Compartir

Las tres revoluciones de la economía social y solidaria. COVID-19 y postcapitalismo

¿Cuáles han sido los procesos de construcción de la Economía Social y Solidaria catalana en la anterior normalidad? ¿Cuáles serán, a partir de ahora, las tres revoluciones que deberán activarse para afrontar el abismo abierto por la pandemia?

Sociòleg i cooperativista
27/05/2020

 El espíritu del colectivismo no es ninguna novedad,
sinó una teoria económica y social tan antigua como la humanidad

Joan P. Fàbregas, Els Factors Econòmics de la Revolució, 1937.

2020. Año de la COVID-19 y del Gran Confinamiento: cambio radical de panorama. La pandemia hace saltar las costuras del capitalismo global; obliga a la reorganización de los Estados para intervenir en la emergencia sanitaria, social y económica. Plantea desafíos colosales al conjunto de la humanidad: la sitúa ante el espejo de unas formas de vida, de producción y de consumo insostenibles con la justicia social y la salud planetaria. Una nueva crisis global (sanitaria, climática, económica) se añade a la crisis financiera no resuelta de 2008. En este contexto, la Economía Social y Solidaria catalana se ve profundamente afectada e impelida a ofrecer respuesta a la depredación socioecológica del capitalismo.

Fortalecida en la anterior crisis, la ESS catalana se ha ido levantando sobre la propia capacidad de ser al mismo tiempo práctica económica y movimiento sociopolítico. Se ha construido en las grietas de una economía mercantil hegemónica: el modelo dominante y asistido por las políticas económicas estatales. La ESS ha ido a contracorriente, pues, aún con el soporte reciente de algunas políticas públicas catalanas y municipales. ¿Cuáles han sido los procesos de construcción de la Economía Social y Solidaria catalana en la anterior normalidad? ¿Cuáles serán, a partir de ahora, las tres revoluciones que deberán activarse para afrontar el abismo abierto por la pandemia?

La construcción de un ámbito económico específico

La acción socioeconómica auto-organizada y cotidiana de miles de iniciativas asociativas, cooperativas, mutualistas y comunitarias, ha sido hasta hoy el primer plano de construcción de la ESS. Priorizando la satisfacción colectiva de necesidades por encima del lucro, numerosos procesos de trabajo productivo, de cuidados, de intercambio, de gestión, de distribución, de consumo, de ahorro o de financiación, han sido democratizados a partir de relaciones de solidaridad, cooperación, reciprocidad o autogestión. La apuesta por auto-organizar diferentes ciclos del proceso económico – y sobre todo las relaciones de intercooperación desplegadas- ha ido esbozando un ámbito socioeconómico específico, diferenciado tanto de lo público-estatal como de lo privado-mercantil.

La ESS catalana se ha ido levantando sobre la propia capacidad de ser al mismo tiempo práctica económica y movimiento sociopolítico

Este ámbito, sin embargo, no es homogéneo ni estanco. Las iniciativas que lo conforman no han operado con la misma interrelación respecto a la economía hegemónica, ni tampoco han perseguido los mismos objetivos estratégicos, que basculan -con gradaciones y a menudo sin ser excluyentes- en cuatro direcciones: la inserción en el mercado capitalista; la complementariedad con las políticas públicas; la hipótesis de un mercado social alternativo y la experimentación de relaciones comunitarias y emancipadoras de reciprocidad no mercantil.

A pesar de las orientaciones generales y las experiencias concretas, este proceso no ha sido planificado ni, hasta muy recientemente, ha dispuesto de un horizonte compartido. Más bien se ha producido de forma acumulativa, en una proliferación descentralizada, espontánea y efervescente. Compartiendo principios y prácticas como la gobernanza democrática o la búsqueda de la transformación social y ambiental, estas iniciativas -más de 10.000 en Catalunya- se han caracterizado sobre todo por la diversidad de formas jurídicas y societarias: de las más formales y socioempresariales, a las más marcadamente sociocomunitarias y populares.

Un segundo plan de construcción ha sido protagonizado por la acción de las organizaciones sociopolíticas de la ESS catalana, que en los últimos años han abierto espacios conjuntos de intercambio, reflexión y proyección pública, contribuyendo a que una serie de experiencias, a menudo desatadas entre ellas, iniciaran un proceso de articulación y de reconocimiento mutuo, intuyendo las potencialidades de operar bajo un denominador común: la ESS como paradigma compartido.

