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Pragmatismo o rendición

Para gran satisfacción del unionismo, el ex consejero Andreu Mas-Colell ha renunciado a seguir luchando por la independencia.

Economista. Director de Innovación Social en el Ayuntamiento de Barcelona
25/09/2020

Para gran satisfacción del unionismo, el ex consejero Andreu Mas-Colell ha renunciado a seguir luchando por la independencia. El patriotismo se defiende en el día a día, ha venido a decir, y la independencia debe quedar aparcada por muchos años. Parece un retorno del peix al cove («pájaro en mano») que se terminó en 2012, cuando siendo él consejero de economía, y co-gobernante de facto con el PP en la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona y la Diputación de Barcelona, la Generalitat arruinada perdió su poca autonomía financiera.

El déficit fiscal sigue igual que hace 10, 20 o 30 años: alrededor del 6% del PIB catalán. No es que España nos robe, es que de todo lo que nos recauda, nos devuelve mucho menos.

Vayamos a ver la situación actual, y así adivinaremos qué nos promete el consejero si le hacemos caso.

  1. El déficit fiscal sigue igual que hace 10, 20 o 30 años: alrededor del 6% del PIB catalán calculado con flujo de carga beneficio (que reparte el gasto centralizado entre los habitantes del reino a prorrata) o del 8% calculado con flujo monetario (allí donde se gasta el dinero). No es que España nos robe, es que de todo lo que nos recauda, nos devuelve mucho menos. Y esto se nota en menores recursos para la Generalitat y menores inversiones presupuestadas por el estado aquí, y menos cuando vamos a los datos de ejecución real. Y ello con un costo de la vida más caro en Cataluña que en el resto del Reino, que nos hace pagar más impuestos y que nos cueste más sobrevivir.
  1. Cataluña tenía hasta ahora las matrículas universitarias más caras del Reino. Ahora la Generalitat las ha rebajado, también contra la opinión del ex consejero, que opina que las becas ayudan ya bastante a los estudiantes pobres, o sea el mismo tipo de razonamiento que afirma que las ayudas para pobres llegan de verdad a los pobres. Sólo pensemos en ¿cuánto talento se ha perdido porque muchos estudiantes no tenían expectativas de poderse pagar la universidad y abandonaron los estudios? (Un dato: la tasa de abandono escolar en Nou Barris, en Barcelona, es 7 veces más elevada que en Sarrià-Sant Gervasi, (también Barcelona) y ningún estudio nos dice que sean 7 veces más ineptos)

Cataluña tenía hasta ahora las matrículas universitarias más caras del Reino. Ahora la Generalitat las ha rebajado, también contra la opinión del ex consejero

  1. Cataluña sigue siendo la fábrica de España y la principal región exportadora. La balanza del comercio de bienes y servicios con el resto del Reino es de 14.000 millones de euros de superávit, cifra similar a la del déficit fiscal (el dinero llega y se va, así es). En comparación, la balanza de Madrid es deficitaria de 8.000 millones (el dinero se va y lo mandan traer de nuevo, para mantener la tecnoestructura -lonja del Bernabeu y deep state incluidos). Esta balanza comercial favorable se complementa con una desconexión progresiva de la economía catalana respeto de los mercados del Reino. Hace 20 años, el 39% de las ventas de bienes producidos en Cataluña se dirigía al mercado del resto de España, el año pasado fue del 26%, el más bajo de la serie conocida. La posición de Cataluña se aguanta, pero con pinzas: a favor dispone de un tejido industrial creado hace más de dos siglos y una posición geográfica próxima al centro de Europa. En cambio, una elevada dependencia de multinacionales extranjeras, muy pocas grandes empresas de obediencia catalana y muy poca inversión en I+D, ni pública ni privada.
  1. El cuarto factor es la división social. Lo de un solo pueblo se ha ido a las estanterías de la historia cuando las sucesivas crisis han dejado tirados a los más débiles. Podríamos simplificar la fractura (perdonad la caricatura, pero mirando los barómetros del CEO y la correlación renta/idioma/origen versus voto independentista o unionista, las tendencias son claras aunque hay obviamente trasvases entre los espacios, como que todavía existe un mínimo de ascensor social y más mezclas familiares) diciendo que hay tres grupos de catalanes: los de raíz inmigrante del resto de España (ellos mism@s o sus padres y abuel@s venidos durante los años 50, 60 y 70), que mantienen el castellano como lengua vehicular (curiosa lengua oprimida con 500 millones de hablantes, que es la única que puedes utilizar en la mayoría de organismos públicos estatales con delegación en Cataluña; o abrumadoramente mayoritaria en los medios de comunicación que se leen, ven o escuchan aquí), tienen un nivel de estudios más bajo que la media y de la Generalitat no han recibido demasiado apoyo siempre que lo han pasado mal (el gasto en pensiones que paga el estado es 100 veces el gasto en Renta Garantizada de Ciudadanía que paga la Generalitat, y el gasto en paro lo es más de 10 veces -aunque ahora a algunos les cueste cobrar los ERTE, y las ayudas en vivienda dan risa si nos comparamos con Europa). Y viven mayoritariamente en Tabarnia. El segundo grupo son los catalanes de raíz, clase media o media alta, con más estudios pero también con tías y campesinos, lazos y tractores, los dos millones y pico que parece que no se cansan de votar equivocadamente, el soufflé más largo de la historia reciente. Y el tercer grupo no cuenta, un 20% de la población con nacionalidad extranjera, con un 50% de pobreza, ni votan ni interesa que lo hagan, no sea que algunos reclamen derechos sociales además de políticos. De ricos, los hay en los tres grupos, los que colaboran con la explotación del país por cuenta de sus dueños de Madrid (los llamaríamos la clase colonial), los que miran hacia afuera porque dan por perdido el mercado español, y la clase Expat que vive en Barcelona o Castelldefels y no son de este mundo. El reparto nacional I, nacional II e internacional es 40-40-20. 
  1. Cuando históricamente el pujolismo y el felipismo arrasaban a las elecciones catalanas autonómicas y generales ya se veía de qué pie cojeaban los dos grandes grupos nacionales. Los españoles no votaban en las autonómicas, perpetuando por omisión el mando de los Pujol-Ferrusola, y en cambio sí lo hacían en masa en las generales. El voto al PSC-PSOE era la goma que se comprimía o estiraba porque algunos no creían que el autogobierno catalán fuera importante.

