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Territorio y plataformas. Reseña de ‘Estados Unidos de Amazon’

Doctorando en Ciencia Política y Derecho
27/04/2022

“Queremos agradecer a Jeff Bezos que se fuera al espacio exterior, porque mientras él estaba ahí arriba, nosotros estábamos inscribiendo miembros”. Así hablaba Christian Smalls, líder de Amazon Labor Union. Justo acababan de conseguir un hito histórico: se creaba en un almacén de Nueva York el primer sindicato organizado de personal de Amazon. No existía ninguna organización de tipo sindical todavía debido a las acciones legales de los bufetes de abogados contratados por la empresa.

Amazon es un monstruo. Sus cifras de volumen de negocio son astronómicas, las abanicas de libros han dado a la abanica de cualquier objeto y han ampliado sus servicios a la plataforma de contenidos Amazon Prime y también al streaming a través de la popular empresa Twitch. Amazon, además, se encuentra presente en las casas de toda la gente que pide algo al asistente Alexa. Sería una importante representante de lo que que autores como Srnicek han denominado capitalismo de plataformas.

Para poder enseñar toda la amplitud de las transformaciones que Amazon ha desarrollado a la sociedad norteamericana, el periodista Alec MagGillis ha escrito un ensayo que solo puedo describir como necesario. Titulado original Fullfilment (cumplimiento en inglés, una palabra que describe la filosofía empresarial de Amazon) el libro ha llegado a nuestro país con la edición en catalán de Periscopi con el título “A la sombra de Amazon, y también está disponible en castellano con un nombre más inquietante como es “Estados Unidos de Amazon”, bajo los cuidados de la editorial Península.

Los títulos de los libros indican hacia la misma dirección: Amazon ha transformado de pleno el país que recorre durante los diferentes capítulos de la obra, el territorio ya no es el mismo. El modelo de negocio de Amazon se basaría en prácticas monopolísticas que pretenden expulsar cualquier competencia. Y no solo con tendencia hacia el monopolio, sino también a monopsonio. Un monopsonio es la situación en que hay un único comprador de un producto. En este caso, en muchos lugares Amazon intenta aproximarse al monopsonio de fuerza de trabajo o de materias primas, consiguiendo un poder de mercado abismal. El autor explica cómo Jeff Bezos escogió el nombre de la empresa. Según explica, Bezos se fijó en el río Amazonas. El imponente río brasileño es el más grande del globo y, además, está mucho por encima del segundo más grande. Este era el modelo que buscaba: ganar por goleada, y que el ganador se lo lleve todo.

La tesis principal de MacGillis se resume en que las desigualdades económicas provocan a la vez desigualdades regionales en los diferentes territorios que conforman la República de los Estados Unidos. En este sentido, el libro nos dibuja cuatro escenarios diferentes, cuatro estratos en que se habría dividido la sociedad estadounidense.

Primero tendríamos la imponente capital, Washington D.C. MacGillis explica cómo cada vez la capital ha conseguido atraer más riqueza a su alrededor y como partiendo de las inversiones del gobierno federal y del Pentágono en seguridad informática favorecieron la aproximación de las grandes empresas tecnológicas. Bezos tiene un pie puesto en la capital para conseguir influencia y contratos para proveer a las agencias estatales, puesto que como explica el autor las empresas pequeñas se relacionan con otras empresas pequeñas, las empresas grandes se relacionan con los estados. La realidad es que Amazon no ha parado de ganar influencia en los asuntos de la capital, llegando a comprar el periódico donde antiguamente trabajaba MacGillis, el Washington Post. Incluso, con puertas giratorias entre gestores públicos que han acabado trabajando en Amazon para asesorar en la empresa sobre la manera de conseguir contratos con las administraciones.

