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Presentación de ‘Manifiesto Municipalista’. Federación y anticentralismo: de Pi i Margall al Confederalismo kurdo

Publicamos el prólogo escrito por Xavier Calafat a 'Manifiesto Municipalista', libro de Alejandro Caamaño. En él, Xavier Calafat trata de mostrar las particularidades del republicanismo federal pimargalliano y las similitudes entre Pi y la experiencia confederal kurda.

Agon. Qüestions Polítiques
25/09/2021

Cuando tuve la oportunidad de leer el trabajo de Alejandro [Caamaño] enseguida noté que en sus páginas se contenía no solo una investigación académica, sino la propuesta de un programa de transformación social.

Por eso cuando Alejandro me ofreció este espacio para que pudiera contar en unas breves líneas la intersección de nuestras investigaciones y militancias, no podía más que decir que sí. Esto se debe a que la investigación que ha realizado Alejandro nos trae a nuestros escritorios, salones y sillones (como lugares donde solemos realizar el acto de lectura, entiéndase) un mundo desconocido por buena parte de los movimientos sociales del Estado Español y de sus activistas, y cuyo conocimiento puede implicar un cambio de perspectivas: hablamos de la experiencia libertaria de Rojava, situada en el Kurdistán Occidental.

Algunos sectores de la izquierda anticapitalista sin duda estarán familiarizados con lo que ha supuesto que el mayor pueblo sin estado del mundo se haya convertido en el puntal de lucha contra el islamofascismo al tiempo que desarrollaba una experiencia revolucionaria, solo vista, por mencionar algunas experiencias similares, en la Revolución Española del 36, las Colectividades de Aragón o, más recientemente, los Caracoles autogestionados por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.

Pero por lo general, la tendencia al centralismo, al estatismo y a visiones monistas de la cuestión nacional en España han determinado que las organizaciones políticas se encuentren en un momento de cierre, de reproducción de viejas dinámicas obsoletas y de falta de nuevos horizontes. Por eso este libro. Para reavivar el debate y salir de la situación actual. Es por ello, que este libro no trata exactamente del Kurdistán; ni tampoco de la búsqueda de modelos exóticos de transformación social para importar. Como tampoco trata de idealizar a un pueblo de Oriente Medio. Esto va sobre nosotros, de mirarnos hacia dentro y hacia nuestra historia y conflictos.  Por eso la investigación ha girado en torno al municipalismo en Catalunya, las prácticas de éxito realizadas desde diversos Ayuntamientos catalanes y la propuesta de partir desde estos “abajos” para radicalizar la democracia.

Es así que como esto va de nosotros, de las clases subalternas de España y Catalunya, que he creído interesante aceptar la propuesta del autor y establecer un puente entre dos corrientes políticas que a priori pueden parecer muy lejanas una de otra, entre el republicanismo federal pimargalliano y el confederalismo libertario kurdo.

Desde hace poco menos que año y medio, he venido trabajando conceptos, prácticas y teorías de un movimiento político que marcó el siglo XIX en el Estado Español. Se trata del republicanismo federal y de un autor en concreto, Francesc Pi i Margall. Volver sobre los pasos de este autor y el movimiento político al que su teoría vino a darle forma, no ha sido un capricho intelectual, sino que ha sido una necesidad: una necesidad de dotarnos de herramientas intelectuales para comprender la fase en la que la crisis orgánica del “Régimen del 78” entraba y el impasse o limite en que las fuerzas del cambio político se encontraban. Recuperar los debates que mantuvieron los dirigentes federales, leer alrededor de la experiencia de la I República Española y su intento de federalizar el estado o entender el estallido cantonal del 1873, tiene sin duda un valor explicativo a la hora de entender nuestro presente político.

