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Nuestra Catalunya

Deberíamos preguntarnos por qué muchos de estos referentes son tan desconocidos y no forman parte del hilo rojo de la tradición emancipadora de las izquierdas catalanas. La hegemonía del catalanismo conservador ha menospreciado siempre al catalanismo progresista.

Doctorando en Ciencia Política y Derecho
10/12/2020

Jordi Martí Font (comp.), Llibre Negre, vol. 1, Benimaclet/Binissalem/Tarragona, Caliu Editorial/Calúmnia/Lo Diable Gros, 2018

El Llibre Negre consta, hasta la fecha, de 3 tomos

Jordi Martí Font es doctor en Filología Catalana y participa en diversos movimientos sociales y políticos de Tarragona; milita en el sindicato libertario CGT y en la Candidatura d’Unitat Popular de Tarragona. También ha escrito el prólogo del libro El pensament polític de Salvador Seguí, del historiador Xavier Diez. 

El Llibre Negre que ha elaborado Jordi Martí, en la original edición conjunta que supone la Col·lecció Arrelar, es una recopilación de textos de autores, revistas o diarios que tienen como hilo conductor la historia del movimiento libertario y la cuestión nacional. Como explica el autor en la introducción, se inspiró en un encuentro con anarquistas canarios que le regalaron un libro titulado Libro Negro de Canarias, en el cual planteaban la liberación nacional canaria y la autogestión obrera. El primer volumen del Llibre Negre llega hasta la Guerra Civil. Para complementarlo, Martí Font ha desarrollado su investigación en un segundo y un tercer tomo que atraviesan el siglo XX y finalmente llegan a 2018.

En el primer volumen del Llibre Negre encontramos fragmentos y artículos que van des de 1842 hasta 1938. Partiendo del republicanismo de Abdó Terrades y Pi i Margall, la antología de artículos nos muestra la importancia de las revistas, como espacios de encuentro y laboratorio de ideas avanzadas. La obra contiene artículos de publicaciones como Tramontana, Progrés, Avenir, El Chornaler, La Tralla, L’Opinió o La Revista Blanca

Incluye un artículo nunca publicado del poeta Joan Maragall, que en más de una ocasión vio cómo sus artículos eran censurados del periódico La Veu de Catalunya por el dirigente conservador Prat de la Riba. También encontramos artículos de personalidades tan relevantes en el movimiento obrero como Salvador Seguí, con su famoso discurso en el Ateneo de Madrid, tanto en la versión recogida por Pere Foix como en la transcrita taquigráficamente.

Finalmente, es preciso destacar también otros documentos como los del Comitè d’Acció de la Lliure Aliança, que explica el pacto que preparaba el Estat Català de Francesc Macià conjuntamente con dirigentes anarquistas en el exilio para proclamar la República Catalana con el apoyo de la CNT y así hacer caer el régimen dictatorial de Primo de Rivera. Llegados a la Guerra Civil, encontramos referencias al Comitè de Milícies Antifeixistes; al CENU, que creaba un nuevo sistema educativo popular, no religioso y en catalán y una reproducción del Decret de Col·lectivitzacions, que creaba un nuevo orden económico socialista, ya que las industrias catalanas pasaban a manos de los trabajadores.

La acusación frecuente del catalanismo conservador consistía en vincular al movimiento obrero y al anarquismo con algo de fuera.

Deberíamos preguntarnos por qué muchos de estos referentes son tan desconocidos y no forman parte del hilo rojo de la tradición emancipadora de las izquierdas catalanas. La hegemonía del catalanismo conservador ha menospreciado siempre al catalanismo progresista.

La acusación frecuente del catalanismo conservador consistía en vincular al movimiento obrero y al anarquismo con algo de fuera. Es el caso de la CNT y la FAI. Como explica la obra, el día 26 de agosto de 1936 tuvieron que justificar su catalanidad. “La CNT y la FAI no son organizaciones exóticas”, proclamaron en un artículo en La Vanguardia (recién colectivizada por sus trabajadores), intentando negar que fuesen dos organizaciones exclusivamente formadas por migrantes murcianos. Bien al contrario, la CNT había nacido entre las huelgas de Barcelona y la FAI en un encuentro para una paella en la playa del Saler, en el País Valencià.

Por otra parte, buena parte de las izquierdas que han actuado en el ámbito estatal han padecido tradicionalmente una gran miopía para comprender la diversidad de naciones que conviven bajo la administración del Estado español. Esta miopía puede palparse en el tópico que dibuja el catalanismo como un mero invento de la burguesía industrial, interesada en promover el proteccionismo y mantener a toda costa sus intereses económicos.

Lo que el autor denomina “catalanismo libertario”, me aventuraría, fue tal vez algo más amplio. Un pensamiento que parte de la afirmación de Catalunya como nación, pero desde un prisma anarquista, es decir, que afirmaría Catalunya como sujeto político pero no como Estado.

Jordi Martí trata de encontrar un encaje entre el independentismo y el movimiento libertario. Pero, entonces, ¿el anarcosindicalismo era independentista? O, en todo caso, ¿se puede considerar el anarquismo como una raíz de lo que representa el independentismo hoy?

