organizar el poder y las sociedades está en crisis pero, al mismo tiempo, sigue siendo el punto de partida para pensar las alternativas.

Esta crisis de la soberanía a la que hacemos referencia estaría caracterizada por establecer un campo de lucha complejo que habría transformado de una dialéctica binaria a una de triple eje. El Estado ha sido la institución que ha encarnado ese núcleo antes citado y, por tanto, actuaba como depositario de la soberanía, imponiendo la dialéctica público vs privado como el único campo de lucha. En el presente nos encontramos que, como consecuencia del repliegue neoliberal, el Estado está desprovisto de herramientas para garantizar dignidad e igualdad. Así, al Estado se le escapa control tanto por arriba como por abajo, es decir, aparecen nuevos campos de lucha por los derechos, como son el procomún y las relaciones interestatales.

El eje del procomún se caracteriza por ampliar el campo de la lucha de clases, añadiendo al conflicto público vs privado el conflicto entre el procomún extractivo y el procomún cooperativo. La novedad del procomún extractivo reside en la centralidad que está ocupando en el capitalismo de las últimas décadas la producción inmaterial. El capitalismo de producción material característico de la producción industrial habría iniciado un proceso de transición hacia la financiarización y la especulación, adoptando la forma del «capitalismo de plataformas» (Airbnb, Uber, Glovo, Deliveroo, BlaBlaCar, Wallapop, Verkami, Coworkings, Amazon, etc.).

El proceso de mercantilización de servicios y recursos prestados por el Estado social también ha generado formas de autoorganización ciudadana solidaria, que conformarían el procomún cooperativo. Así, encontramos grupos de comaternitat, cooperativas de vivienda, cooperativas de consumo, bancos de libros y material escolar organizados por asociaciones de madres y padres de alumnos, bancos de tiempo donde se intercambian servicios, etc., que irían ocupando un espacio crucial a la hora de prestar servicios y recursos.

El eje de relaciones interestatales estaría formado por relaciones de igualdad y de desigualdad. El primer aspecto se caracterizaría por procesos de integración articulados alrededor del intercambio comercial y de servicios a partir de los principios de solidaridad entre pueblos y gobiernos, formando una cooperación entre Derecho interno y Derecho internacional. Por otra parte, las relaciones interestatales de desigualdad estarían conformadas por una articulación entre Derecho interno e internacional de forma subordinada el uno al otro, de la manera menos garantista para los ciudadanos de un país.

Frente a esta cartografía del campo de lucha se nos presentan tres alternativas constitucionales: (a) una primera que trataría de volver a capturar los «poderes salvajes» en el interior del ordenamiento constitucional y supondría un fortalecimiento de la ideología de la soberanía (hiperconstitucionalisme); (B) una segunda que sostendría el abandono del constitucionalismo, y la representarían en clave utópica del anarcocapitalismo, y en clave distópica algunos planteamientos marxistas de la «sociedad sin valor», las teorías que desde la ecología política plantean el colapso y el neomedievalismo de las relaciones internacionales; y, por último (c), el planteamiento que Noguera defensa: la alterconstitucionalisme.

El alterconstitucionalismo se presentaría, por un lado, como una superación del debate reforma o revolución planteándose como un nuevo reformismo y, por otra, como un abandono del sujeto histórico singular y homogéneo. Noguera está continuando una reflexión respecto del sujeto político que había definido, a su anterior libro, como «agregación de luchas y movimientos sociales» con el fin de implementar una «democracia corporativa de cogestión»[4].

En este caso no profundiza tanto en la forma del sujeto constituyente capaz de refundar un Estado o construir otro, sino que dibuja una estrategia a medio plazo. Así, se trata de construir estructuras de organización colectivas diferentes por su propia composición social que ocupan y luchan por disputar cuotas de plusvalía en diferentes ejes del campo de lucha.

Para llevar a cabo esta estrategia se tiene que producir una alianza entre el espacio público y el espacio del procomún cooperativo. Asumiendo que la conciencia del procomún cooperativo es casi inexistente, y más si lo comparamos con la cantidad de espacio social ocupado por procomún extractivo, las administraciones donde gobierna la izquierda (mayoritariamente locales o intermedias) deben ir construyendo una cultura del procomún, facilitando, construyendo e impulsando espacios cooperativos. Estas prácticas, a pesar de poder ser minoritarias en un principio, generan una acumulación de nuevas subjetividades que, por repetición, pueden ir sedimentandose.

Esta contrahegemonía no es únicamente una elaboración teórica bien fundamentada, sino una estrategia con implicaciones prácticas directas. En un momento como el actual, la alianza público-cooperativo no es una de las opciones posibles a elegir, sino que es la única posibilidad de plantear una ofensiva política para garantizar el derecho de existencia.


[1] Noguera, A.: Utopía y poder constituyente. Los ciudadanos ante los tres monismos del Estado neoliberal, Ediciones Sequitur, Madrid, 2012.

[2] Noguera, A.: La igualdad ante el fin del Estado social. Propuestas constitucionales para construir una nueva igualdad, Ediciones Sequitur, Madrid, 2014.

[3] Noguera, A.: El sujeto constituyente. Entre lo viejo y lo nuevo, Editorial Trotta, Madrid, 2017.

[4] Íbidem.

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