Así a pesar del olvido sistemático que ha sufrido el republicanismo pimargalliano, nos encontramos en un momento prolífico donde las investigaciones abundan; el recientemente creado “Institut Sobiranies” junto con el colectivo de pensamiento “Debats pel Demà” han impulsado un curso llamado “Les arrels polítiques de les esquerres catalanes” cuya conferencia inaugural impartió Xavier Domènech, precisamente sobre la obra de Pi i Margall. Además, también disponemos de una mejor exploración del tema por parte del mismo autor, en los primeros capítulos de su último libro Un haz de naciones. El Estado y la plurinacionalidad en España (1833-2017). Aprovecho para señalar que el texto que sigue es deudor de las ensañas que he aprendido de escuchar y leer a Xavier Domènech en más de una ocasión.

También deberíamos añadir el trabajo de Jaime Pastor, los artículos que Gerardo Pisarello ha venido publicando sobre el republicanismo hispano o la tesis doctoral de Catalina Martorell sobre el republicanismo federal en Mallorca.

La tradición federal en la cultura política de las clases subalternas

Volviendo a nuestro tema, creo que hay diversas conexiones entre el pensamiento federal pimargalliano y el confederalismo libertario kurdo. Conexiones que, pueden ayudar a ver como más cercana la práctica política radical kurda, al encajar esta con la propia tradición política de las clases subalternas españolas (y catalanas). Puesto que, si la característica de la práctica política kurda es la asociación por abajo, la descentralización y la confederación de estructuras parciales autónomas de una sociedad concreta sin duda podemos afirmar que el republicanismo pimargalliano y por ende, las diversas culturas políticas de los grupos subalternos del Estado Español, al menos hasta el final de la Guerra Civil del 36, han ido de lo mismo.

Como dejaría escrito el brillante historiador Pere Gabriel Sirvent, es indudable la existencia de puentes bastante más de fondo que unas simples coincidencias de estrategia política del día a día entre el anarcosindicalismo, el republicanismo catalán o gallego o el socialismo marxista, con el republicanismo pimargalliano[1]. El pensamiento de Pi tuvo una influencia decisiva en el anarcosindicalismo de la CNT, por ejemplo, Frederica Montseny escribió un prólogo a la reedición del libro del dirigente federal La Reacción y la Revolución, o así como el propio cooperativista Joan Peiró, que llego a decir que «la personalidad de Pi i Margall, uno de los grandes hombres del siglo pasado, no es indiferente a los trabajadores del siglo presente». Se puede ver también esta influencia en el catalanismo de izquierdas de Gabriel Alomar o Lluís Companys, de hecho, la fórmula que empleó en el 34 el President de la Generalitat, aquello de «proclamo el Estado Catalán dentro de la República Federal Española» no podía ser sino la concreción del programa federativo de los federales del XIX. Otras ideologías como el andalucismo de Blas Infante o el galleguismo de Aureliano Pereira también estarán directamente vinculadas con el pensamiento de Pi.

Estas tradiciones políticas encontraron en el modelo pimargalliano, un punto de partida para desarrollar sus programas de transformación social, tejiendo un hilo “federal” de la historia de los movimientos sociales españoles, en respuesta a la construcción de estructuras políticas y económicas centralistas.

Esto es así, debido a que el modelo de desarrollo del capitalismo hispano y por ende la construcción del Estado liberal, se impusieron sobre un conjunto societal muy heterogéneo, de forma que para poder desarrollar la acumulación de capital era necesario centralizar el poder de mando, era necesario extraer el poder de los territorios para implantarse; desencadenando así toda una serie de conflictos sociales.

Es esta configuración cerrada y excluyente —una configuración monárquica, centralista y antidemocrática del Estado-nación hispano que Pi es de los primeros en ver— la que explica que se conformará una alternativa republicana, federal y socializante. De hecho, los republicanos federales leyeron la historia de España como un continuum, comouna serie de levantamientos regionalistas contra la expansión del tiránico poderreal. Así podríamos ver a los comuneros, lasgermanías, los defensores de las libertades de Aragón contra Felipe II y los deCataluña contra Olivares y Felipe V[2].