A pesar de los importantes avances, esta articulación se encuentra en estadios tempranos, y a menudo es atravesada por identidades en algunos casos contradictorias, como son el Cooperativismo y la Economía Social, el Tercer Sector Social, la Economía Solidaria, el Mutualismo o el asociacionismo. En todo caso, escenarios como la Feria de Economía Solidaria (FESC), organizada por la XES desde 2012; el rol transversal de Coop57, Som Energia, Espino o la Fundación Roca Galès; el nacimiento en 2017 de la Asociación de Economía Social de Cataluña (AESC) o las nuevas orientaciones de la Federación de Cooperativas de Trabajo de Cataluña, han contribuido a vertebrar un horizonte común y posibilitan, ahora sí, ciertas apuestas estratégicas.

Un tercer plano en el camino de consolidar el ámbito social y solidario catalán ha sido la reciente generación de políticas públicas de promoción de la ESS. Se iniciaron en 2015 en el ámbito municipalista, cuando candidaturas vinculadas a los movimientos sociales llegaron a los ayuntamientos y fueron espoleadas, entre otros, por un programa político de base: las 14 Medidas para la Democracia Económica Local de la XES. A partir de 2016, por los efectos del proceso soberanista y los cambios en las correlaciones parlamentarias, se sumó la Generalitat de Catalunya, sobre todo con la creación de la Xarxa d’Ateneus Cooperatius. Con la promoción de la ESS en el territorio, de la mano de agrupaciones cooperativas locales o comarcales, emergió una nueva institucionalidad público-cooperativa y una orientación endógena del desarrollo local.

Esta política pública, sin embargo, permanece incompleta porque falta una Ley catalana de Economía Social y Solidaria, reclamada desde el 2014 y con una propuesta elaborada entonces por la XES. Si bien ya han sido debatidas las orientaciones generales por parte de las organizaciones representativas, se han encargado estudios previos a cargo de la Dirección General de Economía Social de la Generalitat y existe un borrador de bases. La crisis del Covid-19 ha parado estos trabajos institucionales y su tramitación parlamentaria. También hay que insistir en las políticas locales, porque si bien numerosos ayuntamientos forman parte de la Xarxa de Municipis per l’Economia Social i Solidària (XMESS), gran parte de ellos aún no ha desarrollado medidas sustantivas de promoción del ámbito económico social y solidario.

La Economía Social y Solidaria catalana viene de lejos, se alimenta de miles de experiencias de apoyo mutuo y prácticas comunales que caracterizan la historia del país: se crea en el siglo XIX con las prácticas asociativas del movimiento obrero y popular, se enriquece con la obra colectivizadora y autogestionaria de la Revolución Social de 1936 aniquilada por el franquismo, resignificada por los nuevos movimientos sociales emancipadores; y reaparece con fuerza en los últimos tiempos. Es todavía un ámbito menor respecto a la economía hegemónica, pero crece e inspira los grandes cambios que deben afrontar los retos actuales.

Canvis ahir necessaris, avui imprescindibles

La situación social y económica de finales de 2019, sin embargo, ha sido transformada radicalmente por el descalabro asociado al Covid-19. Todavía es pronto para conocer la afectación de las iniciativas de la ESS, muchas de ellas sometidas a la crisis general en curso, pero también sobredeterminada por los cambios en la acción colectiva impuestos por el confinamiento y las nuevas restricciones de el espacio público: de nuevo, práctica económica y movimiento social. También es prematuro caracterizar los escenarios posteriores a la crisis sanitaria, ni cuáles serán las políticas económicas generales, ni cómo se verá transformada la estructura productiva mundial y catalana. ¿Viviremos una reestructuración neoliberal nuevamente basada en la austeridad? ¿Un New Deal europeo con una centralidad mayor de Estados en la regulación económica? ¿Una basculación hacia un nuevo autoritarismo? ¿Una hegemonía total del capitalismo de plataforma?

Aún así, para que los nuevos contextos favorezcan a las clases populares y a la salud planetaria, será necesaria una fuerte movilización colectiva, la construcción de nuevas hegemonías que modifiquen las relaciones económicas de poder y una orientación estratégica clara para un nuevo Modelo Económico de carácter democrático y transformador. En esta dirección, la ESS catalana debe activar una serie de procesos que, aprovechando las energías acumuladas, deberán suponer una mutación de sus formas convencionales de acción social, económica y política. Cambios que ayer eran necesarios, hoy son imprescindibles. ¿Cuáles son las tres revoluciones que debe activar la Economía Social y Solidaria catalana?