Una segunda esfera la encontraríamos con las ciudades ganadoras, que irían camino de ser Smart Cities. Ciudades atractivas para las inversiones que atraen personal cualificado: desarrolladores de software, diseñadores, ingenieros, etc. Se trataría de las ciudades de las dos costas y otras como Seattle, sede de la plataforma. Ciudades jóvenes, dinámicas y cosmopolitas donde cada vez es más cara la vivienda y sufren un fuerte proceso de gentrificación. Ciudades como Nueva York, donde repartidores de todo tipo intentan no llegar tarde en las entregas de los productos para sus clientes, con un tráfico cada vez denso. Amazon se plantea hacer las entregas a través de drones que crucen los rascacielos de la ciudad.

En tercer lugar, tenemos las antiguas zonas industriales, territorios como Baltimore, de donde proviene MacGillis, o también otras zonas donde las fábricas habían dado lugar a un importante movimiento obrero como por ejemplo Haymarket. En estas zonas, ahora en decadencia, se desarrolla un sector con cada vez con más valor estratégico: la logística. Almacenar, clasificar y distribuir se convierten en las nuevas tareas del proletariado logístico. Los que hace un siglo podrían haber estado en una fábrica metalúrgica, ahora son clasificando productos en una cinta, colaborando con robots y cadenas automatizadas. Un trabajo tanto o más enajenado que en las fábricas productivas, pero sin los derechos laborales que tanto costaron arrancar en el capital en tiempo del New Deal y Roosevelt. Los almacenes de Amazon, además, son el escenario habitual de accidentes laborales y lesiones físicas. Algunos de ellos, explica, tienen máquinas expendedoras de pastillas antiinflamatorias. Otros trabajadores sufren una fuerte presión sobre el tiempo de trabajo y tienen tantas dificultades para ir al baño que tienen que orinar allá donde buenamente pueden.

Finalmente, habría una cuarta realidad. Unos Estados Unidos vacíos (o vaciados). La crisis de las ciudades pequeñas ha provocado la rotura de la vida comunitaria, no solo en el centro de estas ciudades perdedoras del nuevo capitalismo, sino incluso de los muy típicamente americanos centros comerciales, ahora abandonados. Un estilo de vida individualista, marcado por el aislamiento, mientras cierran los pequeños comercios y muchas personas (especialmente hombres blancos pobres de zonas rurales) se suman a la fuerte oleada de adicción a los opiáceos que recorre el país. Es una situación grave: el suicidio es hoy por hoy la principal causa de muerte para los hombres de zonas rurales en los Estados Unidos.

Amazon se ha convertido en la gran ganadora de la pandemia. Cómo si fuera una hormona del crecimiento, la crisis de la Covid-19 disparó el comercio electrónico y la inversión en almacenes y centros de procesamiento de datos, donde están alojados los servidores. Pero si el fordismo fue de la mano con la sociedad de consumo, el capitalismo de plataformas es mucho más perverso. “Se podría decir que era una inversión de la filosofía de Henry Ford de pagar bastante a los trabajadores porque se pudieran permitir el modelo T: ahora los trabajadores cobraban tan poco que solo se podían permitir los productos más baratos”, describe el autor.

Durante su visita en Barcelona para presentar el libro, Alec MacGillis alertaba de la posibilidad de que Amazon se expandiera por Europa y aplicara su modelo monopolizador, poniendo en peligro las cadenas productivas y los pequeños negocios locales. Amazon tiene el control sobre los datos de un gran volumen de ventas, y al final, aprovecha esta información para vender sus propios productos. Si bien reconocía que las sociedades europeas no sufren una desregulación salvaje como en los Estados Unidos, tanto el libro como su intervención en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona fueron un claro aviso de incendio. Plataformas digitales como Amazon aceleran la acumulación de capital y hacen más fuertes las desigualdades sociales y territoriales. Se hace más dura la lucha de clases.

¿Cómo podemos actuar desde una gobernanza multinivel donde intervienen instituciones políticas de alcance muy diferente? El libro nos aboca a reflexionar sobre el choque entre la democracia y las plataformas digitales.

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