Algo así también vino a afirmar Marx cuando recordaba que España parecía «una aglomeración de repúblicas mal administradas con un soberano nominal a la cabeza». Esa “aglomeración de repúblicas” se había configurado así por el establecimiento del Imperio Español, sobre unas estructuras societales multinacionales, herederas de los antiguos reinos peninsulares[3]. Lo que a su vez determinó que los nodos de desarrollo social más avanzado se situaran en las periferias del estado (donde se sitúan las naciones sin estado), configurándose el centro político, Madrid, como el núcleo de avanzada oligárquico. Desde entonces, toda mecha de cambio social ha prendido primero en las periferias. Fue así en la Guerra del Francés, en la Revolución Gloriosa del 68, en la Revuelta Cantonal del 73 o en el establecimiento de la II República.

No por casualidad, Joaquín Maurín, el comunista heterodoxo miembro fundador del POUM y quizá una de las cabezas marxistas más bien amuebladas de la época, aconsejaba a las fuerzas revolucionarias tomar Madrid «mediante un movimiento convergente que parta desde la periferia» refiriéndose a la capital como «fortaleza reaccionaria»[4].

Y sigue siendo así hoy en 2020: cuando el voto a Vox se concentra en aquellas zonas históricamente más españolistas y vinculadas al centralismo, mientras que en un sentido inverso en aquellas zonas donde la balanza se inclina hacia la izquierda y el voto a Vox es muy pequeño son aquellas «donde más débil es la identidad nacional española»[5], es decir, en las naciones sin estado.

Por tanto, podríamos afirmar que los procesos constituyentes de carácter popular han tenido una tendencia federalizante y/o descentralizante, mientras que los procesos deconstituyentes de carácter oligárquico han profundizado en las tendencias centralizantes y autoritarias de la formación social española.

Ante esto, por decirlo así, es Pi i Margall el que sintetiza toda la tradición revolucionaria española y la dota de un contenido novedoso y orgánico. En Pi i Margall culmina toda la anterior tradición progresista que, sin saberlo, había ido definiendo una concreta manera federalizante de llevar a cabo sus actuaciones. Y es esta síntesis original, que hará que su pensamiento influya determinantemente en los actores políticos populares que tendrán un rol fundamental a principios del siglo XX (como los ya mencionados más arriba). Así el republicanismo federal de Pi i Margall se configurará como una particularidad española de las ideologías emancipatorias[6].

Federación, anticentralismo y cuestión nacional

Veamos ahora en más detenimiento los planteamientos federales; intentaré analizar los hechos que se extraen del federalismo pimargalliano para luego conectarlos con el pensamiento de Abdullah Öcalan y el confederalismo libertario kurdo.

Para empezar, el federalismo de Pi no puede entenderse como un simple ejercicio de distribución del poder institucional por el territorio. Esta, que suele ser la definición más actual que se da a los modelos federales, acaba presentando los mismos como simples articuladores de las democracias liberales, no tiene nada que ver con el modelo pimargalliano, el cual como bien ha indicado Ramón Máiz, presenta «una concepción que desborda la mera forma de gobierno y se prolonga como un entero sistema social, extensible al ámbito de la economía y la sociedad»[7].

El programa que propone el dirigente federal es un cambio radical del Estado y de la soberanía. La base de este programa empieza por el individuo y el municipio. No es casualidad que el municipio se situé en el base de la concepción federal pimargalliana, como parte de la síntesis histórica que realiza Pi en Las nacionalidades, aparece la necesidad de hacer “renacer” las antiguas libertades locales y forales que la monarquía había querido borrar. Y es que sí el ala progresista, hija de los exaltados del Trienio Liberal y antecedente natural de los federales, levantará como seña de identidad precisamente la autonomía de los municipios, el moderantismo se aferrará a la necesidad de reforzar y estabilizar las estructuras centrales del Estado.  Es así como la tradición política progresista española, ha encontrado siempre en los Ayuntamientos los puntales desde los que emprender su lucha, no en vano la II República nació debido a unas elecciones municipales.