Revoluciones comunitarias, ecosociales, postcapitalistas

La primera revolución tiene una vertiente inmediatamente social y comunitaria. Durante la crisis sanitaria, sobre todo en barrios y municipios de mayor composición obrera y migrante, se han activado numerosas redes de apoyo mutuo, que han articulado -ante las limitaciones de las políticas estatales- una solidaridad social directa. Cajas de resistencia, espacios de cuidado entre trabajadoras domésticas, producción de mascarillas o redes de abastecimiento alimentario y sanitario, han ampliado las estructuras populares impulsadas los últimos años para colectivos antirracistas, sindicatos de vivienda, grupos feministas y asociaciones vecinales. Estas prácticas han sido la única forma presencial de acción colectiva que ha conseguido atravesar el impasse de un confinamiento individualizador, concretando materialmente los valores sociales emancipadores que se han expresado en balcones y cortocircuitando las derivas autoritarias. ¿Cómo generalizar estas experiencias de apoyo mutuo? ¿Cómo reforzar las estructuras económicas populares?

Durante la crisis sanitaria, sobre todo en barrios y municipios de mayor composición obrera y migrante, se han activado numerosas redes de apoyo mutuo, que han articulado -ante las limitaciones de las políticas estatales- una solidaridad social directa.

Desde el conjunto de la ESS catalana hay que reconocer y acompañar la emergente economía popular y comunitaria, imprescindible para hacer frente a la precariedad social y al racismo institucional; entendiendo que es un ámbito económico de reproducción social que no debe ser necesariamente monetizado ni formalizado jurídicamente, y en ningún caso opera bajo criterios de intercambio mercantil. En este sentido, hay que aplicar, con más intensidad que nunca, el séptimo principio cooperativo («compromiso con la comunidad»), compartiendo allí excedentes económicos, infraestructuras físicas y digitales, estructuras sociopolíticas y herramientas financieras, con el fin de reforzar la auto-organización de cada vez más vínculos sociales y comunitarios. Así como la economía capitalista profundiza la individualización y mercantilización de las relaciones sociales, el ethos de la ESS crea vínculos comunitarios basados en la solidaridad colectiva y la reciprocidad auto-organizada. Asimismo, hay que reflexionar sobre el papel de los espacios comunitarios en barrios y municipios, y facilitar la incorporación de infraestructuras materiales como huertas productivas, talleres industriales, obradores de transformación, maquinaria colectiva o servicios logísticos de distribución. Revolución comunitaria significa, hoy en día, combinar el uso comunal de espacios y equipamientos, con la acción defensiva del apoyo mutuo y el incremento de las capacidades de autogestión y empoderamiento económico de las comunidades locales.

La segunda revolución implica transformar las rutinas que han caracterizado el desarrollo económico de la Economía Social y Solidaria catalana. Sin coartar su proliferación descentralizada y espontánea, el «libre mercado social» hoy se demuestra insuficiente para afrontar los retos colectivos que amenazan las sociedades y los ecosistemas. Hay que ir más allá de las iniciativas aisladas, desplegar un proceso de planificación colectiva y promover una ola de mancomunidades de las estructuras económicas sociales y solidarias. La configuración de ecosistemas cooperativos locales y comarcales, la articulación económica sectorial, las estructuras de segundo grado o los proyectos estratégicos comunes deben ser objetivos compartidos tanto por las iniciativas como por los actores colectivos de la Economía Social y Solidaria.

¿Hacia dónde debe dirigirse la revolución (re) productiva de la ESS? Pues a reorientar la actividad hacia los sectores que la pandemia ha situado como socialmente necesarios; reequilibrar su presencia en los ciclos económicos; crear estructuras asociadas para hacer frente al capitalismo de la gran distribución, de la logística, de plataforma; a focalizar, en definitiva, los esfuerzos en los sectores estratégicos para la transición ecosocial. La pandemia y el confinamiento han evidenciado las debilidades de gran parte del tejido catalán de la ESS, sobre todo el de carácter urbano: mucha oficina y poco taller productivo; muchos servicios de consultoría para empresas y poca estructura logística; mucha gestión y poca red física o digital de comercialización.

La pandemia y el confinamiento han evidenciado las debilidades de gran parte del tejido catalán de la ESS, sobre todo el de carácter urbano: mucha oficina y poco taller productivo

En cambio, durante la emergencia sanitaria han aflorado respuestas asociadas, como la reorganización de las redes de producción y distribución agroecológicas para abastecer el aumento de las necesidades alimentarias; las estrategias colectivas de las librerías cooperativas y su articulación con potentes plataformas cooperativas digitales; la reorientación de la actividad hacia la producción de mascarillas o de gel hidroalcohólico; la ampliación de las rutas de la logística sostenible; la creación de polvo para la transición energética; o la activación de excedentes cooperativos para hacer frente a la emergencia social y sanitaria.

