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Mario Draghi: que no te vendan la moto

Tanto la prensa local como la internacional se han visto atrapadas por un entusiasmo incontenible desde que Mario Draghi asumió el cargo de nuevo primer ministro de Italia, a mediados de febrero. Hoy está en camino de convertirse en un Marcron 2.0, con uno de los índices de aprobación más bajos de Europa.

periodista y escritor
28/04/2021

Desde que el ex presidente del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi asumió el cargo de nuevo primer ministro de Italia, a mediados de febrero, tanto la prensa local como la internacional se han visto atrapadas por un entusiasmo incontenible, a menudo rayano en el tipo de culto a la personalidad que tendemos a asociar con regímenes totalitarios más que con las sociedades «liberal-democráticas» que los países occidentales afirman ser. Frente a tal adulación sonrojante hacia los representantes de la élite global -de la que Draghi es una representación casi caricaturizada-, o lo que podríamos llamar propaganda más prosaicamente, ¿sorprende que cada vez más personas se estén alejando de las corporaciones y los medios de comunicación dominantes para optar por fuentes alternativas e independientes?

Ejemplos recientes de la «Draghimania» desenfrenada incluyen estos artículos en The New York Times y Financial Times. Los argumentos son más o menos los mismos: gracias a Draghi, Italia ha pasado, en pocos meses, de ser “el delincuente juvenil de la UE” a ser “el europeo modélico”, como afirma sin ironía el investigador senior de políticas en el Consejo Europeo de Asuntos Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés) citado en el FT.

Si nos creemos esta narrativa fantasiosa, antes de que Draghi entrara en escena, Italia estaba «a la zaga de sus socios europeos en dinamismo económico y reformas muy necesarias» y se había convertido en «un paria dentro de la UE», habiendo sido invadida por peligrosos «populistas» (es decir, el Movimiento Cinco Estrellas y la Liga), que habían transformado a Italia en “un socio inestable y poco confiable liderado por políticos que querían debilitar a la UE y coquetear con Moscú y Pekín”, arruinando así la reputación internacional del país.

Se nos dice que Mario Draghi, sin ayuda de nadie, ha puesto en marcha una revolución no solo en Italia sino en toda la UE

Ahora, sin embargo, todo ha cambiado. Draghi no solo lidera finalmente esas «reformas» que supuestamente son «muy necesarias» para Italia: su «plan de reforma» presentado recientemente a Bruselas como condición para acceder a los fondos del tan promocionado «fondo de recuperación» de la UE, el El Fondo de Recuperación y Resiliencia (RRF, por sus siglas en inglés) ha sido elogiado por Bloomberg como «una oportunidad única en la vida [para] modernizar un estado disfuncional». Pero, según nos dice el Financial Times, «la voz de Roma [ahora] se escucha fuerte y clara en París y Berlín» y, de hecho, «está fijando cada vez más la agenda a medida que la UE intenta salir de la pandemia de la COVID-19».

En particular, a Draghi se le atribuye supuestamente «sacudir» a la UE en su gestión de las vacunas (notoriamente lenta y torpe), luego de su decisión de incautar un envío de vacunas con destino a Australia, que se dice que empujó a la Unión Europea a “autorizar medidas aún más amplias y duras para frenar las exportaciones de vacunas COVID-19 que tanto se necesitan en Europa”.

Finalmente, Draghi también ha sido elogiado por liderar el camino en política fiscal en Europa, al anunciar el «mayor plan de estímulo de Europa», que supuestamente está «ayudando a que el bloque se alinee más con un impulso en el mundo avanzado para priorizar los estímulos extraordinarios como la respuesta central de los gobiernos a una crisis económica excepcional”.

Resumiendo, básicamente se nos dice que Mario Draghi, sin ayuda de nadie, ha puesto en marcha una revolución no solo en Italia sino en toda la UE. Y todo en el transcurso de unos meses. Pero, ¿alguna de estas grandes afirmaciones resiste la prueba del escrutinio básico?

Comencemos por la noción de que los problemas de Italia radican fundamentalmente en la falta de reformas liberalizadoras y que, al emprender dichas reformas, el país finalmente puede volver a emprender una senda de crecimiento. Este es un viejo motivo, particularmente popular al norte de los Alpes. Desafortunadamente, los datos no lo respaldan en absoluto. De hecho, desde principios de la década de 1990, como documenta este estudio reciente, Italia ha introducido una gran cantidad de reformas liberalizadoras que van desde reformas de gobierno corporativo destinadas a flexibilizar el control corporativo, hasta la privatización de los principales bancos y empresas estatales, así como reformas que mejoren la flexibilidad del mercado laboral y aumenten la competencia de productos y mercados. De hecho, los datos “muestran que Italia introdujo reformas liberalizadoras con más intensidad que la mayoría de los demás países, especialmente a partir de 1992, más que Alemania y, especialmente, Francia”. Tan solo en la última década, la clasificación de Italia de «facilidad para hacer negocios», según el Banco Mundial, ha pasado de la posición 78 a la 58, una mejora de 20 puntos, sin un impacto notable en el crecimiento.