Aquí de nuevo, la actualidad es apabullante: las fuerzas del llamado “cambio político” conquistaron una gran relevancia nacional cuando en las elecciones municipales del 2015 ocuparon las alcaldías de Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Santiago o Cádiz. Y en su anverso, las políticas del Partido Popular y la tristemente famosa “ley Montoro” han ido dirigidas a sesgar la autonomía financiera municipal.

Pi i Margall propondrá que los elementos que componen la nación, «el individuo, el municipio y la provincia» sean «completamente iguales y autónomos»[8] de forma que esta nueva distribución de la soberanía política permita, dividiendo el poder de abajo-arriba, reconstruir la estructura del Estado mediante un pacto federal.

Así «la unidad se va formando de abajo hacia arriba por la escala gradual de los intereses: intereses locales, provinciales, nacionales, continentales, europeos, humanos» de forma que «dentro de sus particulares intereses conserva cada grupo su independencia»[9].

Creo que el confederalismo kurdo, inspirado en la teoría de Murray Bookchin no se aleja tanto de esto. Como nos recuerda Alejandro los kurdos han tratado de hacer una redistribución radical del poder en la sociedad, abarcando “nuevas formas de pensar y sentir para construir una confederación descentralizada de municipios”. Pero siendo atrevidos, podríamos decir que este modelo no dejaría de estar inspirado entre otras cosas por el ejemplo de los federales españoles.

Fue el propio Bookchin el que dedicó una parte de su obra a estudiar el caso de España. En el texto Los anarquistas españoles. Los años heroicos 1868-1936, del año 1977, podemos encontrar un análisis acerca de las estructuras societales que se desarrollaban al tiempo que el poder del monarca trataba de imponerse:

«Los fueros, que promovieron este singular desarrollo, ayudaron a proveer al pueblo de una fuerza que ningún montaje de ninguna estructura burocrática podría equiparar. También generaron las fuerzas centrífugas que amenazaban permanentemente al poder central, o por lo menos la validez de sus funciones. […] Transportados dentro de un ambiente urbano, estas tendencias de localismo transformaron la ciudad en una suma de pueblos, el sindicato en patria chica, la fábrica en comunidad.»[10]

En este análisis, el inspirador del ejemplo confederal kurdo reconocía la tendencia anticentralista de la formación social española, que se plasmaba en un proceso de reapropiación efectiva de la soberanía desde lo local, como recuerda el profesor Jordi Mundó en el prólogo que precede a mi introducción. De ahí, que posteriormente nos encontremos con una alabanza hacia Pi i Margall como “el precursor del movimiento libertario español”[11]. El municipalismo libertario partirá desde este punto, sin caer por eso en cierto idealismo anarquista, como nos recordaba Janeth Biehl «Bookchin sostenía que para hacer una revolución se necesitaba una manera de obtener poder político activo, concreto, establecido, estructural, legal»[12] y desde su obra Urbanization without Cities (1986) lo había encontrado en el municipio, en el poder local.

Pero ¿a qué se debe en ambos casos esta tendencia a partir del municipio y a la federación? Fundamentalmente a un principio anticentralista. El centralismo es considerado en el caso kurdo, como el mecanismo que ha permitido la hibridación del Estado-nación con el modelo productivo capitalista.  Este mecanismo anticentralista puede ser entendido mediante la Economía Política Crítica, modelo que como explica Alejandro se presenta como «contraposición colectiva al centralismo de las administraciones estatales relativo a la gestión de recursos top-down».

Si bien en el caso kurdo el anticentralismo parece derivar en un modelo cuasi autogestionado, las similitudes con el republicanismo pimargalliano están ahí. Pi i Margall entendió que el centralismo era el fundamento de la degeneración de las instituciones republicanas: «lo que constituye una monarquía no es la existencia de un Rey, sino la centralización política»[13]. Por tanto «una república centralista» no podía ser otra cosa que «una monarquía con gorro frigio»[14]. Pi comprendía que en España había que romper la estructura centralista del viejo estado monárquico y proceder a una descentralización radical del Estado para que así florecieran la vida social y el progreso.