Y hasta aquí hemos llegado hoy: un déficit fiscal que impide desarrollar un estado del bienestar como es debido, sin universidades accesibles ni una I+D potente para enterrar el modelo inmobiliario-turístico (siempre es más fácil obtener una hipoteca que un renting de maquinaria) . Pero al catalán medio aburguesado nacional II eso del estado del bienestar débilucho le da bastante lo mismo, pues lleva a los hijos a la concertada, los hijos universitarios que quieren ser empresarios en ESADE, está apuntado a la mutua médica y tiene unos cuantos pisitos y locales alquilados que le garantizan que aunque las pensiones públicas vayan menguando, él no perderá el estatus y que sus hijos también sean propietarios. Y mantiene una red de relaciones para seguir preservando, aunque con dificultades, el estatus de los herederos. Ya se sabe que esto de la meritocracia queda superado por la potencia del capital bridging.

Y, por supuesto, para un buen número de nacionales I, educación débil, acceso a la universidad difícil y pocas ayudas sociales implica la perpetuación de la vulnerabilidad, mirar Telecinco y poco interés por la política, y no entender cómo la explotación de las finanzas catalanas y varias decisiones más que se toman a 650 kilómetros perpetúan su situación generación en generación. Y ahora compitiendo, además, con los recién llegados de los cuatro rincones del mundo por coger una bicicleta con una caja trasera mayor que él.

Es esto lo que quiere perpetuar el ex consejero? Quiere preservar el patriotismo de la clase media convergente/con seny que no quiere pagar demasiados impuestos y cotizaciones, porque ni necesita que la escuela ni la sanidad pública sean de calidad o que el acceso a la universidad sea equitativo? Albert Carreras (ex secretario general de Economía con Mas-Colell) escribía recientemente sobre la fake de la decadencia catalana frente a Madrid. Económicamente, decía, no hay manera de que Madrid se imponga en Cataluña de manera clara a pesar de los esfuerzos de centralización que hacen los poderes políticos, que hacen que, por ejemplo, ya sólo queden dos empresas con sede catalana en el IBEX35 (una, a finales de 2017). Y esta resiliencia es mérito del ecosistema de emprendimiento, innovación y vocación internacional. Ahora bien, en términos sociales, también el mismo Albert Carreras explicaba hace unas semanas el enorme coste que tiene la infrafinanciación del estado del bienestar en Cataluña, como reflejan los malos resultados de los índices de progreso social a nivel estatal o entre regiones europeas, muy por debajo de lo que nos correspondería por PIB per cápita. Lo que no explicitaba es que quien lo sufre ahora y también sus consecuencias futuras serán una parte importante de los que están en contra de la independencia, como si fuera una clase de masoquismo del tipo «antes pobre que roto», para alegría de la clase colonial y absentismo emocional de la clase indepe con poca conciencia de clase. Esto significa, de facto, reforzar más la no existencia de un solo pueblo, cada vez más roto socialmente.

Por lo tanto, la paradoja es que el ex consejero acierta, y tiene muchas probabilidades de que se cumplan sus vaticinios, todo ello se mantendrá con la clase nacional española empobrecida de manera cronificada, sin recursos públicos para salirse, votante de cualquier cosa que se diga federalismo, autonomismo o ciudadanomisme, mientras la clase patriota catalana puede volver a hacer la puta y la ramoneta, «Volviendo a ser una pieza clave de la gobernabilidad de España», como el PNV, al que no necesita más recursos porque ya los tiene todos, a diferencia de nosotros y de los que más lo necesitan.

Para mí lo más relevante es observar cómo el debate sobre la conveniencia de la independencia ha ido tapándon al elefante que tenemos paseándose por casa: que es que somos un país bastante rico como para que nadie tuviera que preocuparse, estuviera bien atendido, pueda realizarse como persona, y ser solidarios con el resto de pueblos de la actual Reino y del mundo. Pero no llegamos porque no somos soberanos para administrarnos los resultados de nuestros esfuerzos colectivos. Y como ahora renunciamos a serlo, no hay que tener mucho interés en mejorar las condiciones de los que no nos votan. ¡Qué error!

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