Hay que extraer aprendizajes, sistematizar conocimientos y vertebrar, a nivel catalán, las cadenas económicas en sectores como la agroecología, la ecoconstrucción, la movilidad y logística sostenible, las energías renovables, la reindustrialización comunitaria y ecológica, la economía circular, el textil ecológico, la cultura cooperativa, el comercio de proximidad, los cuidados o las tecnologías libres. La creación, en este contexto, de una gran cooperativa de plataforma que coordine la producción y comercialización de los bienes y servicios de la ESS es más necesaria que nunca. En paralelo, hay que planificar estrategias locales y comarcales de transición y mutualización de la estructura socioeconómica de cada territorio. La focalización de las finanzas éticas en estos procesos es imprescindible. Sólo a partir de la planificación e implementación colectiva (sectorial, digital y territorial), la ESS catalana podrá materializar la Revolución Ecosocial necesaria para transformar los retos económicos, sociales y ambientales a los que se enfrenta el conjunto del país.

Finalmente, la tercera revolución de la ESS catalana debe dirigirse a modificar las políticas económicas generales, participando de la construcción de un nuevo Modelo Económico plural y transformador, relocalizado y ecológico para Catalunya. A menudo, desde los organismos representativos de la ESS, se ha buscado la interlocución con las administraciones públicas para negociar políticas sectoriales y, en cambio, ha faltado una propuesta de modelo general de desarrollo. Hoy ya no es suficiente esta visión autocentrada, sino que se deben construir alianzas con agentes de otros ámbitos económicos, para impulsar un desplazamiento del mercado de la tarea reguladora de la economía hacia instituciones sociales con más capacidad de servir al bien común, como el sector público, la economía social y solidaria, el sindicalismo, el trabajo reproductivo y de cuidados, así como un sector privado pequeño y medio que durante la crisis del Covid-19 haya actuado con responsabilidad social, laboral y ambiental .

los diferentes agentes socioeconómicos deben impulsar políticas de país hacia la democracia económica, la salud colectiva y la transición ecosocial.

Es necesaria una planificación democrática y plural para impulsar un nuevo Modelo Productivo, orientado a la relocalización, mutualización y transición ecosocial de las actividades económicas en el sector agrario, industrial, de servicios, logístico y de la construcción. Igualmente es indispensable un Nuevo Modelo reproductivo basado en la universalidad y la democratización de los cuidados, en la reorganización de la producción y la reproducción social. Es obligado un nuevo Modelo ecológico y resiliente, transformar el modelo de producción y consumo, regenerar el territorio, potenciar el mundo rural, frenar la urbanización, ecologizar los núcleos urbanos e industriales, potenciar la soberanía alimentaria y energética del conjunto del país.

En este marco de Economía Plural Transformadora, los diferentes agentes socioeconómicos deben impulsar políticas de país hacia la democracia económica, la salud colectiva y la transición ecosocial. Para unos, este nuevo acuerdo supondrá la construcción de soberanías nacionales frente la globalización capitalista; por otros, significará la reinvención del Estado y de una concertación de carácter socialdemócrata; por unos terceros, se convertirá en el medio para desplegar una estrategia de transición y ruptura hacia un sistema ecosocialista basado en la colectivización de la economía. Para la Economía Social y Solidaria catalana, en su conjunto, debe ser la herramienta para estar a la altura de un contexto excepcional: aportando su potencialidad creadora y transformadora, forjando un nuevo modelo postcapitalista a nivel político, económico y social.

Ivan Miró y Jordi Estivill

Interacciones con los lectores

Newsletter

Responsable: Associació Institut Teoria i Praxi. NIF G-67544767. C. Rocafort 242 bis, 2º de 08029-Barcelona. Email: info@sobiranies.cat. Finalidad: Tramitar peticiones de los usuarios. Informar sobre el contenido de la página. Comercializar bienes y servicios. Legitimación: Propio consentimiento del usuario. Destinatarios: Associació Institut Teoria i Praxi y proveedores legitimados externos necesarios para el desarrollo de la actividad. Derechos: Acceder, Rectificar, suprimir y otros establecidos en la política de privacidad. Contactando con info@sobiranies.cat. Información adicional: Aquí se puede acceder a la política de privacidad.