Según mi buen amigo Xavier Granell[15], una de las inspiraciones del modelo federalista pimargalliano fue el entonces naciente asociacionismo obrero en el que vio un modelo de resistencia contra el despotismo patronal. Para el catalán estas asociaciones debían ser el sostén del nuevo Estado federal. Si había unos monarcas a los que destronar, aquellos no solo eran los reyes dinásticos de la Corte. También aquellos “monarcas industriales” que al decir de Antoni Domènech en el ámbito de esa “loi de famille” actuaban despóticamente sin control alguno. La centralización, como bien han entendido los kurdos es sinónimo de capitalismo.

En definitiva, si la centralización da alas a la reacción, la federación se las corta. Esto también lo supo intuir el dirigente poumista citado antes. En una reflexión de clara reminiscencia pimargalliana, Maurín escribió que en el Estado Español «la estructuración federal (…) rompía el viejo estado, lo hacía trizas, obligándole a desaparecer» además en la misma página podemos intuir su lamento por el destino de la I República de 1873,  puesto que -dice Maurín- si hubiera triunfado «la cristalización de España como una República democrática federal» el país sería otro,  ya que «las regiones, los municipios, hubiesen despertado de un largo letargo trocándose en trincheras y murallas de la revolución democrática»[16].

Finalmente y quizá donde más conexiones encontramos en los dos casos, es en la política para con las naciones sin estado. De forma casi exacta a Pi i Margall, tal vez debido a la problemática étnica y nacional del Kurdistán, Abdullah Öcalan ha definido un modelo que se opone tanto a la gramática de la modernidad basada en el predominio de un estado-nación anclado en una única cultura nacional dominante, como al principio de las nacionalidades que define la liberación de los pueblos oprimidos como la construcción de nuevos estados-nación. Si Pi llegó a decir que había cambiado la concepción de la soberanía por la del pacto sinalagmático, Öcalan ha propuesto el concepto de “nación democrática” como alternativa a la lógica del estado-nación capitalista. En ambos casos nos encontraríamos con lo que Alejandro ha llamado “una redefinición de la idea misma de soberanía”.

Desde su reconversión a las filas del confederalismo democrático, el líder kurdo abandonó el monismo nacional, y combatió la idea de que la solución kurda pasaba por la constitución de un estado-nación independiente, según Biehl, Öcalan llegó a afirmar que «el PKK debía abandonar su objetivo de lograr un Estado separado y adoptar un programa democrático para Turquía en general»[17]. A continuación vendría el surgimiento del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) que representa una alianza política entre los municipios del sudeste más monolíticamente kurdos y comprometidos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán —PKK— hasta las aldeas de la Anatolia profunda con hegemonía del islam político o las ricas y kemalistas ciudades de la costa mediterránea. Una alianza entre armenios, circasianos, personas trans, trabajadores explotados, funcionarios expedientados y las feministas pensada como la otra pata de la estrategia kurda: democratizar Turquía. Como recuerda Toni Trobat es como «si aquí Podemos lo hubieran impulsado las fuerzas independentistas de izquierda catalanas o vascas»[18].

El Kurdistán que es la nación sin estado más grande del mundo, se encuentra divida entre 5 estados nacionales. El pueblo kurdo se extiende por Turquía, Irán, Irak, Siria y Armenia. Además, lo componen diferentes etnias y religiones, la búsqueda de un modelo de convivencia no podía ser otro que un modelo (con) federal. Así el confederalismo kurdo puede ser explicado como un intento de «organizar al pueblo kurdo en todos sus territorios bajo una cierta autonomía sin tocar los Estados-nación ni sus límites territoriales en los cuales se encuentra la población kurda»[19]. Esto ha sido llamado “autonomía democrática”.