Draghi está en camino de convertirse en un Macron 2.0

De hecho, en todo caso, la introducción de estas reformas ha coincidido con el comienzo del estancamiento de la economía italiana. Eso no es una coincidencia: ahora se ha documentado empíricamente (ver aquí y aquí) que la crisis de décadas de Italia debe considerarse como una crisis del orden del capitalismo italiano posterior a Maastricht, basada en la privatización, la austeridad fiscal, la compresión salarial y la desregulación radical de los mercados laborales (lo que eufemísticamente se denominan “reformas estructurales”), que representan la esencia del manual macroeconómico de la Eurozona. Curiosamente, como explico en este artículo, uno de los principales patrocinadores de este “régimen de las reformas”, ya a principios de la década de 1990, no fue otro que el propio Draghi. Así que lo último que Italia necesita son más reformas que maten el crecimiento y que, para empezar, son las que han metido a Italia en este lío.

De hecho, para aquellos que afirman que Italia tiene la suerte de tener finalmente un líder incondicionalmente pro-UE al frente del país, probablemente valga la pena recordarles que los gobiernos de Italia, durante las últimas décadas, han sido todos incondicionalmente pro-UE, y que el gobierno del Movimiento Cinco Estrellas-Liga estuvo en el poder durante poco más de un año (2018-2019), lo que dificulta atribuir la culpa de los problemas de Italia a los “populistas”.

En cuanto a la idea de que Draghi ha «sacudido» la gestión de las vacunas en la UE, no está claro a qué se refiere. La UE sigue estando muy por detrás de otras naciones avanzadas (e incluso de muchas no avanzadas) en términos de cobertura de vacunas, y su estrategia de adquisición sigue enfrentándose a un obstáculo tras otro. Además, el hecho de que los entusiastas de la UE ahora elogien a Draghi y al bloque en su conjunto por frenar finalmente la exportación de vacunas es particularmente surrealista, dado que la UE se basa en la sacralización de las cuatro libertades capitalistas por excelencia: la libre circulación de mercancías, servicios, capital y personas -y más en general sobre la limitación de la intervención estatal en la economía.

El hecho de que los mismos entusiastas del libre mercado (incluido Draghi) que durante años han defendido esta arquitectura ahora estén animando a los controles de exportación es grotesco, y es una demostración contundente del hecho de que la UE solo puede sobrevivir rompiendo constantemente sus propias reglas. Pero toda la situación se vuelve aún más grotesca por el hecho de que la UE no ha implementado una prohibición real de exportación. Así que estamos en presencia de una narrativa que no solo es incongruente, según sus propios estándares, sino también falsa. De hecho, los últimos datos muestran que la Unión Europea sigue exportando más vacunas de las que administra, con 33,4 millones de dosis exportadas desde la UE solo en la semana entre el 6 y el 13 de abril.

Hablando de vacunas, también vale la pena señalar que Draghi ni siquiera fue invitado a unirse a la reciente conferencia telefónica celebrada entre Merkel, Macron y Putin para discutir sobre la vacuna Sputnik V de Rusia –deja que desear para quien se supone que «establece la agenda en Europa».

Finalmente, el plan de estímulo «masivo» de Draghi, después de una inspección más cercana, es mucho menos impresionante de lo que uno pueda pensar. Draghi ha anunciado que elevará el déficit público al 11,8% del PIB. Ahora bien, si bien eso puede parecer mucho, hay que tener en cuenta que el déficit del año pasado fue del 10,8% del PIB. Así que estamos en presencia de un aumento del uno por ciento en el déficit, en el mejor de los casos. Esto no es un gran estímulo. Como señaló en Twitter Ashoka Mody, ex subdirector de los departamentos de Investigación y Europa del Fondo Monetario Internacional: “La cifra muestra el déficit, que no es lo mismo que el estímulo. El déficit es alto porque la economía se hundió este año. Un estímulo es un aumento del déficit para impulsar el crecimiento. Mi lectura de las cifras del FMI es que, tanto en cuanto a estímulo como a métricas de crecimiento, Italia se quedará rezagada el próximo año”.

Con todo, Draghi está en camino de convertirse en un Macron 2.0: en el momento de su elección, los principales medios de comunicación elogiaron al líder francés como un gran reformador modernizador y pro-UE; hoy tiene uno de los índices de aprobación más bajos de Europa. Puedes pasar por alto la realidad tanto como quieras, pero tarde o temprano te alcanza.

Texto traducido por Sergi Cutillas.

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