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Reseña y algunos apuntes para un invierno que se acerca

24/10/2022

Ante todo esto, ¿qué nos dicen Turiel y Bordera? Pues que no sólo que no estamos preparados como sociedades y que el trabajo deberíamos haberlo empezado en primavera o verano, apenas lo estamos empezando en otoño y ni siquiera lo estamos haciendo bien.

Fuente: ctxt.es

Bordera, Juan y Turiel, Antonio. 2022. El otoño de la civilización. Textos para una revolución inevitable. Escritos Contextarios

El título del libro como nos hacen saber los autores, hace referencia a la situación previa a una escasez en la que podríamos encontrarnos. Nuestros antepasados no tan lejanos, debían prepararse durante todo el año para la llegada del invierno, una época donde las cosechas son más que escasas y todo lo que no se ha hecho durante las estaciones anteriores para estar preparado se sufre cuando llega el frío. Con este título Juan Bordera y Antonio Turiel quieren decirnos que estamos en otoño y todavía no hemos empezado a prepararnos para una época que se prevé marcada por la escasez energética, de materiales, y un cambio climático. Quizá sea un aviso contra el capitalismo primaveral, donde nada se agota y todo brota siempre.

Cabe recordar que con el aumento de la temperatura media mundial de 3 °C, se prevé que las sequías se produzcan con el doble de frecuencia, y las pérdidas anuales absolutas a causa de éstas, en Europa, aumenten hasta los 40.000 millones de euros al año, con los impactos más graves en la región mediterránea y atlántica [1]. En la otra cara de las sequías encontramos las inundaciones, también a causa del aumento de la temperatura: las tormentas serán más extremas e intensas, provocando inundaciones repentinas. El aumento del nivel del mar también amenaza tanto la biodiversidad de las zonas costeras, como en las poblaciones humanas que viven en ella y, por otra parte, puede afectar también al agua dulce disponible. El cambio climático significa que el comportamiento y los ciclos de la vida de especies vegetales y animales quede alterado, lo que puede acarrear un aumento de plagas y especies invasoras. Estas consecuencias del aumento de la temperatura descritas aquí, entre otras muchas que no he mencionado, representan una amenaza por una buena continuidad de nuestras sociedades. Estamos hablando de problemas de salud por la mala calidad del aire, aumento de la mortalidad a causa de temperaturas extremas, aumento de enfermedades animales que se transmiten a las personas, aumento de la desigualdad, migraciones de personas hacia zonas más aptas para la vida, grandes incendios cada vez más frecuentes, etc.

Ante todo esto, ¿qué nos dicen Turiel y Bordera? Pues que no sólo que no estamos preparados como sociedades y que el trabajo deberíamos haberlo empezado en primavera o verano, apenas lo estamos empezando en otoño y ni siquiera lo estamos haciendo bien.

Cuando los autores dicen que no nos estamos preparando correctamente por lo que se avecina, por un lado, denuncian que las medidas que se toman son insuficientes y, por otro, que el método para llevarlas a cabo no es posible, ya que se fía todo en el que la tecnología nos libere, una vez más, de nuestros problemas. Éste podríamos decir que es el punto fuerte del libro: alertarnos contra las falsas soluciones, las falsas rutas, todo argumentado con alto rigor científico. Así, Turiel y Bordera explican que ni las placas solares, ni el coche eléctrico ni las máquinas capturadoras de CO₂ ni ningún artefacto tecnocientífico nos librarán del problema en el que estamos inmersos, ya que las transformaciones deben realizarse principalmente desde el ámbito económico, político y social. «Unas tecnologías que no están desarrolladas ni mucho menos, y que representan otra patada hacia adelante pensando que la evolución tecnológica vendrá siempre al rescate». El filósofo japonés Kohei Saito en su libro. La naturaleza contra el capital apunta en una dirección similar:

“Sin embargo, es posible formular la tendencia histórica general del capitalismo: el capital siempre intenta superar sus limitaciones a través del desarrollo de las fuerzas productivas, las nuevas tecnologías y el comercio internacional, pero precisamente como resultado de tales intentos continuos de expandir su escala , refuerza su tendencia a explotar los recursos naturales (incluyendo la fuerza de trabajo) en la búsqueda a nivel global de materias primas y auxiliares, alimentos y energías más baratas. Este proceso profundiza sus propias contradicciones, como ocurre con la deforestación masiva en la región del Amazonas, la contaminación del agua, la tierra y el aire por la industria extractiva en China, los derramas de petróleo en el Golfo de México y la catástrofe nuclear en Fukushima.(Saito, 2022)”

Y es que pasar por encima de los problemas no significa superarlos, significa desplazarlos hacia el futuro (deuda) y las periferias (deslocalización), tal y como se hizo en los 80 con la contrarrevolución neoliberal. [2] Lo que plantean Turiel y Bordera en el libro es si realmente nos queda ya futuro y periferia hacia dónde desplazar nuestros problemas para seguir desentendiéndonos de todos los cambios que hay que hacer.