Pi trató de realizar algo similar. Su Federación que parte del individuo y el municipio, suponía una apuesta por un reconocimiento de las soberanías de las periferias y de las naciones sin estado (lo que él llamaba “provincias que antes fueron naciones”). La fuerza de este programa federal fue inmensa en aquellos años del Sexenio Democrático, tal que cuando Pi ascendió a presidente de la I República, el pueblo decidió llevar a término la federación por su propio ímpetu, desencadenando la Revuelta Cantonal de 1873 en la que cada cantón se declaró soberano e independiente en espera de un proceso de libre asociación federal que edificará la república de abajo-arriba.

Espero que esta introducción sea interesante para el lector, que tiene entre sus manos, más que un texto académico, un manual para organizar municipios liberados. Justo ahora en estos tiempos de giro turco del campo político, en que algunos Abascales parecen Erdoganes con una concepción de la nación que pretende aplastar al resto de naciones resulta estimulante la alternativa política kurda y la reflexión tan pimargalliana que ofrece un Abdullah Öcalan inspirado en el municipalismo libertario de Bookchin y Biehl.


[1] Gabriel Sirvent, Pere.  “Pi i Margall y el federalismo popular y democrático. El mármol del pueblo” en Historia Social, 2004, 48, pp. 49-68.

[2] Hennessy, Charles Alistair Michel. La república federal en España. Pi y Margall y el movimiento republicano federal, 1868-1874. Editorial Catarata, Madrid, 2010, p. 92.

[3] Villacañas, José Luis. Historia del poder político en España. RBA Libros, Madrid, 2014.

[4] Maurín, Joaquín. Revolución y contrarrevolución en España. Ruedo Ibérico, París, 1966 [1935], pp. 177.

[5] Sánchez-Cuenca, Ignacio. “Noticia electoral sobre Vox para la izquierda” en CTXT, 2019 https://ctxt.es/es/20191106/Politica/29494/Ignacio-Sanchez-Cuenca-analisis-elecciones-Vox-nacionalismo-xenofobia.htm

[6] Junto con Xavier Granell me he encargado de explorar mejor esta cuestión en otro lugar. Véase “Pi i Margall y la tradición republicana democrática española” en SinPermiso.

[7] Máiz, Ramón. ”Estudio introductorio” en Pi i Margall, Francisco. Las nacionalidades. Escritos sobre federalismo. Akal, Madrid, 2009, pp. 31.

[8] Pi i Margall, Francesc. Las nacionalidades. Escritos sobre federalismo. Akal, Madrid, 2009, pp. 172.

[9] Ibídem, pp. 176-177.

[10] Bookchin, Murray. Los anarquistas españoles: los años heroicos 1868-1936, Grijalbo. Barcelona, 1980 [1977], pp. 68-69.

[11] Ibídem, p. 128.

[12] Biehl, Janet. “Bookchin, Öcalan y las dialécticas de la democracia” en Theanarchistlibrary.org

[13] Pi i Margall, Francesc. “Quina ha de ser la nostra forma de govern?”, en Les nacionalitats. Escrits i discursos sobre federalisme. Generalitat de Catalunya. Institut d’Estudis Autonòmics. 2010 [1856] p. 447.

[14] Pi i Margall, Francesc. “Discurs pronunciat en l’Assamblea dels federalistes catalans”, en La qüestió de Catalunya. Barcelona, Societat catalana d’Edicions. 1913 , pp. 128.

[15] Granell, Xavier. “Centralisme, federació i eficiències” en Catarsi Magazine. Curs Topologies de l’Estat, 2020.

[16] Maurín, Joaquín. Revolución y contrarrevolución en España. Ruedo Ibérico, París, 1966 [1935], p. 66.

[17] Biehl, Janet. “Bookchin, Öcalan y las dialécticas de la democracia” en Theanarchistlibrary.org

[18] Trobat, Antoni. “Cap a un HDP ibèric?” en El Temps, 2018.

[19] Caamaño, Alejandro. Manifiesto Municipalista, 2021, pp. 61.

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