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La izquierda y la seguridad son compatibles

Estudiante de periodismo
10/12/2021

Conversación entre Sònia Andolz y Amadeu Recasens, expertos en seguridad

La seguridad ha sido tradicionalmente uno de los baluartes de la política de derechas. Asimismo, la izquierda nunca se ha acabado de sentir cómoda en ese terreno. Aunque los medios a menudo sobredimensionan la percepción de inseguridad, los datos demuestran que existe una problemática real. Según la última encuesta de servicios municipales de Barcelona, la inseguridad es, junto al acceso a la vivienda, una de las principales preocupaciones de los ciudadanos.

Para abrir este melón, el Institut Sobiranies ha organizado una conversación entre Amadeu Recasens, experto en seguridad y ex-comisionado del Ayuntamiento de Barcelona, y Sònia Andolz, académica especializada en seguridad y ahora directora general de Administración de Seguridad del departamento de Interior.

También han intervenido Sònia Olivella, del centro de Derechos Humanos Irídia, Mireia Vehí, diputada de la CUP; Cristina Manresa, comisaria de los Mossos d’Esquadra; y Joan Antoni Quesada, intendente mayor de la policía local de Sabadell. La exconcejala de Barcelona y activista social Gala Pin ha moderado el acto.

«La seguridad o la haces, o te la hacen»

Renunciar a tomar partido en la seguridad puede tener consecuencias nefastas para la izquierda, como, por ejemplo, que la extrema derecha aproveche ese espacio para sacarle rédito electoral. Por eso, Andolz reivindica que la izquierda «debe hacer suya» la seguridad: «O tomamos las riendas del debate o nos lo harán, porque la seguridad o la haces, o te la hacen.» “A veces, el uso de la fuerza genera contradicción en el progresismo. Es normal, pero la seguridad no debería suponer un problema por sí mismo. Hagámosla nuestra y debatamos cómo la queremos hacer”, reflexiona.

Recasens crítica que tanto la policía como la izquierda no han encontrado su papel en la seguridad. “La policía ha tendido más al corporativismo que al profesionalismo. Es un cuerpo desprofesionalizado y tiene una mentalidad gremial”, y contrapone: “Hay cierta izquierda que no quiere asumir el gobierno de la institución. También hay quien lo asume, y, sin embargo, lo hace con las formas de la derecha”. El ex comisionado cree que el punto de encuentro de la izquierda y la policía es el profesionalismo.

Coproducción y participación ciudadana

Así pues, con el debate ya sobre la mesa, es importante definir qué tipo de seguridad quiere la izquierda y cómo pretende implementarla. Una de las claves, en la que han coincidido ambos expertos, es la “coproducción de la seguridad”. A su juicio, los agentes «no pueden hacerlo todo» y es necesaria la implicación de la ciudadanía. “Si hay un hombre orinando en la calle, no hace falta llamar a la policía. Hay cosas más relevantes. En un modelo preventivo y coproducido, la policía es simplemente un actor más. Por eso es esencial la implicación real de la sociedad, de agentes cívicos y de actores representativos”, razona Recasens.

En la misma línea, Andolz remarca que es vital que una sociedad esté organizada. “Una fiesta en la calle es mucho más segura si la monta una asociación de barrio. Es necesaria la coordinación en la gestión preventiva, con la implicación de entidades y agentes sociales”. Sin embargo, la académica matiza que coproducir la seguridad no significa coproducir la acción policial. “Policía que sea aquél que se haya formado, que sabemos quién es y sobre quién tengamos unos mecanismos de control, sean más o menos efectivos. En una democracia no puede haber patrullas ciudadanas.”

Fiscalizar las actuaciones policiales

Implicar a la sociedad civil en la seguridad no es sencillo, más si los ciudadanos desconfían de la policía. Los mecanismos de control son una buena manera de rendir cuentas, pero, según apuntan desde el centro de Derechos Humanos Irídia, todavía hay un margen de mejora importante en este aspecto.

Para Sònia Olivella, abogada de la entidad, “si no existen mecanismos de rendición de cuentas, en caso de mala praxis no se podrá garantizar el derecho a reparación”. La abogada de Irídia asegura encontrar “muchos obstáculos” en las denuncias contra agentes: “No es estructural, pero tampoco son casos aislados. En los 60 litigios abiertos en 2020 en sólo 3 casos el mismo cuerpo policial identificó al agente”

En respuesta a Olivella, Andolz dice que cuando se creó la policía, se generaron unas dinámicas «que ahora cuestan mucho de romper». “Cuantas más entidades como Irídia, que hagan de contrapeso, mejor. Como cualquier institución, si quieres realizar cambios, encontrarás impedimentos y cuerdas que tiran hacia el conservadurismo”, asegura.

Por su parte, Recasens piensa que la policía «debe dejar de ser infantil». A su juicio, “los cuerpos policiales son verticales y están dominados por el poder. Están acostumbrados a que les mande un superior. No obstante, lo que necesitan es autonomía y discrecionalidad”. El intendente mayor de la Policía Municipal de Sabadell, Joan Antoni Quesada, lo corrobora y apunta que los sindicatos corporativistas son un «problema muy grande» para la propia policía. “Es muy complicado gestionar las plantillas con estos sindicatos que pretenden hacer política para aumentar su poder. Creen que ellos son los verdaderos expertos en seguridad y que no se les puede decir nada.”

Cuerpos policiales representativos

Otra propuesta interesante que ha surgido en la charla es la incorporación de la diversidad a las plantillas de los cuerpos policiales, a fin de que reflejen la realidad demográfica del país. Aún así, Andolz explica que no es nada fácil, ya que por ejemplo, las personas racializadas no siempre tienen una visión positiva hacia la policía. “Tomé posesión de mi cargo con ganas de realizar cambios y me llevé una decepción. Quería hacer cuotas de discriminación positiva, con incentivos, pero cuando me reuní con colectivos, me dejaron claro que primero ellos debían sentirse incluidos”, relata la directora general de Administración de Seguridad. “Los colectivos quieren sentir que la seguridad también es suya. Piden que se rompan los círculos viciosos: hace falta representatividad para que se sientan incluidos, pero al mismo tiempo no se sienten

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