Su diagnóstico sigue afirmando que el problema no es que no tengamos las tecnologías suficientes, sino que el nivel de vida de nuestras sociedades está construido sobre los combustibles fósiles acompañados de una mala distribución y desperdicio de los recursos. Turiel nos dice que existen estudios que indican que en España podríamos reducir el consumo de energía en un 90% y seguir manteniendo el nivel de vida actual. Como señalan Bordera y Turiel no es cuestión de tecnociencia sino de tecnologías sociales. Seguir en un modelo basado en el crecimiento y consumo de recursos naturales no es viable.

“El crecimiento del consumo de energía y materiales es la causa principal del incremento de Gases de Efecto Invernadero (GEI). El ligero desacoplamiento observado del crecimiento respecto al uso de energía [y motivado en gran parte por la deslocalización de la producción] no ha podido contrarrestar el efecto del crecimiento económico y poblacional». Esto muestra que los desarrollos tecnológicos que permiten mejoras en la eficiencia y el cambio hacia fuentes de energía bajas en emisión no basta. Por tanto, una transición masiva en consumo de materiales en todo el mundo puede, incluso temporalmente, disparar las emisiones.”

Esto es, no podemos salir de la crisis climática a través de un crecimiento sostenible. He aquí otra falsa ruta. El crecimiento siempre implica un mayor uso de recursos y emisiones de gases de efecto invernadero y no podemos solucionar la crisis climática con los métodos que nos han traído a ella.

Unos buenos ejemplos para ver esto que nos cuentan Bordera y Turiel son la introducción del riego por goteo y la industria de la aviación. En España cuando se implementó el riego por goteo para aumentar la eficiencia de los cultivos haciendo así un uso más razonable del agua, lo que produjo es un aumento de la superficie conreada de regadío debido al abaratamiento de los cultivos, llevando como consecuencia un mayor uso de los recursos hídricos a los previos de la mejora de la eficiencia. Lo mismo pasó en el del sector de la aviación comercial. El aumento de la eficiencia de la aviación en los últimos diez años, no se ha traducido en un ahorro de hidrocarburos y emisiones de CO₂, sino que han producido el efecto contrario; mayor consumo de energía y mayores emisiones de gases de efecto invernadero. Un aumento de la eficiencia de los recursos en la economía de mercado supone la disminución del precio de estos recursos de forma que aumenta su uso.

“Como dicen Bordera y Turiel, el IPCC señala que debemos abandonar el mantra del crecimiento económico. Seguir creciendo económicamente no es posible. «Se acepta implícitamente que los escenarios de mitigación supongan pérdidas del PIB. En el fondo, se admite lo que decía la propia Agencia Europea del Medio Ambiente: la preservación medioambiental no es compatible con el crecimiento económico.”

No se puede crecer indefinidamente en un mundo finito. Todo crecimiento económico, por sutil que pueda parecer en el caso de algunos sectores económicos, como es el caso del tecnológico, está siempre asentado sobre recursos naturales. Ciertos sectores económicos, o desde la propia UE, nos dicen que el crecimiento económico debe pasar por la tecnología punta, desarrollo de software y tecnologías basadas en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), vendiendo este sector como un sector completamente verde con un impacto medioambiental bajo, pero esto no es más que una farsa. Las TIC ya generan como mínimo un 2% de las emisiones totales de CO₂que se emiten cada año, lo que debería sumarle las cantidades de agua que se necesitan para hacerlas posible. Una búsqueda en google genera emisiones de CO₂ . Tan sólo un microchip tiene un coste de 130L de agua (hacemos un momento el ejercicio de pensar todo lo que lleva microchips, la cafetera, la lavadora, el lavavajillas, la nevera, el coche, el teléfono móvil, el televisor, el ordenador, los auriculares inalámbricos, el reloj inteligente, etc.) y cantidades aún más indecentes de energía se necesitan para extraer los minerales que conforman los aparatos e infraestructuras de la industria tecnológica. Minerales llamados tierras raras que son extremadamente escasas y muy contaminantes de procesar, donde se utilizan ácidos y se contaminan decenas de miles de litros de agua por una pequeña cantidad de minerales útiles para la industria [3] .

Como nos dicen los autores, la preservación del medio es incompatible con el crecimiento y el capitalismo. «Asumir que seguir creciendo sin causar más daño es obviamente imposible, y en consecuencia hay que planificar una estabilización y/o un decrecimiento de la esfera material. Repartir para vivir bien, pero dentro de los límites.» El capitalismo sólo puede darse si no hace otra cosa que crecer, es parte de su movimiento metabólico, un capitalismo que no crece, es decir, que utiliza cada vez más recursos, no puede ni existir ni se puede llamar capitalismo. Todo lo que no ocurra por una planificación sobre el uso de los recursos deja en el azar el uso de éstos. Esto no sería un problema si los recursos fueran ilimitados y se pudiera recuperar todo lo que se gasta, pero esto no es posible en las leyes de la física que nos gobiernan, sólo es posible en la ciencia ficción. Basta con ver la cantidad de comida que se tira , para poner uno solo de los ejemplos de irracionalidad productiva del capitalismo.