Quizá no es lo mismo el “catalanismo libertario” y el anarco-independentismo. Muchos autores y revistas que son mencionados en el Llibre Negre eran confederalistas. Además, los que claramente hablan de cómo Catalunya debería decidir su propio camino siguiendo el ejemplo irlandés lo vinculan también con un hermanamiento con las demás naciones de Iberia. Lo que el autor denomina “catalanismo libertario”, me aventuraría, fue tal vez algo más amplio. Un pensamiento que parte de la afirmación de Catalunya como nación, pero desde un prisma anarquista, es decir, que afirmaría Catalunya como sujeto político pero no como Estado.

Si bien el planteamiento del autor es polémico, poder contar con una compilación de textos capaz de unir a Pi i Margall, Joan Montseny, Salvador Seguí, Joan P. Fàbregues y tantos otros es el gran acierto del primer volumen del Llibre Negre. Nos ayuda a hacer memoria del catalanismo popular y obrerista, con orígenes republicanos y anticlericales. Ello es extremadamente relevante, ya que en muchas ocasiones nos ha explicado nuestra propia tradición, como izquierdas catalanas, quien precisamente no formaba parte de esta tradición. En otros casos, muchos referentes históricos han caído en el olvido después de la larga noche de la dictadura. 

No puedo acabar esta reseña del primer volumen del Llibre Negre sin citar un artículo titulado “La nostra Catalunya”, publicado en la revist Tramontana en 1913 y firmado por Víctor Foch.

«No es la Catalunya de los poderosos nuestra Catalunya. Catalunya es para nosotros una idea de completa liberación y no es entre los poderosos donde la libertad se halla.
Nuestro amor a la tierra catalana no nace por la grandeza de su pasado; la historia de Catalunya, como la de todos los pueblos, no nos cuenta más que la historia de la injusticia en todo tiempo, la de unos hombres esclavos y de unos hombres esclavizadores. No, su pasado no habla a nuestro corazón, sus gestas guerreras no tocan los clarines que nuestra alma ansía para acudir al supremo combate.
Sólo hay un momento en que percibimos nuestro grito de guerra: es cuando la revuelta de los remences contra la nobleza. Pero el remença y el noble hoy todavía persisten y la patria del remença, hoy como ayer, no es la patria del señor.” 
(Traducido del original catalán.)

Víctor Folch, La nostra Catalunya, dentro de revista Tramontana (1913)

Podríamos, realizando una recuperación y actualización de las afirmaciones del misterioso Víctor Foch, reflexionar sobre cuál es nuestra Catalunya hoy. Un libro sobre el pasado que evoca sobre el presente no puede ser más que una mirada de futuro. Nuestra Catalunya es la del personal sanitario que reclama reforzar las políticas sociales en un momento de crisis y pandemia global. La que madruga para evitar deshaucios. La patria de las personas que toman cada día el metro y las que se encuentran angustiadas sin trabajo o en ERTE. Nuestra Catalunya es la que se encuentra en combate contra la desigualdad social. 

L’acusació freqüent del catalanisme conservador consistia a vincular el moviment obrer i l’anarquisme amb quelcom de fora.

Ens hauríem de preguntar per què molts d’aquests referents són tan desconeguts i no formen part de fil roig de la tradició emancipadora de les esquerres catalanes. L’hegemonia del catalanisme conservador ha menystingut sempre el catalanisme progressista.

L’acusació freqüent del catalanisme conservador consistia a vincular el moviment obrer i l’anarquisme amb quelcom de fora. És el cas de la CNT i la FAI. Com explica l’obra,  el dia 26 d’agost de 1936 van haver de justificar la seva catalanitat. “La CNT i la FAI no són organitzacions exòtiques”, van proclamar en un article a La Vanguardia (just col·lectivitzada pels seus treballadors), intentant negar que fossin dues organitzacions formades exclusivament per migrants murcians. Ans al contrari, la CNT havia nascut entre les vagues de Barcelona i la FAI en una trobada per fer una paella a la platja del Saler, al País Valencià. 

cosa més àmplia. Un pensament que parteix de l’afirmació de Catalunya com a nació però des d’un prisma anarquista, és a dir, que afirmaria Catalunya com a subjecte polític però no com a Estat. 

«No és pas la Catalunya dels poderosos la nostra Catalunya. Catalunya és per nosaltres una idea de completa alliberació i no és entremig dels poderosos a on la llibertat es troba.
Nostre amor a la terra catalana no neix per la grandesa de son passat; la història de Catalunya, com la de tots els pobles, no ens conta més que la història de la injustícia en tot temps, la d’uns homes esclaus i d’uns homes esclavitzadors. No, son passat no parla al nostre cor, les seves gestes guerreres no toquen pas els clarins que nostra ànima ansia per acudir al suprem combat.
Sols hi ha un moment que percebem nostre crit de guerra: és quan la revolta dels remences contra la noblesa. Però el remença i el noble avui encara persisteixen i la pàtria del remença, avui com ahir, no és la pàtria del senyor.»

Víctor Foch, La nostra Catalunya., dins revista Tramontana (1913)

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