Seguir creciendo económicamente, es decir, teniendo como referencia el PIB tiene su fecha de caducidad. Se debe planificar una estabilización y/o un decrecimiento de la esfera material. Por otra parte, las consecuencias son imprevisibles, poniendo en una situación de extremo peligro a las capas de la sociedad más vulnerables, y poniendo en situación vulnerable a la mayor parte de las capas de la sociedad. Por ejemplo, el aumento del precio de la energía o la escasez de ciertos productos conlleva problemas a las capas más vulnerables, como la dificultad para pagar la calefacción (como ya veremos este invierno), o la cesta de la compra. Lo mismo si pensamos en las empresas más pequeñas, que se encuentran con la dificultad de seguir con su producción.

Decrecer, cooperar y planificar es el único camino. La propuesta de un decrecimiento, es necesaria a la vez que inevitable, pero además ya se está imponiendo [4] , aunque el valor se rija por la ignorancia de las realidades biofísicas del planeta, tarde o temprano, se encontrará con el límite. El decrecimiento no será una opción, sino el único camino. Por eso es mejor apostar por un decrecimiento controlado, y poder decidir democráticamente cómo se decrece. Sobre este aspecto, explica la profesora Marta Tafalla que

“La cuestión clave es diferenciar qué debe decrecer y qué no. Lo que no tiene que decrecer es la sanidad pública, la educación pública, el sistema público de pensiones, las medidas que protegen a las personas más vulnerables, el conocimiento, la cultura, la sabiduría, la amistad, el cuidarnos unas a otras, la empatía con las otras especies, la vida salvaje, la biodiversidad.” (Tafalla, 2022, 162)

Lo que debe decrecer no es todo lo que nos da tiempo de vida, sino todo lo que nos lo quita:

“Lo que sí debe decrecer hasta su desaparición es lo que causa daño: los ejércitos, la producción y el comercio de armas, las guerras, el colonialismo, el trabajo esclavo, la caza, los pesticidas que envenenan los campos de cultivo, el consumismo compulsivo, la obsolescencia programada, que para fabricar una prenda de ropa deba pasar por seis países distintos, renovar el armario cada temporada con ropa que apenas dura dos años, una alimentación basada en animales, el comercio de vida salvaje, transportar todo tipo de productos continuamente por todo el planeta, coger un avión para pasar un fin de semana en otro continente, ciudades dominadas por el automóvil privado. Y hay otra cosa que debe decrecer hasta su desaparición: nuestro antropocentrismo.” (ibid)

Decidir en qué gastamos el tiempo de nuestras vidas y en qué no, es una de las decisiones más democráticas que podríamos tomar y lo que nos haría soberanos de nuestras vidas, y este tipo de decisiones es a las que debería dedicarse el gobierno de una república.


[1] With a global average temperature increase of 3°C, it is projected that droughts would happen twice as often and absolute annual losses from droughts in Europe would increase to EUR 40 billion per year, with the most severe impacts in the Mediterranean and Atlantic regions. (BCE. Productividad, innovación y progreso. 2022)

[2] Tal y como explica David Harvey a David Harvey, Breve historia del neoliberalismo . Recuperado dehttp://www.ccoo.uji.es/files/Neoliberalismo%20per%20David%20Harvey.pdf .

[3] La obtención de una tonelada de tierras raras producirá alrededor de 9.000 y 12.000 metros cúbicos de gasas, ricos en polvo concentrado, conformado por ácido sulfúrico, dióxido de azufre y ácido fluorhídrico, búsqueda de una tonelada de restos radioactivos5 y resulta. agua acidificada. (Geoinnova)

[4] “El Gobierno de Italia decreta nuevos límites a la calefacción para estalviar gas. El decreto establece una temperatura máxima de 17 grados, con dos de tolerancia, para los establecimientos dedicados a actividad industrial y de 19 grados para el resto de edificios” (El Confidencial, 06/10/2022) https://www.elconfidencial.com/mundo/2022-10-06/italia-decreta-limites-calefaccion-ahorrar-gas_3502505/#:~:text=Tom%20Fairless-,El%20decreto%20establece%20una%20temperatura %20m%C3%A1xima%20de%2017%20grados%2C%20con,para%20el%20resto%20de%20edificios.

Bibliografía

Saito, Kohei. La naturaleza contra el capital. Manresa: Bellaterra, 2022

Tafalla, Marta. Filosofía frente a la crisis ecológica. Madrid: Plaza y Valdés, 2022.

Saber más

Riechman, Jorge, Adrián Almazán Gómez, Carmen Madorrán Ayerra y Emilio Santiago Muíño. Ecosocialismo descalzo. Barcelona: Icaria, 2018.

Riechman, Jorge. ¿Derrotó el smartphone en el movimiento ecologista? Madrid: Catarata, 2015.

Valero Capilla, Antonio, Alicia Valero Delgado y Adrián Alamzán Gómez. Thanatia, los límites minerales del Planeta. Ulzama: Icaria, 2021.

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